Los principales líderes de la Unión Europea, así como millones de ciudadanos, dentro y fuera de Francia, que aún siguen confiando en el proyecto de integración europea, pueden respirar aliviados: Emmanuel Macron ha salido victorioso, el pasado domingo, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Su rival, Marine Le Pen, se quedó a las puertas de la victoria, por segunda vez consecutiva. La líder ultraderechista y euroescéptica obtuvo el 41,5% de los votos, mientras que Macron, quien dirigirá el destino del país durante cinco años más, consiguió el 58,5%. Como decíamos, el alivio que se disfrutaba en el Palacio del Elíseo era sólo comparable al que también se intuía en Bruselas. Apenas se conocieron los resultados oficiales, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, tuiteó lo siguiente: "Bravo Emmanuel. En este período turbulento, necesitamos una Europa sólida y una Francia totalmente comprometida con una Unión Europea más soberana y más estratégica". Por su parte, Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, publicó en su cuenta: "Estoy encantada de poder continuar con nuestra excelente cooperación".
Sin embargo, se equivocan quienes piensan que Ma
Como muchos de ustedes recordarán, hace unas semanas comentábamos que Venezuela, a diferencia de la inmensa mayoría de los países, parecía estarse beneficiando de la invasión a Ucrania. En su intento por sustituir el petróleo ruso en el mercado global, Washington ha iniciado un acercamiento diplomático con Caracas con el objetivo de reintegrar a Venezuela, tras años de aislamiento comercial, a la comunidad internacional. El país caribeño no sólo ha dejado de ser un "Estado-paria", sino que además sus perspectivas económicas, debido al previsible aumento de su producción petrolera, son un tanto halagüeñas. Sin embargo, la mejora de la situación social ya se había iniciado meses antes, debido a la práctica dolarización de la economía. Esto se debe a que pocos venezolanos confían en la moneda nacional, el bolívar, que está en permanente y acentuada devaluación. Gracias a la enorme abundancia de dólares en circulación en el mercado negro —el principal mercado que existe en la actualidad—, al menos la inflación interanual ya ha dejado de batir récords estratosféricos. Cierta estabilidad, después de años de locura inflacionaria, se respira en el ambiente. Y es que, tal como leí hace tiem
No hay duda de que en estos momentos el viento sopla a favor del régimen chavista en Venezuela. El conflicto bélico en Ucrania ha llevado a Washington a intentar mejorar las relaciones diplomáticas con Caracas, con el objetivo de que Venezuela aumente su cuota petrolera en el mercado global. El presidente venezolano está aprovechando esta situación favorable para intentar "blanquear" su imagen ante la comunidad internacional, abriendo su país a la inversión extranjera y propiciando el diálogo político con la debilitada oposición venezolana. Nicolás Maduro poco a poco está emergiendo del ostracismo al que había sido condenado por la opinión pública a nivel global. Y esta buena disposición también está siendo compartida en Venezuela por ciertos grupos de la oposición. La semana pasada, un grupo de opositores moderados (empresarios, académicos, economistas, periodistas y defensores de los derechos humanos) envió una carta abierta a Joe Biden en la que solicitaba derogar las sanciones económicas impuestas por Donald Trump al régimen chavista.
Así es, la percepción en torno a Maduro está cambiando tanto dentro como fuera de Venezuela. Veamos, por ejemplo, lo que está sucediendo al otro e
Jair Bolsonaro se encuentra, desde hace tiempo y de manera extraoficial, en plena campaña electoral, aunque aún faltan más de cinco meses para que se lleven a cabo las elecciones presidenciales. Unos comicios en los que, según todas las previsiones, el líder ultraderechista medirá sus fuerzas ante otro peso pesado de la política brasileña, el izquierdista Lula da Silva. Y eso, lógicamente, ha puesto bastante nervioso al actual presidente, pues todo indica que serán unas elecciones muy ajustadas. De modo que Bolsonaro ya ha puesto en marcha la maquinaria mediática y propagandística. Su objetivo es, principalmente, cortejar al importante sector de los votantes evangélicos, el cual fue un elemento clave para alcanzar la victoria en el 2018. Con tal fin, hace algunas semanas emprendió una minigira europea para fotografiarse junto a los mandatarios de Rusia y de Hungría, los cuales son percibidos por los más fervientes creyentes de Brasil como grandes defensores de la fe cristiana.
Supongo que la fotografía que se tomó junto a Putin se le ha vuelto ahora en contra. De todas formas, Bolsonaro tiene un problema mucho más grave en estos momentos: las mujeres brasileñas. El presidente siempr
Muchos en Rusia —es decir, aquellos que aún no han sido abducidos por la omnipresente propaganda mediática que habla de "desnazificar" a Ucrania— deben de estarse preguntando cuál es el sentido de invadir a un país vecino que hasta hace muy poco era considerado "hermano". Y, sobre todo, cuál puede ser el beneficio de una lucha armada que amenaza con estancarse. Porque lo que está cada vez más claro es que a Putin las cosas no le han salido como pensaba. El presidente ruso, muy probablemente, se había imaginado una guerra relámpago que descabezaría con rapidez al gobierno de Volodímir Zelenski y pondría en su lugar a un régimen títere a las órdenes del Kremlin. Con lo que no contaba era con la enorme valentía del ejército ucraniano, con la unidad de Europa y Estados Unidos y su firme apoyo a Ucrania, y con las sanciones que ya han comenzado a debilitar a la economía rusa.
Si su pretensión era proteger los intereses de la "Madre Rusia", ha conseguido todo lo contrario. Ha reforzado la unidad de Occidente, su teórico enemigo. Esto se puede apreciar claramente en el caso de Finlandia y Suecia, países que tradicionalmente habían preservado su neutralidad. Hasta ahora. Todo eso está cambi