La invasión militar de Ucrania parece estar perjudicando, de una manera u otra, a la inmensa mayoría de los países del planeta. Se trata de un conflicto bélico en el que, al menos hasta ahora, no hay ganadores. Como sabemos, la economía a nivel global ya está dando claras muestras de ralentización a causa de esta guerra. Sin embargo, por carambolas de la vida, hay un gobierno que podría beneficiarse con esta crisis. Estamos hablando de Venezuela, un país que, a partir del momento en que la Administración Trump impuso sanciones al gobierno chavista y dejó de reconocer a Nicolás Maduro como presidente legítimo, quedó bastante aislado en el contexto internacional. Dichas sanciones, aunadas a un progresivo deterioro de la industria petrolera nacional, debido a altísimos niveles de corrupción, causaron una importante merma en la producción diaria de barriles de crudo.
Pero todo esto ahora podría cambiar a causa del conflicto en Ucrania. Emisarios del gobierno de Joe Biden se reunieron, hace pocas semanas, con representantes de la cúpula chavista para explorar la posibilidad de que Venezuela aumente su cuota petrolera dentro del mercado internacional. Aquello sería una manera de sustituir
A medida que el conflicto en Ucrania se empantana y parece entrar en un incierto período de estancamiento, las palabras parecen cobrar cada vez mayor relevancia. Y ojalá me estuviera refiriendo a las palabras que propician el diálogo, el entendimiento y la diplomacia. No, por desgracia suele tratarse de palabras que enrarecen aún más el ambiente y alejan la posibilidad de cualquier tipo de tregua.
El presidente estadounidense, Joe Biden, con sus recurrentes salidas de tono, no está ayudando a rebajar la tensión entre Rusia y los países occidentales. Más bien todo lo contrario. El pasado 16 de marzo, por ejemplo, calificó públicamente a Vladimir Putin como un "criminal de guerra". Minutos después, portavoces de la Casa Blanca, previendo el enorme enfado que aquella agresiva declaración podría provocar en el Kremlin (y ya sabemos que no es demasiado recomendable desencadenar la cólera incendiaria de Putin, y menos en estos momentos), intentaron matizar las palabras de Biden. "El presidente hablaba desde su corazón", rezaba el escueto comunicado oficial, agregando además que una investigación posterior, dirigida por el Departamento de Estado, determinaría si, en efecto, el presidente r
Una clara señal del resquebrajamiento de un régimen autoritario y con ínfulas totalitarias es la progresiva huida al extranjero de muchos miembros de la sociedad. Primero suelen ser los más desfavorecidos, o los más amenazados, quienes emprenden la desbandada. Luego, cuando el ambiente ya se vuelve completamente irrespirable, comienza el lento goteo de altos funcionarios del propio régimen, que sienten que ya no pueden seguir tolerando la farsa. En Rusia, en la actualidad, se cuentan por miles los ciudadanos, muchos de ellos pertenecientes a los medios informativos censurados o simples profesionales de clase media, que han emigrado al extranjero en las últimas semanas debido al incremento de la represión. Y ahora también se ha venido a sumar la primera defección de un alto cargo oficial, la cual, con toda seguridad, no será la última. El pasado 23 de marzo, se hizo pública la renuncia de Anatoli Chubáis, quien hasta hace unos días se desempeñaba como representante ante la ONU para el cambio climático. Chubáis presentó su dimisión debido a su desacuerdo con la invasión a Ucrania y, junto a su esposa, abandonó Rusia.
Algo parecido está sucediendo también en Nicaragua, país que (y esto
Muchos en Latinoamérica tenemos la sospecha, o más bien la convicción, de que la principal motivación que tenía la candidata derechista Keiko Fujimori para convertirse en presidenta de Perú era poder sacar a su padre de la cárcel. Con esa sospecha en mente, millones de votantes peruanos prefirieron optar por el mal menor en las últimas elecciones presidenciales. Pedro Castillo, candidato ultraizquierdista y al mismo tiempo ultraconservador (curiosa mezcla política), se convirtió, por un estrechísimo margen de votos, en el nuevo presidente del país, el pasado mes de julio.
Sin embargo, meses más tarde de aquella dolorosa derrota, la suerte finalmente ha sonreído a la familia Fujimori. Keiko ya no tendrá que mover los hilos desde las alturas del poder para conseguir la libertad de su progenitor. El Tribunal Constitucional de Perú dictaminó, el pasado 17 de marzo, la liberación de Alberto Fujimori tras algo menos de quince años de encarcelamiento. Recordemos que el expresidente, quien gobernó el país desde el 28 de julio de 1990 hasta el 21 de noviembre de 2000, fue arrestado en Chile en 2005 y extraditado a Perú dos años más tarde. Las acusaciones que pesaban contra él se basaban, pri
El pasado 22 de marzo, los amantes del tenis en todo el mundo amanecimos con una noticia bastante sorprendente e inesperada: la tenista australiana Ashleigh Barty, número uno en el escalafón femenino, anunciaba su retirada definitiva de las canchas a la edad de 25 años. Tras alcanzar la victoria en quince torneos de enorme prestigio a lo largo de los últimos años, el último de ellos hace apenas un par de meses en su país natal, Barty ha decidido colgar la raqueta de manera prematura y en la cúspide de su carrera.
Al parecer, la deportista, tras conquistar, el pasado 29 de enero, el título del Abierto de Australia —un triunfo que ninguna australiana había alcanzado desde hacía 44 largos años—, dejó de sentir la motivación que hasta ahora la había encaminado a lo más alto del mundo tenístico. La conquista de ese último torneo, en su propio país, convirtió a Barty en una especie de heroína a nivel nacional. Y es muy probable que la presión psicológica asociada a la consecución de ese incomparable éxito haya contribuido, en cierta manera, a que Barty tomara esta decisión. Quizá la tenista haya llegado a la conclusión de que, después de aquello, ya no hay nada que pueda empujarla a segui