Paraguay, seguramente uno de los países más desconocidos de América del Sur, es también un estado en el que la tierra es uno de los pilares básicos de la sociedad y de la economía. Este país del centro del continente sudamericano, con algo más de 7 millones de habitantes, padeció una de las dictaduras más longevas de la región. Alfredo Stroessner gobernó Paraguay con mano de hierro desde 1954 hasta 1989, y las consecuencias de ese periodo oscuro de la historia paraguaya se siguen sintiendo a día de hoy.
Hace unos días, nueve medios digitales paraguayos se unieron para hacer una colaboración en la que denunciaban el problema de las denominadas tierras malhabidas. Tierras destinadas a una reforma agraria que el “stronismo” otorgó de forma ilegal a amigos de la dictadura: políticos, militares, miembros del clero e incluso presidentes de otros países, como el dictador nicaragüense Anastasio Somoza. Estamos hablando de cerca de 8 millones de hectáreas de terrenos cultivables que, en lugar de ser repartidas entre los campesinos paraguayos, siguen en manos de un selecto grupo de propietarios, que controla más del 85% de esas tierras.
Lo más grave de esta situación es que pasan los años y
Imaginen la escena: un venezolano de a pie enciende su televisor, sintoniza la cadena estatal Venezolana de Televisión y se encuentra con un dibujo animado en el que aparece el presidente Nicolás Maduro vestido como un superhéroe. Un superhéroe que recuerda muy de cerca a Superman y que lucha contra el “imperialismo yanqui” y destacados opositores venezolanos, como Julio Borges o Henry Ramos. No faltan referencias a otros enemigos del chavismo, como la Organización de Estados Americanos.
Súper Bigote es la respuesta irónica del gobierno de Maduro a las palabras que un día pronunció el expresidente ecuatoriano, Lenín Moreno, allá por 2019. El mandatario andino acusó al sucesor de Hugo Chávez de estar detrás de las protestas sociales que sacudían en ese momento a Ecuador. “Ayer salió el presidente Lenín Moreno a decir que lo que está pasando allá es culpa mía, que yo muevo mis bigotes y tumbo gobiernos… así dice Lenín Moreno. Yo no soy Superman, yo soy Súper Bigote”, dijo Maduro en un acto de gobierno, transmitido precisamente por VTV. Años después, Súper Bigote es una realidad, Maduro sigue en el poder y de Lenin Moreno poco se habla ya.
Tras ver dos o tres de los episodios de Súpe
Tierra del Fuego. Cabo de Hornos. Palabras que evocan inmediatamente lugares ventosos, inhóspitos, con aguas heladas de oleajes traicioneros. En esta región austral que recorre partes de Chile y Argentina llevan viviendo desde hace 6.000 años los yaganes, un pueblo indígena que recorre con sus canoas los canales y las bahías de estos parajes tan bellos como peligrosos, buscando pescado. Como ha ocurrido con muchas otras comunidades indígenas de nuestro planeta, el mestizaje y la presencia del hombre blanco han ido diluyendo la cultura de los yaganes. Como prueba sólo hay que fijarse en los nombres, descaradamente europeos, que salpican gran parte del mapa del extremo sur del continente americano: Beagle, Williams, Lennox, Picton…
Cristina Calderón era la última hablante de la lengua yagán, que con más de 32.000 vocablos hacía gala de una enorme variedad y riqueza. “Soy la última hablante yagán. Otros igual entienden, pero no hablan ni saben como yo”, contó a un grupo de periodistas de El País, que la visitaron en 2014. Cristina vivía en Villa Ukika, muy cerca de la localidad de Puerto Williams. Cuando murió su hermana, perdió con quién hablar en su lengua nativa, que los más pequeño
Corría el año 2013. El entonces gobierno de Malí, presidido por Ibrahim Boubacar Keïta, solicitó ayuda a su antigua metrópoli, Francia, para combatir el auge del terrorismo yihadista, que ya en aquella época amenazaba los países de la región del Sahel, una enorme franja que se ubica entre el norte y el centro del continente africano y que lo recorre de oeste a este. El gobierno galo envió efectivos militares en misiones como Serval o Barkhane con un objetivo claro: evitar que los extremistas, que ya se habían hecho fuertes en zonas del norte y del centro del territorio malí, se hicieran con el control de todo este estado del África occidental.
Durante varios años, soldados franceses, pero también de otras naciones europeas y Canadá, fueron desplegados en bases como Gossi, Menaka y Gao y lograron, a juicio del Elíseo, contener las embestidas de grupos como Al Qaeda y el Estado Islámico. Con el paso del tiempo, no obstante, el Sahel se ha convertido en un avispero en el que se han multiplicado este tipo de organizaciones vinculadas al extremismo islamista. Unas organizaciones que cada vez tienen más libertad para moverse y atacar a las comunidades más desprotegidas de países como Maur
La primera vez que vi actuar a Javier Bardem fue en la película Jamón, Jamón, en una escena de alto contenido erótico con la que es hoy su esposa, Penélope Cruz, y que se quedó grabada a fuego en mi mente adolescente. Han transcurrido treinta años de aquello, pero esa imagen de macho ibérico, de tipo rudo y tosco, permanece en mi memoria. Hoy, Javier Bardem, exjugador de rugby y amante del boxeo, es una estrella internacional. El hijo de otra gigante de la cinematografía española, Pilar Bardem, acaba de ganar su sexto Premio Goya por su papel en El buen Patrón, y es ya el actor más laureado en la historia del certamen, el más prestigioso del cine español.
“Si el público quiere que haga de macho yo hago de macho, pero lo que no acepto son personajes malos”. Esta frase de Javier Bardem es una de las que considero más representativas de su forma de pensar. Su ascenso meteórico en el cine internacional está ligado a sus personajes. ¿Quién no recuerda con cierta inquietud su rol en No Country for Old Men, esa maravilla de los hermanos Coen con la que ganó el Oscar al Mejor Actor de Reparto? Por no hablar de cuando se puso en la piel de Ramón Sampedro, un hombre tetrapléjico que llevaba