Una gran mayoría de votantes argentinos ha decidido arriesgarse y saltar al vacío. Javier Milei, el candidato de la ultraderecha, triunfó con holgura en la segunda y decisiva vuelta de las elecciones presidenciales, realizadas el pasado domingo en Argentina. Obtuvo casi el 56% de los votos, mientras que su rival, el peronista Sergio Massa, debió contentarse con el 44% de las papeletas.
Milei ha restado importancia a quienes piensan, tanto dentro como fuera de Argentina, que su gobernanza puede representar un grave riesgo para el país. Un par de días antes de las elecciones, declaró lo siguiente ante una multitud enfervorizada: “¿De qué salto al vacío me hablan si nos estamos yendo al infierno?”. Y es que este estrafalario émulo de Donald Trump, mezcla de predicador mesiánico y estrella de rock, ha sabido canalizar la frustración de millones de ciudadanos. “¿Qué podemos perder?”, parecen h
Si hay algo que caracteriza a los líderes populistas es su enorme capacidad para generar perturbación y división a su alrededor. Y esas ondas de pura crispación suelen expandirse a miles de kilómetros a la distancia. Es lo que ocurrió en relación a Javier Milei, el candidato argentino de la ultraderecha que ha provocado un gran terremoto político, tanto dentro como fuera de las fronteras de aquel país austral.
Esa polarización se reflejó con claridad en una carta colectiva que se hizo pública el pasado 12 de noviembre, tan sólo una semana antes del desarrollo de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Argentina. En la misiva, los firmantes pedían el voto a favor del candidato de la extrema derecha, considerando que una victoria de Sergio Massa, el representante del bando peronista, agravaría aún más la profunda crisis económica que vive el país. Entre los firmantes figuraban
Sin duda nuestro concepto de la justicia ha variado bastante desde aquellos lejanos y oscuros tiempos en que Hammurabi, el rey que gobernó Babilonia hace aproximadamente cuatro milenios, promulgó el célebre código que establecía la Ley del Talión: "Ojo por ojo, diente por diente". Sin embargo, a pesar de que los castigos, sobre todo corporales, se han ido atenuando con el transcurrir de los siglos, aún sigue perdurando, en cierta forma, la idea de que la impartición de la justicia está estrechamente relacionada con la punición y la venganza. En relación a esto, el filósofo francés Michel Foucault, quien dedicó gran parte de su carrera al estudio de los diversos sistemas de vigilancia y castigo implementados por los gobiernos, aseguraba que aplicar medidas punitivas es uno de los métodos más efectivos para ejercer el poder sobre la población. Esto lo sabe a la perfección, por ejemplo, Naj
La vida política en el Reino Unido es lo más parecido a una montaña rusa. Bueno, ahora que lo pienso, la vida política en prácticamente todas partes del mundo es, en estos momentos, un disparatado carrusel de emociones, lo cual es un claro reflejo de los tiempos extremadamente convulsos que estamos viviendo. Pero lo que está ocurriendo en el Reino Unido desde hace un buen tiempo daría para varias películas y series de televisión (y seguro que las habrá). Tras la victoria del partido conservador en las elecciones del 2019 —da la impresión de que hubiese sido hace muchísimos años—, todo ha sido una especie de pandemonio. Por el célebre número 10 de Downing Street ya han pasado hasta tres primeros ministros del mismo partido: el atolondrado Boris Johnson, Liz Truss "La Breve", y el desorientado Rishi Sunak, quien ahora mismo está intentando hacer malabares para que su partido, los tories, n
Mucho se ha hablado a lo largo de los últimos meses sobre un campo de la informática que pareciera estar más de moda que nunca: la Inteligencia Artificial. Y, poniendo todo el argumentario en la balanza, da la impresión de que fueran más numerosos los temores que esta nueva tecnología despierta que las ilusiones y las esperanzas que pueda generar. Las inquietudes son múltiples, e incluso comprensibles: desde la sustitución de millones de puestos de trabajo, hasta el hipotético dominio global de las máquinas, una realidad distópica que, en un futuro no muy distante, podría ser bastante semejante a las imágenes que nos han brindado célebres películas como Matrix, Blade Runner o Terminator.
Sin embargo, entre todos los argumentos en contra, hay uno al que aún no se le ha prestado suficiente atención. Se trata del enorme impacto medioambiental que miles de potentísimas supercomputadoras prov