Pero vamos a empezar, si les parece, por la crisis de Afganistán…
Los talibanes han recuperado el control de Afganistán. Lo han hecho después de protagonizar una ofensiva relámpago que les ha permitido reconquistar el país en poco más de una semana. El pasado 15 de agosto, los milicianos talibanes entraron victoriosos en la capital, Kabul, sin afrontar la más mínima resistencia del ejército afgano. En cuestión de minutos, habían tomado el palacio presidencial. El jefe del estado, Ashraf Ghani, había huido previamente hacia su exilio en Dubai.
Afganistán se enfrenta ahora a un doloroso regreso al pasado. Los talibanes van a restablecer su emirato islámico y a imponer la interpretación más brutal y rigorista de la sharia. Los nuevos jerarcas talibanes están intentando desintoxicar su imagen internacional. Se están mostrando más conciliadores, han decretado una amnistía general para los afganos que colaboraron con las tropas internacionales y aseguran que
Cada tres años, los jefes de estado y de gobierno del hemisferio occidental se reúnen en la Cumbre de las Américas, para abordar los principales retos del continente. Estados Unidos será el anfitrión de la próxima reunión. La cita estaba inicialmente prevista para 2021, pero la Casa Blanca acaba de anunciar que, debido a la pandemia, la retrasa a 2022.
La cumbre será una oportunidad magnífica para que los líderes americanos hablen con franqueza sobre los grandes problemas que aquejan al continente, como el cambio climático, los flujos migratorios, las desigualdades sociales, el crimen organizado, la violencia armada y la crisis de gobernanza democrática. Ojalá logren consensuar una respuesta exhaustiva y concertada a todas estas cuestiones.
En mi opinión, uno de los asuntos más urgentes para el continente es la lucha contra el cambio climático. Este verano hemos visto cómo los termómetros
Miami es una de las ciudades más latinas de Estados Unidos: alrededor del 70% de su población es de origen hispano. La Magic City, como se la conoce popularmente, acoge a importantes comunidades de la diáspora latinoamericana, sobre todo a personas originarias de países caribeños: cubanos, nicaragüenses, venezolanos… A lo largo de los años, Miami ha sido, también, uno de los lugares predilectos del exilio político latinoamericano y acoge, desde hace décadas, a miles de disidentes de los regímenes autocráticos de Centro y Suramérica.
Históricamente, el estado de Florida ha sido la plataforma utilizada por distintos grupos opositores para planificar golpes de estado y magnicidios. De Miami salieron, por ejemplo, los 1.500 exiliados cubanos que, hace 60 años, fracasaron en su intento de deponer a Fidel Castro en la Bahía de Cochinos. En aquella invasión frustrada participó Luis Posada Carril
Tenochtitlán fue la capital del imperio mexica y la cuna de la última gran civilización mesoamericana. Sobre sus ruinas se edificó la actual Ciudad de México, una de las megalópolis más populosas del mundo. La civilización azteca ocupa un lugar muy especial en el alma y en la identidad nacional de México, un país que mira orgulloso el legado de sus ancestros. Los mexicas cosecharon grandes hitos en la investigación astronómica, hicieron considerables avances en la agricultura y alimentaron una rica tradición religiosa y artística. Durante siglos, Tenochtitlán fue el centro político, económico y cultural de Mesoamérica, hasta que el 13 de agosto de 1521, hace ahora 500 años, fue conquistada por las tropas españolas comandadas por Hernán Cortés.
El gobierno mexicano ha puesto en marcha varias iniciativas para conmemorar el quinto centenario de la caída del imperio azteca. En la plaza del Z
Lima, la capital de Perú, es una megalópolis de 10 millones de habitantes. La ciudad se ubica en la falda de los Andes Centrales, a orillas del océano Pacífico. El crecimiento desmesurado de la urbe ha obligado a las comunidades más pobres a instalarse en precarias viviendas en los cerros aledaños. Cientos de casas destartaladas trepan por las montañas como si fueran una enredadera con vida propia, acercándose cada día más a la cima. El cielo de Lima, como el de otras muchas ciudades andinas, acostumbra a ser gris y plomizo. Con frecuencia, la bruma envuelve los cerros, haciéndolos invisibles. Como si la propia ciudad quisiera ocultar su existencia.
Uno de los cerros más marginales, deprimidos y peligrosos de Lima es el cerro San Cristóbal, que se levanta en la ribera del río Rímac. Hace no muchos años, pocos limeños osaban adentrarse en sus calles angostas y zigzagueantes. Pero las auto