La llegada a la presidencia, en el año 1999, del comandante Hugo Chávez, prácticamente coincidió con un progresivo aumento del precio de las materias primas a nivel global, especialmente del petróleo. Aquella bonanza permitió que miles de millones de dólares, un enorme flujo de capital nunca antes presenciado en la historia de Venezuela, ingresaran en las arcas del Estado. Con el viento a favor, y haciendo caso omiso a los alarmantes niveles de corrupción que comenzaban a despuntar, Chávez pudo dedicar grandes sumas de dinero a programas sociales que consiguieron sacar a muchos venezolanos de la pobreza. De manera paralela, y siendo fiel a su ideología de tintes comunistas (nunca ocultó, por ejemplo, su enorme admiración por su mentor Fidel Castro), el líder bolivariano emprendió una política abiertamente estatista, lo que le llevó a expropiar y nacionalizar empresas de enorme valor estratégico que anteriormente estaban en manos privadas. Cuando en el 2012 los precios de los hidrocarburos comenzaron a descender abruptamente, ya estaban sentadas las bases para la gravísima crisis económica que afectaría al país hasta el día de hoy: importante descenso de las arcas públicas, corrupci
Las sociedades, como buenos organismos vivientes, deben evolucionar para no correr el riesgo de estancarse, o incluso, en el peor de los casos, de desaparecer. Los libros de Historia están plagados de ejemplos de culturas y civilizaciones que se extinguieron por no haber sabido adaptarse a las cambiantes condiciones de su entorno. Hoy en día, incluso Estados dictatoriales como el de China han conseguido integrar sabiamente elementos del libre mercado para fomentar el progreso económico y social de sus habitantes. Caso contrario es el de Corea del Norte, país que vive en un alarmante estancamiento desde hace muchas décadas, lo cual dificulta enormemente la existencia cotidiana de sus ciudadanos.
Y algo muy parecido podríamos decir de Cuba. Los gobernantes de la isla caribeña continúan fieles a la ideología comunista desde el triunfo de la revolución cubana, allá por el año 1959. Desde entonces, la desastrosa economía de la isla, la cual jamás ha podido mantenerse en pie por sí misma, ha estado largamente subvencionada por países en el extranjero. Primero fue la Unión Soviética, hasta el desplome del imperio, acaecido en 1991. Se inició entonces en Cuba lo que se conoció como el "perí
La temperatura en el ámbito de la política brasileña está subiendo de forma notable. Aun cuando faltan más de cuatro meses para que se lleven a cabo las elecciones presidenciales, ya los principales candidatos están calentando motores y movilizando a sus huestes. El actual presidente, Jair Bolsonaro, lleva semanas realizando mítines multitudinarios en los que intenta cautivar al electorado evangélico y femenino, dos segmentos clave que podrían ser decisivos a la hora de revalidar su mandato. Y hace pocos días le llegó la hora a Lula da Silva, el otro contendiente con amplias posibilidades de alcanzar la victoria el próximo 2 de octubre. El expresidente izquierdista, quien gobernó el país entre los años 2003 y 2010, protagonizó el pasado 14 de mayo una especie de fiesta electoral que, curiosamente, su equipo de asesores se resistió a calificar como la oficialización de su candidatura. Tal acto se realizará más adelante, en una fecha aún por concretar, aunque lo presenciado aquel sábado fue lo más parecido al pistoletazo de salida de una campaña electoral. Por si alguien todavía tenía alguna duda acerca de sus aspiraciones presidenciales, el exlíder sindicalista afirmó lo siguiente a
El pasado 21 de mayo se escenificó un cambio de ciclo en Australia. Ese día, una mayoría de votantes decidió darle una oportunidad al partido laborista tras nueve años consecutivos de gobiernos conservadores. Scott Morrison, quien ha salido derrotado en las urnas, ya ha renunciado a su rol como líder del Partido Liberal. Su cargo como Primer Ministro de Australia será ahora ocupado por el flamante ganador de las elecciones, el izquierdista Anthony Albanese. Tras conocerse la victoria, las primeras palabras del líder laborista, quien será el primer mandatario australiano de origen italiano, fueron las siguientes: “Creo que la gente quiere unirse, buscar el interés común, dirigir la mirada a ese sentimiento de un propósito común. Ya hemos tenido bastante de divisiones. Lo que la gente quiere es la unidad del país y estoy dispuesto a liderar ese camino”.
De sus palabras podemos deducir que gran parte de la sociedad australiana se encuentra hastiada de tanta confrontación y crispación política, algo que, como todos sabemos, no es una situación exclusiva del país oceánico. Sin embargo, más allá de esta circunstancia, hay, según los expertos, otros dos factores que fueron determinantes pa
Según algunas de las explicaciones ofrecidas por Vladimir Putin para justificar la invasión militar de Ucrania, Rusia no podía permitir que su vecino siguiera adelante con sus intenciones de adherirse a la OTAN. Pero si el objetivo era contrarrestar los supuestos planes expansionistas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, Putin ha obtenido el efecto contrario. No sólo ha reforzado la unidad de la OTAN, sino que, incluso, ha propiciado que dos países que hasta ahora se habían mostrado neutrales y contrarios a la adhesión, se planteen actualmente el ingreso en la organización a causa de la temible proximidad de Rusia. Estamos hablando de Suecia y Finlandia, cuyos gobiernos ya han confirmado que solicitarán formalmente su adhesión a la alianza atlántica, algo que podría hacerse efectivo en los próximos meses. De modo que, si por un lado Putin ha logrado que Ucrania se olvide por un buen tiempo de sus aspiraciones atlantistas, por el otro ha conseguido que Rusia pronto comparta 1 300 kilómetros de nuevas fronteras directas con la OTAN, es decir, la línea fronteriza que Finlandia comparte con su temido vecino. El tiro, al parecer, le ha salido a Putin por la culata.
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