El pasado martes, 1 de agosto, el expresidente Donald Trump era imputado en el juzgado del distrito federal de Washington por intentar revertir el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020. Las acusaciones presentadas por el fiscal especial Jack Smith incluyeron tres cargos de conspiración y un cuarto cargo por obstruir un procedimiento gubernamental.
Al parecer, la imputación del fiscal Smith combina de forma coherente, bajo una sola estructura narrativa, los múltiples aspectos de la trama —presuntamente— orquestada por Trump para mantenerse en el poder tras su derrota en las pasadas elecciones presidenciales.
Diversos analistas jurídicos han alabado el enfoque de Smith. Por ejemplo, por cómo presenta múltiples acusaciones basándose en los mismos hechos, de manera que, si una línea argumental fracasa, las demás todavía se sustentan de forma independiente. Y también por cómo se centra en la figura de Trump y, de momento, no imputa a los supuestos colaboradores del expresidente en la trama corrupta.
El fiscal Smith, sin embargo, no imputó al expresidente por incitar o participar en una rebelión o insurrección contra los Estados Unidos, en conexión con su papel
En 2022, los españoles dedicamos un promedio de tres horas y diez minutos al día a ver la televisión. La estadística, comentada el pasado 1 de agosto por la agencia EFE, se refiere únicamente al consumo de televisión tradicional, y a mí, francamente, me dejó bastante sorprendida.
Yo hace años que no tengo televisor en casa. Quizá eso explica mi sorpresa. No imaginaba, lo confieso, que la gente todavía dedicara tanto tiempo a ver la tele. Yo también consumo contenidos audiovisuales, en mi caso, principalmente, a través del ordenador portátil, el teléfono y la tableta. Pero mi consumo diario de contenidos, por lo que veo, queda sustancialmente por debajo del promedio nacional.
En cierta manera, yo considero que también “veo la tele”. Al fin y al cabo, aunque sea a través de otros dispositivos, ver películas o series en una plataforma de vídeo bajo demanda no parece tan distinto a ver la televisión tradicional. Y, sin embargo, a juzgar por la diferencia entre el tiempo que yo dedico a consumir contenidos audiovisuales y el promedio nacional de ver la televisión, quizá las dos modalidades sean más diferentes de lo que pensaba.
Por un lado está, obviamente, el tema de la publicidad. Cuando
Estos días, la principal preocupación del presidente ruso, Vladímir Putin, debe ser la guerra de Ucrania. Ahora mismo, quizá Putin no tenga tanto tiempo como antes para dedicar a otras cuestiones, como intentar socavar la democracia en el mundo, interfiriendo, por ejemplo, en la celebración de elecciones libres y competitivas.
Esto no significa, sin embargo, que la infraestructura establecida a lo largo de los años por el Kremlin para dichos menesteres esté inactiva o vaya a desaparecer. El año pasado, el Gobierno español ya informó que, desde el inicio de la guerra de Ucrania, había detectado un aumento del 70% de los ciberataques rusos contra nuestro país. A esto hay que añadir los múltiples ataques perpetrados en las últimas semanas por grupos asociados al Kremlin contra objetivos españoles en la red, de los que informaba El Independiente el pasado 30 de julio.
Hay diversos motivos que pueden explicar la frenética actividad de los hackers rusos contra nuestro país. Por un lado, el continuado apoyo a Ucrania en su lucha contra el invasor ruso, con el envío reciente de tanques, vehículos blindados y ambulancias, la formación de militares ucranianos en el desminado y la desactivación
Una bonita costumbre que está desapareciendo de los pueblos y barrios de nuestro país es la de tomar el fresco. En los meses calurosos de verano, tomar el fresco consiste en salir a la calle cuando bajan las temperaturas, por la tarde-noche, y, típicamente, sentarse en una silla a la puerta misma de casa. Escuchar la radio, charlar con amigos y vecinos, o, simplemente, ver pasar gente, son actividades habituales cuando se está tomando el fresco.
Esta costumbre cada vez se practica menos, por un lado, porque las personas de generaciones anteriores van desapareciendo y, desgraciadamente, nadie coge el relevo. Y, por otro, porque, en muchos lugares de España, en verano cada vez hay más noches en las que realmente… no hace mucho fresco. Cuando el termómetro marca más de 25 grados, y no pasa el aire, quizá apetece más quedarse dentro, con el aire acondicionado o el ventilador en marcha, que estar en la calle.
Como comentaba la web de noticias de RTVE el pasado 29 de julio, desde los años ochenta, en nuestro país las noches “tropicales” —con temperaturas por encima de los 20 grados— se han multiplicado por cuatro o por cinco. Si a principios de los ochenta había, en promedio, 15 o 20 noch
Multitud de actividades humanas contribuyen al calentamiento global. Pero, si tuviera que señalar con el dedo al enemigo número uno de los esfuerzos por reducir el cambio climático, sé exactamente a quién señalaría: a la industria del gas y del petróleo.
Personalmente, tengo el absoluto convencimiento de que esta industria luchará hasta el último aliento por seguir produciendo al máximo, independientemente de las consecuencias negativas sobre el clima. Y estoy muy de acuerdo con quienes afirman que haberle otorgado a un petro-Estado como los Emiratos Árabes Unidos la organización de la conferencia climática de Naciones Unidas COP28 ha sido, y es, un enorme despropósito. Una paradoja.
Como quizá sepáis, el sultán Al Jaber, director ejecutivo de Adnoc, la compañía petrolera nacional emiratí, presidirá el COP28. Adnoc tiene planes para expandir agresivamente la producción de gas y petróleo en los próximos años. Al parecer, únicamente Arabia Saudí y Catar tienen planes más ambiciosos. Los planes de Adnoc sin duda implican grandes cantidades de nuevas emisiones de CO2. Sabiendo esto, ¿cómo podrá el sultán pedirles a los asistentes al COP28 que hagan un esfuerzo por reducir sus propias emi