Turismo, pero no a cualquier precio
2 May 2018
Muchos utilizamos plataformas “online” de alquiler vacacional, como Airbnb. Con frecuencia sale más barato que quedarse en un hotel. O, por el mismo precio, uno puede alojarse en una habitación mucho más agradable, o incluso alquilar un apartamento entero. Además, los anfitriones casi siempre son gente maja, y sus recomendaciones suelen ser más personales y mejores que las de los hoteles.Sin embargo, estos servicios tienen un lado oscuro que no puede ignorarse. Cuando el volumen de alquileres turísticos sobrepasa un cierto nivel, de manera inevitable comienza a afectar a la convivencia social en los edificios y barrios donde ocurre. Yo conozco esta experiencia de primera mano, habiendo vivido algo más de un año bajo un piso que se alquilaba por Airbnb. Uno de cada tres o cada cuatro visitantes daba problemas, casi siempre por ruido: fiestas, música alta, gritos, etcétera. Me cansé de protestar ante el propietario, que, ya fuera por las quejas de los vecinos o por otro motivo, al final buscó inquilinos permanentes.
Los vecinos de muchas zonas turísticas españolas sufren problemas similares, y otros incluso más preocupantes. Una de las ciudades más afectadas es Palma, en la isla de Ma