Estos días parece haber teorías conspiratorias sobre casi todo. Aquí va una que yo todavía no he escuchado, pero que no me sorprendería que existiera: Elon Musk compró Twitter para destruirlo desde dentro. ¿Cómo explicar, si no, que un consumado emprendedor como él haya tomado semejante cadena de malas decisiones desde que adquirió la red social en octubre del año pasado?
De acuerdo, quizá Musk no tenga un plan siniestro para destruir Twitter. Al fin y al cabo, pagó 44.000 millones de dólares por la compañía. Tal vez, simplemente, no sea tan infalible, ni tan buen gestor, como pensábamos. Las otras grandes tecnológicas, en todo caso, han tomado nota de la inestable situación de Twitter. Y el pasado miércoles, 5 de julio, Meta, la compañía matriz de Facebook e Instagram, lanzaba Threads.
La dirección de Meta presentó el nuevo producto como un competidor “amigable” de Twitter. “Amigable” porque, supuestamente, Meta quiere que Threads sea un entorno menos polarizado que Twitter, no porque la competición entre las dos apps vaya a ser amistosa. Apenas un par de días después del lanzamiento, uno de los abogados de Musk amenazaba ya con demandar a Meta, al considerar —entiendo— que Threads
En tiempos pasados, he tenido épocas de desengaño con la política. Tal vez, incluso, con la democracia. Quizá también os haya pasado. Por qué votar, si después todo sigue igual, recuerdo haber pensado alguna vez. Qué lejos queda ahora, al menos para mí, ese tipo de pensamientos. La presencia cada vez mayor de la ultraderecha en la política española y, por desgracia, también en algunas instituciones, está demostrando muy claramente que los votos tienen consecuencias.
Los acuerdos del Partido Popular con la ultraderecha de Vox para gobernar en diversos ayuntamientos se están notando, entre otras áreas, en el mundo de la cultura. Parece que no hay semana en la que no se informe de algún caso de censura de creaciones culturales en ayuntamientos gobernados por las alianzas conservadoras. Es indignante.
Pero el mundo de la cultura no se está quedando de brazos cruzados. El pasado miércoles, un colectivo de organizaciones y personalidades del mundo de la cultura —incluyendo, por ejemplo, a la Red Española de Teatros, al Centro Dramático Nacional, y al cineasta Montxo Armendáriz— difundió en las redes sociales un comunicado en el que denunciaba “el retorno de la censura, que está atentando c
El pasado sábado, 1 de julio, se celebró en Madrid el desfile del Orgullo LGTB+. El evento fue un gran éxito, con la asistencia de 1,5 millones de personas, según la organización, y de unas 800 mil, según la Delegación del Gobierno. Independientemente de la cifra exacta de asistentes, a las 7 de la tarde, la Glorieta de Carlos V, en Atocha, donde se iniciaba el recorrido del desfile, estaba repleta de gente.
El ambiente del evento, como siempre, fue festivo. Una de las frases más repetidas del sábado, sin embargo, fue que no se trataba de “un Orgullo cualquiera”. El colectivo LGTB+ es muy consciente, por supuesto, de que el avance de la ultraderecha en España, de la mano del partido Vox, y sus alianzas con el Partido Popular, supone una seria amenaza para los derechos de las minorías sexuales.
A su paso por Cibeles, a pocos asistentes al desfile debió escapárseles la ausencia de la bandera arcoíris en la fachada del Ayuntamiento de Madrid. La bandera del colectivo LGTB+ está desapareciendo de muchos ayuntamientos y edificios oficiales en los que el PP y Vox gobiernan conjuntamente. El objetivo está claro: invisibilizar a la comunidad LGTB+.
Los cientos de miles de personas que asistie
Los museos están buscando constantemente maneras de atraer al público. Nuevas fórmulas para crear interés por sus obras. El pasado 1 de julio, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid inauguraba la exposición Lo oculto, que reúne 59 obras de arte en las que la institución asegura haber detectado “rastros” de las ciencias ocultas: alquimia, astrología, demonología, espiritismo…
En el vídeo promocional de Lo oculto, el comisario de la exposición, Guillermo Solana, nos desvela las líneas maestras de la muestra desde la penumbra de una habitación iluminada solo por velas. Las explicaciones de Solana se intercalan con pasajes en los que una misteriosa figura encapuchada recorre las instalaciones del museo, a la luz de una vieja lámpara de aceite.
Hasta ahí, todo bien. ¿A quién no le interesan, aunque sea un poco, las ciencias ocultas? Y, con semejante vídeo promocional, uno espera poco menos que descubrir que el equipo del Thyssen ha encontrado, oculta en una de las obras del museo, la fecha exacta en la que vendrá el anticristo. O la fórmula de la piedra filosofal.
Cuando uno se pone a estudiar el contenido de la exposición, no obstante, empieza a ver cosas que, francamente, encajan
El pasado mes de junio fue el más cálido de la historia. Creo que, a estas alturas, la mayoría de la gente no necesita que nadie venga a explicárselo; está sufriendo en sus propias carnes las consecuencias del cambio climático. Pero, para los amantes de las estadísticas, el Servicio de Cambio Climático Copernicus, de la Unión Europea, confirmó que el mes pasado fue el junio más cálido que ha registrado el planeta “por un margen sustancial”: aproximadamente 0,5º C por encima de la temperatura promedio para el mes de junio de los últimos 30 años.
Las malas noticias, desgraciadamente, no acaban ahí. Según los datos de Copernicus, los nueve meses de junio más cálidos de la historia se han dado… en los últimos nueve años. Pero, según comentaba la revista Nature el pasado 5 de julio, lo ocurrido el mes pasado es incluso más alarmante que lo registrado en años anteriores. Porque no es solo que se batiera un récord de temperatura, es que se batió de golpe un abanico de récords: el de la temperatura global de superficie, el de la temperatura global de la superficie del mar, el de la temperatura de la superficie del mar en el Atlántico Norte… los científicos consultados por Nature aseguraban