En la fachada del edificio de la Corte Suprema de Estados Unidos puede leerse la frase “Equal justice under law”. Igual justicia bajo la ley. Este lema significa que, ante los nueve magistrados que conforman la corte, todos los ciudadanos serán tratados por igual, con los mismos derechos y las mismas garantías. Sin embargo, el 2 de julio pasado, el alto tribunal situó a un grupo de ciudadanos por encima del resto: dictaminó que los presidentes estadounidenses tienen inmunidad absoluta y no pueden ser perseguidos penalmente por actos oficiales desarrollados en el ejercicio de su cargo.
La resolución salió adelante con el voto favorable de los seis magistrados conservadores de la corte y la oposición de las tres magistradas progresistas. La decisión de momento solo afecta a Trump y dificulta que sea condenado por el presunto intento de subvertir las elecciones de 2020 –que ganó Biden–, y por incitar el asalto al Capitolio. Sobre el expresidente pesan cargos de conspiración para obstruir la certificación de los resultados electorales, defraudar al Gobierno y privar de derechos a los votantes.
Pocos cargos públicos son tan poderosos en Estados Unidos como el de los magistrados de la Cor
Siempre me generó inquietud este mensaje en los retrovisores de algunos autos: “Los objetos en el espejo están más cerca de lo que parece”. El 28 de julio, las elecciones venezolanas sirvieron para que muchos en Latinoamérica contemplaran con sus propios ojos la llegada de una nueva realidad que creían lejana.
Mientras Nicolás Maduro defendía la limpieza de su victoria con un 51,2% de los votos, referentes de la izquierda latinoamericana como Lula da Silva, en Brasil; Gabriel Boric, en Chile o Gustavo Petro, en Colombia, cuestionaron el resultado y exigieron las actas oficiales del escrutinio. Al lado de Maduro quedaron otros dirigentes autodenominados de izquierda –aliados de Venezuela– como Miguel Díaz-Canel, de Cuba; Daniel Ortega, de Nicaragua y Xiomara Castro, de Honduras. También el expresidente boliviano Evo Morales.
Para justificar la omisión de las actas, el régimen venezolano afirmó haber sufrido un ataque informático. Dos días después del recuento, el Centro Carter, una prestigiosa institución de observación invitada por el propio Maduro –y que desde 1998 había avalado hasta siete elecciones venezolanas–, concluyó que los comicios no habían sido democráticos. Entre tanto,
Suele decirse, en estilo figurado, que la política hace extraños compañeros de cama. Es decir, que para llegar al poder, muchos políticos están dispuestos a generar alianzas inverosímiles. En una muestra de ello, la actual vicepresidenta de Argentina, Victoria Villarruel, accedió en 2023 a integrarse en la coalición de Javier Milei, La Libertad Avanza.
Villarruel proviene del conservador establishment argentino, el mismo que Milei prometió desmantelar. Ocho meses después de acceder juntos al poder, los roces entre ambos traspasan los muros de la Casa Rosada (pero no porque las políticas de Milei amenacen a las élites dominantes).
La que hasta hace poco había sido una crisis larvada estalló el mes pasado. El detonante fue inesperado. Argentina acababa de ganar la Copa América contra Colombia y, en plena celebración, varios futbolistas decidieron repetir los cánticos racistas que habían entonado en 2022, tras ganar ante Francia la Copa del Mundo. El nuevo episodio motivó una protesta oficial francesa que consideró los cánticos “contrarios a los derechos humanos”.
Villarruel decidió, entonces, defender a los futbolistas: “Ningún país colonialista nos va a amedrentar”, escribió en X. La e
Como todos los perros, Beacon nació siendo sabio. Este golden retriever de cuatro años –un perro de terapia que durante meses ha acompañado los entrenamientos del equipo estadounidense de gimnasia rítmica– irradia paz, porque no conoce la ansiedad por el futuro. Vivir plenamente el presente es una habilidad canina que a los humanos nos cuesta aprender. Es la lección que Beacon ha enseñado a las integrantes del equipo. Entre ellas, a su estrella indiscutible: Simone Biles.
La mejor gimnasta de todos los tiempos puede enorgullecerse, a sus 27 años, de haber logrado una victoria más valiosa que todas las medallas: cambiar el paradigma de este deporte. Durante décadas, la preparación de las gimnastas era casi inhumana. Máxima presión mental y una entrega total en cuerpo y alma con un solo objetivo: ganar.
En los Juegos Olímpicos de Tokio, Biles dijo ‘basta’. Se retiró de la competición aquejada de un bloqueo mental que le impedía calcular bien su posición al girar en el aire, algo que podía costarle la vida. Días antes, había escrito en sus redes sociales que sentía “el peso del mundo” sobre sus hombros.
No era la primera vez que Biles afrontaba situaciones de estrés extremo. En la pista
“Algún día, todo esto será tuyo”, le dice el padre a su hijo –futuro heredero– mientras ambos contemplan el horizonte. Si el ganadero brasileño Dirceu Kruger quisiera reproducir este cliché cinematográfico, en realidad lo único que dejaría a sus descendientes es una descomunal deuda. La que ha contraído por arrasar parte de la Amazonía para alimentar a su ganado.
El pasado 18 de julio, un juez federal de Brasil dictó una sentencia histórica: Kruger deberá pagar más de 50 millones de dólares por deforestar, entre 2003 y 2016, más de 5.600 hectáreas protegidas. La demanda inicial, presentada por el Instituto Brasilero de Medio Ambiente y secundada por la Fiscalía federal, describía a Kruger como “un delincuente reincidente, consciente de la ilegalidad de su conducta e indiferente al daño al entorno”.
Las prácticas poco escrupulosas de la ganadería a gran escala son una de las principales causas de deforestación en la Amazonía –y en el resto del mundo–. Pero hasta ahora ninguna multa había sido tan elevada. La reciente sentencia afirma que el ganadero fue sorprendido utilizando “motosierras e incendios forestales intencionados, para convertir la exuberante vegetación en pastizales des