En 1960, John Fitzgerald Kennedy y Richard Nixon protagonizaron el primer debate televisivo entre candidatos presidenciales de la historia. JFK, enfundado en un traje negro, se mostró tranquilo y determinado, con la mirada fijada en el objetivo de la cámara, mirando de frente a la audiencia. Richard Nixon, por el contrario, compareció sudoroso, presa de los nervios, sin saber a dónde mirar y ataviado con un desafortunado traje de color gris claro. Esa pésima actuación, con toda probabilidad, le costó la Casa Blanca.
Desde entonces, los debates cara a cara en televisión han sido decisivos en las campañas electorales. Ni la eclosión de las redes sociales como herramienta de comunicación política ha podido cambiar esta realidad. Que se lo digan a Joe Biden, forzado a abandonar su candidatura a la reelección tras su errática actuación en el debate con Donald Trump, organizado por CNN a finales de junio.
El pasado 10 de septiembre, Kamala Harris y Donald Trump se enfrentaron en un debate transmitido en la cadena de televisión ABC. En esta ocasión, quien se derrumbó delante de las cámaras fue el expresidente republicano. Trump fue víctima de sus propias mentiras. Kamala Harris ni siquiera
La semana pasada, el parlamento mexicano aprobó una controvertida reforma judicial que obligará a que, de ahora en adelante, los jueces sean elegidos mediante votación popular. La aprobación de la medida no estuvo exenta de polémicas, porque el oficialismo no tenía una mayoría de dos tercios, necesaria en el Senado. Al partido del Gobierno, Morena, y a sus aliados parlamentarios, les faltaba un voto para sacar adelante la reforma, pero el senador opositor Miguel Ángel Yunes, del PAN, cambió de forma sorprendente de bando, posibilitando que la reforma obtuviera el respaldo definitivo de la Cámara. Existen muchas dudas sobre por qué este diputado cambió el sentido de su voto a última hora. ¿Estamos ante un caso de corrupción? ¿Hubo algún tipo de presión, o de amenaza?
La reforma en cuestión es un auténtico disparate y ha recibido duras críticas tanto dentro como fuera de México. Los jueces mexicanos llevan semanas movilizándose contra la ley. No sólo porque temen perder su trabajo, sino porque la calidad y el nivel formativo de los jueces podría sufrir un importante deterioro. De ahora en adelante, para ser juez en México apenas serán necesarios tres requisitos: la licenciatura en Der
Dejar el hogar sin saber si algún día volveremos a él es una decisión dura y difícil. A sus 75 años, Edmundo González, candidato de la oposición venezolana en las elecciones del pasado 28 de julio, tuvo que tomar esa decisión en pocos días. Aterrizó en Madrid el domingo 8 de septiembre, seis días después de que el régimen chavista ordenara su detención.
La Fiscalía venezolana, controlada por el cuestionado presidente Nicolás Maduro, acusa a González de varios delitos: usurpación de funciones, forjamiento de documento público, instigación a la desobediencia de las leyes, conspiración, sabotaje de sistemas y delitos de asociación. El día 2 de septiembre, se libró una orden de detención. Las semanas previas a su salida del país, el líder opositor vivía en la clandestinidad.
En realidad, el único ‘delito’ de González durante estos meses ha sido reivindicar las actas electorales de los comicios del pasado 28 de julio. Unas actas que Maduro se niega a publicar porque, previsiblemente, mostrarían la derrota del régimen chavista. Ni Estados Unidos, ni la Unión Europea ni la mayoría de los países latinoamericanos han reconocido el resultado electoral.
“He decidido salir de Venezuela y trasla
Siempre he pensado que si el teatro ha sobrevivido a través de los siglos se debe a que el ser humano necesita distancia para verse a sí mismo y reflexionar sobre cuestiones complejas. El teatro es el espejo en el que se mira el alma y el reflejo de la sociedad. Por eso es muy oportuno el reciente estreno de la obra La gran ilusión en el teatro San Martín de Buenos Aires. Tenía que ser ahora, y tenía que ser en Argentina, un país que, como nunca, mira hacia sí mismo.
Esta pieza teatral es original del napolitano Eduardo De Filippo y data de 1948, justo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Europa estaba sedienta de esperanza. La versión representada es del dramaturgo español Lluís Pasqual y cuando se estrenó en Barcelona, en 2016, ya cosechó el elogio de la crítica y del público.
La puesta en escena tiene aires circenses, pero las ideas que discurren sobre las tablas están más cerca de la alta cultura. Esa combinación de lo popular y lo sofisticado es uno de los retos que resuelve magistralmente el elenco, encabezado por Marcelo Subiotto. Él da vida a Otto Marvuglia, un mago –con algo de filósofo y algo de charlatán– que es contratado para entretener a un grupo de aristócratas