Este 2024 quizá pase a la historia como el año en que casi la mitad de la población mundial —es decir, en torno a 3.700 millones de personas, repartidas en más de setenta países— fue convocada a las urnas. Algunos de estos comicios ya han copado la atención de los medios de comunicación, tales como los celebrados en la India, México y la Unión Europea. Otros harán lo mismo de aquí a finales de año, sobre todo cuando millones de ciudadanos acudan, el próximo mes de noviembre, a los centros de votación en Estados Unidos. Otra jornada electoral que está generando, ahora mismo, gran expectación, al menos en el continente americano, es la que, en teoría, se desarrollará en Venezuela el próximo 28 de julio. Tal expectativa nos ha obligado a seguir el rastro, mes a mes, de lo que acontece en aquel país caribeño. Ya hemos comentado las triquiñuelas que ha puesto en marcha el régimen chavista par
Javier Milei continúa, a paso lento pero seguro, con el progresivo proceso de desguace del Estado que tanto prometió durante su convulsa campaña electoral. No en vano ha declarado públicamente en varias ocasiones que "el Estado es el enemigo", además de ser "una asociación criminal". Y si el ritmo de desmontaje no ha sido más rápido a lo largo de los últimos seis meses es simplemente porque el presidente argentino no cuenta con los apoyos suficientes en el Congreso para pisar al máximo el acelerador. Por lo pronto, y a falta de hachazos más seguidos y sobre todo más ambiciosos, ya ha conseguido despedir a 24.000 empleados públicos y, hace unos días, prometió hacer lo mismo con 50.000 trabajadores más. Igualmente dio la orden de cerrar el Instituto público contra la Discriminación. Y también, el pasado 7 de junio, ordenó el cierre definitivo del antiguo Ministerio de la Mujer, tras haber
A medida que se acercan las elecciones presidenciales en Estados Unidos, pautadas para el próximo mes de noviembre, los nervios van aflorando en los cuarteles generales de los partidos demócrata y republicano. Sobre todo es claramente perceptible en el círculo más cercano que rodea a Joe Biden. A pesar de los numerosos procesos judiciales abiertos en contra de Donald Trump (o precisamente gracias a ello), diversas encuestas sitúan al expresidente republicano ligeramente por delante de Biden. Y todo ello enmarcado en una situación económica que muchos analistas definen como "boyante". Sin embargo, la percepción que tienen millones de estadounidenses, una percepción inducida por las catastrofistas noticias difundidas por los medios conservadores, es que el país se está desmoronando debido a la invasión de miles y miles de inmigrantes provenientes del sur. Ésa parece ser la máxima preocupac
Quizá, en un futuro, algún sociólogo o filósofo defina esta época como la "Era de la Ira". Porque lo que estamos presenciando en muchos puntos del planeta es a grandes masas de enardecidos electores que parecieran depositar sus votos más con las vísceras que con sus cabezas. Da la impresión de que las emociones, en su mayor parte negativas, van siempre por delante del análisis racional y objetivo. Lo acabamos de atestiguar en las recientes elecciones europeas. En países como Francia y Alemania ha dejado un pésimo sabor de boca el hecho de que la ultraderecha se haya alzado, respectivamente, con el primer y el segundo puesto. Y esto resulta aún más preocupante si tomamos en cuenta que estos dos países en conjunto siempre han sido considerados como "la locomotora de Europa", con lo cual la maquinaria europea podría sufrir graves averías en los próximos tiempos.
Emmanuel Macron ha decidido e
Gran parte de la atención de los medios de comunicación internacionales estuvo enfocada, el pasado 9 de junio, en las elecciones europeas, celebradas para renovar la composición del Parlamento común. Como sabemos, la principal incógnita que sobrevolaba el ambiente era cuán grande sería el avance de la extrema derecha. Para desgracia de los más "euroescépticos", tal avance, a pesar de ser bastante significativo, no parece amenazar demasiado la estable alianza que han fraguado durante años los principales partidos moderados europeístas, tanto a derecha como izquierda del espectro político. Aun así, el estruendoso éxito que han obtenido los partidos ultraderechistas en Francia y Alemania augura grandes quebraderos de cabeza en estos dos países.
Pero la gran sorpresa vino por otro lado: la entrada con fuerza en el parlamento de ciertos personajes, sumamente singulares, de los que la inmensa m