¿Seremos todos también parte del problema?
23 August 2017
Como no podía ser de otra manera, minutos después de conocerse el dramático atentado del pasado 17 de agosto en Barcelona, las redes sociales y los servicios de mensajería a través de los móviles se saturaron con un sinfín de mensajes, muchos de los cuales buscaban sembrar expresamente mayor confusión a través de bulos y rumores falsos: ataques con metralleta en diversas avenidas, avisos de bombas, toma de rehenes en restaurantes… Supongo que la mayoría de estas personas que propagan mentiras a conciencia lo hace por simple diversión. Aquello no ha de extrañar: gente mezquina y miserable la hay en todas partes.Sin embargo, quería referirme a otro fenómeno, el cual es para mí no sólo motivo de perplejidad, sino también de enorme preocupación: la increíble capacidad que todos tenemos, ya seamos personas casi analfabetas o graduados universitarios, de creernos cualquier cosa que leamos en las redes sociales.
Apenas un día más tarde de estos terribles acontecimientos, ocurrió lo de siempre: comenzaron a circular las noticias falsas, las famosas “fake news” de las que tanto hemos oído hablar en los últimos meses. Cuando aún ni se sabía la identidad de todos los atacantes, varias páginas