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El menos común de los sentidos

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Hubo un tiempo en que prácticamente cada semana me llegaban mensajes notificándome que había ganado algún premio. Casi todos recibimos alguna vez estos correos electrónicos que, plagados de faltas gramaticales, presentaban alguna extraña y poco creíble historia por la cual, por un azar del destino, habíamos sido elegidos para recibir una suculenta cantidad de dinero. Uno casi podía imaginarse al sudoroso timador tras el burdo engaño, enviando correos electrónicos desde algún sótano mal iluminado.

No recuerdo en qué momento dejé de recibir este tipo de mensajes, pero lo cierto es que ya no me llegan. Quizá los filtros de correo no deseado son capaces de detectarlos. O puede que, como ya nadie cae en la trampa, quienes se dedican a este tipo de fraudes utilizan ahora sistemas más sofisticados para intentar engañarnos.

Un artículo publicado el pasado 22 de enero en el diario El País argumenta que, efectivamente, los timos “online” son cada vez más elaborados. En concreto, el artículo se centra en las estafas en el alquiler de pisos por Internet. Si uno no quiere —o no puede— pagar los honorarios de un agente inmobiliario, hoy en día es posible, por supuesto, contactar directamente con m

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