Venezuela rechaza la ayuda humanitaria internacional
Las imágenes lo dicen todo. Dos enormes contenedores y un camión cisterna bloquean un puente que conecta Venezuela y Colombia. Es la manera que ha encontrado el régimen de Nicolás Maduro para impedir, la semana pasada, la entrada de ayuda humanitaria proveniente del país vecino. Porque, según el presidente, en Venezuela no hay ninguna crisis humanitaria. No señor. Eso son puras habladurías. Fake news distribuidas por el imperialismo estadounidense. No es verdad que haya escasez de alimentos ni de medicinas en Venezuela. Tampoco es cierto que haya hambre, ni que la gran mayoría de los venezolanos hayan perdido unos 10 kilos de promedio a lo largo de los últimos dos años. Ni que la delincuencia desbocada haya creado un toque de queda de facto en las principales ciudades del país cada vez que cae el sol. Ni que se haya disparado la mortalidad infantil por falta de los medios más elementales en los hospitales. Ni que sea habitual la falta de electricidad y agua en los hogares durante largas horas, cada día de la semana. Y tampoco es verdad, por supuesto, que más de tres millones de venezolanos hayan abandonado su país en el último año, obligados por una necesidad de supervivencia. Nada de eso es cierto. El país no requiere la ayuda humanitaria. Eso son simples "limosnas", ha afirmado Nicolás Maduro la semana pasada. En todo caso, según Maduro, la crisis que atraviesa Venezuela es el resultado del bloqueo económico y de las sanciones impuestas por el imperio estadounidense.
La demagogia y el populismo impregnan el discurso de Donald Trump
Algo sucede con los políticos hoy en día. Se supone que la política, desde los antiguos griegos, consiste en el arte de gobernar adecuadamente a los ciudadanos y a los Estados. Para tal fin, es de suponer también que los políticos deben buscar los consensos y los acuerdos —tanto con aliados como con rivales— que permitan una gobernanza idónea por el bien público. Y sin embargo, cada día presenciamos a los políticos insultándose constantemente unos a otros, agitando los ánimos del electorado y fomentando, con palabras malsonantes, el desacuerdo, la crispación y la enemistad. Quizá esto ya haya ocurrido varias veces en la historia de la humanidad, pero yo tengo la impresión de que hoy en día la irresponsabilidad de nuestros dirigentes está alcanzando niveles pocas veces vistos en los últimos decenios.
Uno de los grandes campeones mundiales de la crispación es, por supuesto, Donald Trump. En su último discurso sobre el estado de la Unión, realizado el pasado 6 de febrero ante los miembros del Congreso al pleno, Trump lo demostró una vez más. El presidente comenzó su discurso haciendo un emotivo llamamiento a la unidad y a la cooperación política. Aquello, por supuesto, no era más que u
El “terremoto” Bukele sacude a El Salvador
La política definitivamente ya no es lo que era. La desconfianza en las élites ha generado el desmoronamiento de los partidos tradicionales en innumerables regiones del globo. Nuevas organizaciones políticas emergen con inusitada fuerza por doquier, así como rostros antes desconocidos que, en algunas ocasiones, brindan un soplo de aire fresco a un ambiente que quizá llevaba muchos años viciado. Para bien o para mal, estos líderes emergentes han trastocado la manera de hacer política tal como la entendíamos, causando un terremoto cuyas consecuencias tardaremos tiempo en comprender con exactitud.
Lo ocurrido el pasado 3 de febrero en las elecciones presidenciales de El Salvador es una muestra de ello. Ese día, Nayib Bukele, un publicista de 37 años de origen palestino e insigne representante de la "antipolítica", se llevó la victoria ante la incredulidad de gran parte de la población. Y, para que quedara claro que no estamos ante un político al uso, sino más bien ante un individuo singular que quizá tenga mucho más que ver con la generación de los millennials, lo primero que hizo Bukele al subir al estrado para celebrar la victoria fue sacarse un selfie junto a sus simpatizantes.
Lide
Sube la tensión entre Francia e Italia
Existe una antigua maldición china que reza lo siguiente: "Ojalá vivas tiempos interesantes". No hay duda de que los estamos viviendo en estos momentos, para nuestra desgracia. Pareciera que, después del aburrimiento que brindaron los felices y estables noventa, los seres humanos, sobre todo en el hemisferio occidental, se hubieran propuesto añadir algo más de picante a sus vidas. Los electores cometen harakiri por doquier escogiendo a líderes nefastos y autoritarios... Estados Unidos se distancia de sus aliados europeos... Reino Unido también se lanza por el balcón divorciándose de Europa... los nacionalismos agitan los odios y amenazan con romper las costuras de la Unión Europea... Y por si todo esto no fuera suficiente, ahora renacen la animadversión y la desconfianza entre Francia e Italia, algo que no había ocurrido desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Así es, entre ambos países se acaba de iniciar una crisis diplomática cuyas consecuencias aún son difíciles de prever. Francia acusa al ejecutivo italiano —creo yo que con toda razón— de interferir en sus asuntos internos. A Emmanuel Macron le disgusta bastante el apoyo que el gobierno italiano ha estado brindando a los "
Las morgues rodantes de México
Según los indicadores anuales de numerosos organismos internacionales, Latinoamérica es la región más violenta del planeta. Las cifras de homicidios superan incluso a las de ciertas zonas africanas, asiáticas o de Oriente Medio que se hallan inmersas en distintas clases de conflictos bélicos. Según el último ranking anual publicado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Social, las diez ciudades más violentas del mundo se encuentran todas en Latinoamérica. Y también se hallan en esta región 42 de las 50 metrópolis más peligrosas del planeta. Latinoamérica posee el cuestionable honor de encabezar todas las listas referidas a la violencia, así que muchos se han preguntado cuál puede ser la explicación de este fenómeno. Pobreza extrema, desigualdad social, corrupción desmedida, impunidad judicial... las respuestas son variadas. Sin embargo, no son suficientes para explicar la intensidad del fenómeno, pues estos mismos elementos podemos encontrarlos en otras latitudes del planeta.
El historiador venezolano Francisco Herrera Luque brindó hace años una posible explicación en su libro "Viajeros de Indias". Según Herrera Luque, la principal causa de tanta violenci