De entre todos los lamentos que se han estado escuchando estos días en los hospitales de Mariúpol, en el sudeste de Ucrania, un llanto resonó por encima de todos los demás el pasado 4 de marzo: las lágrimas de Marina Yatsko, víctima de la mayor crueldad imaginable en la guerra. Marina entró corriendo al centro hospitalario, con la camiseta ensangrentada y un terrible gesto de pavor en el rostro. Frente a ella corría su novio, Fedor, con el hijo de ambos en brazos, envuelto en una manta y malherido por los bombardeos. Los médicos pusieron todo su empeño en salvar la vida del bebé, de tan solo 18 meses, pero no pudieron evitar la muerte del pequeño Kirill.
Una semana antes, durante los primeros ataques del ejército ruso sobre Kiev, nacía una niña en una estación del metro de la capital ucraniana, utilizada por la población como refugio antiaéreo improvisado. La agente de policía Mykola Shlapak asistió en el parto a la madre, de 23 años, y consiguió una ambulancia para trasladar a la recién nacida a un hospital. Mia y su mamá sobrevivieron a un alumbramiento en condiciones deplorables. Decenas de bebés están viniendo así al mundo debido a este conflicto, en todo tipo de sótanos y esta
Colombia va a elegir esta primavera a su próximo presidente, pero antes de esos comicios hay otra fecha electoral marcada en rojo en el calendario político del país. Este domingo 13 de marzo se celebran elecciones legislativas, que permitirán tomar la temperatura de las urnas, y anticipar cuáles pueden ser los factores clave de la carrera presidencial. El 29 de mayo o el 19 de junio —en caso de ser necesaria una segunda vuelta— sabremos quién sucederá al actual mandatario, el conservador Iván Duque. Y ya en los próximos días conoceremos con más precisión el clima de opinión de la ciudadanía colombiana, y sus preferencias entre los distintos partidos.
El terreno social y económico sobre el que van a celebrarse ambas elecciones ha sufrido fuertes seísmos durante los últimos meses. La reforma tributaria planteada por el ejecutivo de Duque en abril del año pasado desató una oleada de protestas masivas. El paro nacional convocado en aquellas fechas por los sindicatos tuvo un seguimiento multitudinario y detonó un enorme estallido social contra el gobierno. Las movilizaciones fueron disueltas por las fuerzas de seguridad, recurriendo —en numerosos casos— a la brutalidad policial: en los d
El régimen nicaragüense está inaugurando el quinto mandato del presidente Daniel Ortega sin mostrar piedad en la represión contra la oposición. Siete figuras críticas con las autoridades de Managua fueron condenadas a finales de febrero por presunta conspiración para menoscabar la integridad nacional del país. Entre ellas, hay tres candidatos que aspiraban a presentarse a las elecciones presidenciales del pasado 7 de noviembre: Juan Sebastián Chamorro, Félix Madariaga y Arturo Cruz. Son parte de más de cuarenta opositores que están siendo enjuiciados durante las últimas semanas, después de haber sido arrestados a lo largo de 2021.
Ortega se declaró ganador de los comicios del año pasado, después de haber obtenido —supuestamente— más del 75% de los votos. Sin embargo, todo el proceso electoral se desarrolló sin las más mínimas garantías democráticas: las únicas papeletas disponibles junto a las urnas fueron las de los partidos afines al Frente Sandinista de Liberación Nacional, liderado por Ortega. El resto de las formaciones fueron declaradas ilegales, como el Partido Conservador, el Partido de Restauración Democrática o Ciudadanos por la Libertad. Hasta siete precandidatos presiden
Ya no hay vuelta atrás. El mundo reacciona con demasiada lentitud ante la evidencia del calentamiento global y, por mucho que se intensifiquen las políticas para frenar el ascenso de la temperatura del planeta durante los próximos años, algunos efectos del cambio climático van a ser irreparables. Cada esfuerzo de cada país va a ser determinante ahora para limitar los daños que la crisis ambiental va a causar, irremediablemente, en las sociedades de todo el mundo. Así lo ha constatado un macroinforme de Naciones Unidas, tras siete años de profunda investigación.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de la ONU —IPCC, por sus siglas en inglés— publicó el 28 de febrero la segunda entrega de su Sexto Informe de Evaluación: un durísimo documento que mide la vulnerabilidad del planeta y la capacidad de adaptación de la sociedad ante el impacto del calentamiento global. Los investigadores han actualizado su análisis con datos recopilados desde 2014, y sus conclusiones revelan que la emergencia se ha agudizado hasta alcanzar un punto de no retorno. Ya hay hasta 3.600 millones de personas en todo el mundo altamente vulnerables a la crisis climática.
Restringir el aumen
Bombos, tambores y panderetas vuelven a resonar en Río de Janeiro después de que la pandemia del coronavirus enmudeciera, el año pasado, la atronadora percusión del carnaval. De entre los grandes eventos culturales y sociales cancelados en todo el mundo en 2021, el silencio en las calles de esta urbe brasileña —capital universal de los carnavales— fue una de las imágenes más entristecedoras. Ahora, la recuperación de los festejos multitudinarios puede ser un símbolo elocuente de cómo vuelve a latir la vida tras los momentos más críticos de la emergencia sanitaria. La variante ómicron ha obligado a retrasar el grueso de la celebración hasta abril, pero los cariocas han saboreado ya un pequeño adelanto a finales del pasado mes de febrero.
Como muchos otros países, Brasil ha sufrido sus peores registros de casos diarios de Covid-19 durante la reciente ola de contagios por ómicron. El número de infecciones notificadas en un solo día llegó a rozar los 300.000 a principios del mes pasado. Por este motivo, tanto Río como Sao Paulo —la mayor ciudad de Sudamérica— decidieron postergar las celebraciones masivas de sus carnavales hasta después de Semana Santa. Los brasileños van tachando ahora