Nuestra primera parada será Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump ha sobrevivido a un nuevo intento de magnicidio. Todo ocurrió la noche del 25 de abril, durante la tradicional cena con los corresponsales de la Casa Blanca. Un hombre armado burló los controles de seguridad del hotel Washington Hilton con la intención de asesinar a Donald Trump y a otros miembros de su Administración. Afortunadamente, el agresor fue reducido por los agentes del dispositivo de seguridad sin que hubiera que lamentar víctimas. El fallido intento de atentado contra el presidente vuelve a poner de relieve dos de los grandes males que aquejan a Estados Unidos: la violencia política y el fácil acceso de la población a las armas de fuego.
El intento de magnicidio obligó a aplazar la cena oficial y estuvo a punto de provocar la suspensión de la visita oficial a Estados Unidos del rey Carlos III de Inglaterra, que finalmente comenzó, como estaba previsto, el 27 de abril. El monarca británico llegó a Washington con el firme propósito de revitalizar la ‘relación especial’ entre Estados Unidos y Gran Bretaña, actualmente en horas bajas por los desencuentros entre Donald Trump y el primer ministro Keir Starmer. Durante su estancia, Carlos III subrayó la importancia de defender los valores democráticos que inspiraron la independencia de Estados Unidos hace 250 años.
A continuación, viajaremos a Sudamérica, para ver como la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, está liderando la gradual reinserción del país en la comunidad internacional. En este contexto, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, se ha convertido en el primer mandatario internacional en visitar a Rodríguez en el Palacio de Miraflores. Asimismo, Estados Unidos ha avanzado en la normalización de las relaciones con Venezuela, restableciendo los vuelos de la aviación comercial entre ambos países, suspendidos desde 2019.
Finalmente, terminaremos nuestro recorrido en Cuba. Donald Trump ha vuelto a amenazar al régimen castrista, insinuando la posibilidad de una operación militar para deponer al presidente Miguel Díaz-Canel. Washington ha endurecido las sanciones contra la isla, confiando en que la presión económica fuerce al gobierno cubano a sentarse a la mesa de negociación. De momento, La Habana insiste en que nunca se rendirá, repitiendo el mismo mantra de los últimos 67 años.
Pero vamos a empezar, si les parece, por el nuevo intento de magnicidio en Estados Unidos...
Estados Unidos, a punto de cumplir 250 años como nación independiente, es un país de tradiciones inveteradas. Desde 1924, los presidentes tienen la costumbre de asistir, el último sábado del mes de abril, a una cena con los corresponsales acreditados ante la Casa Blanca. Todos los presidentes, desde Calvin Coolidge, han participado en este evento. Todos, menos uno. Hasta ahora, Donald Trump había evitado asistir a la cita, con el argumento de que los medios de comunicación lo tratan con parcialidad y prejuicios.
Este año, Donald Trump había decidido por fin participar en la cena y exponerse al escrutinio de la prensa. El presidente se presentó en el comedor vestido de frac, acompañado de su esposa Melania y de la plana mayor de su administración. La cena no pudo siquiera comenzar. Antes de que lo hiciera, Cole Allen, un hombre de 31 años que se alojaba en el décimo piso del hotel Washington Hilton, apareció armado en el interior del edificio y comenzó a correr a gran velocidad hacia el lugar donde se encontraban el presidente, las principales autoridades y los invitados, desatando el pánico. Agentes del Servicio Secreto respondieron con cinco disparos. Aunque no fue alcanzado por n
El 5 de marzo de 1946, poco después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill pronunció un discurso en la pequeña localidad de Fulton, Missouri. El entonces primer ministro del Reino Unido advirtió que un “telón de acero” estaba descendiendo sobre Europa, y que el mundo necesitaba más que nunca una “relación especial” entre el Reino Unido y Estados Unidos.
Desde entonces, la amistad entre Londres y Washington ha sido inquebrantable. Todos los gobiernos, independientemente de su signo político —laboristas y conservadores, demócratas y republicanos— han cooperado intensamente en asuntos diplomáticos, militares y económicos. Reagan y Thatcher lucharon juntos contra el comunismo. Clinton y Blair trabajaron codo con codo para conseguir la paz en Irlanda del Norte. Bush y Blair se fueron de la mano a la guerra de Irak. Hoy, sin embargo, la relación especial entre el Reino Unido y Estados Unidos está cuestionada como nunca lo había estado.
El presidente Trump está furioso porque el Reino Unido ha denegado a Estados Unidos el uso de sus bases para atacar Irán. Trump ha sido muy crítico con el primer ministro laborista, Keir Starmer, de quien ha dicho que “no es precisamente W
La aceleración del tiempo histórico es un fenómeno contemporáneo, caracterizado por una sobreabundancia de acontecimientos y de información, donde el presente se transforma rápidamente en pasado. En este contexto, los cambios políticos tienden a percibirse como más rápidos, y quizá más profundos, de lo que realmente son. El caso de Venezuela ilustra bien esta dinámica. En los pocos meses transcurridos desde la deposición de Nicolás Maduro, el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez ha impulsado una serie de medidas —como la reconfiguración del gabinete, ciertos gestos de apertura política y una limitada aproximación a la comunidad internacional— que han alimentado la impresión de una transformación acelerada. Veinticinco años de chavismo parecen haberse volatilizado. El chavismo, sin embargo, sigue en el poder —Rodríguez forma parte del núcleo dirigente que sostuvo a Maduro— y no se ha producido una ruptura sistémica comparable a una transición política completa.
Estados Unidos ha reabierto su embajada en Caracas. El secretario de Energía, Chris Wright, se entrevistó con la presidenta encargada en el Palacio de Miraflores, certificando el restablecimiento de la relación bilateral y
Cuba celebró el pasado viernes el desfile del Primero de Mayo frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana para “defender la patria” y denunciar las amenazas de agresión militar de la Administración Trump. En primera fila se encontraba el líder revolucionario Raúl Castro, de 94 años, junto al presidente Miguel Díaz-Canel, quien había convocado a los cubanos a movilizarse “contra el bloqueo genocida y las graves amenazas imperiales” de Estados Unidos.
Cuba atraviesa una situación límite. Además del embargo vigente desde 1962, Washington impuso en enero un bloqueo petrolero que está estrangulando la economía del país. Nada funciona ya en Cuba, ni siquiera el turismo, una de las industrias más importantes de la isla. Los apagones están a la orden del día y la escasez de gasolina provoca que los equipos de limpieza no puedan recoger la basura de las calles. La sensación que impera entre los casi diez millones de cubanos es la de que todo se desmorona. Pero la cúpula de la dictadura castrista, que ha regido los destinos del país desde 1959, no tiene la más mínima intención de capitular. Desde la llamada Tribuna Antiimperialista José Martí, el líder del sindicato de trabajadores c