Empezaremos nuestro recorrido en Brasil. El actual presidente, el izquierdista Lula da Silva, y el candidato ultraderechista, Flávio Bolsonaro, se disputarán la presidencia del país en la segunda vuelta de las elecciones, que se van a celebrar el 25 de octubre. El resultado será un termómetro para evaluar el avance de la ultraderecha en América Latina, que recientemente se ha hecho con el poder en países como Argentina, Chile, Perú, Ecuador y Colombia.
Como parte de su ofensiva contra el narcotráfico, Donald Trump ha sumado catorce países latinoamericanos y caribeños a la iniciativa estadounidense para crear el “Escudo de las Américas”. Reunidos en Nueva York el 22 de septiembre, los socios del proyecto firmaron una declaración que prevé sanciones contra 24 organizaciones criminales y la congelación de sus activos. Fuera de la alianza se han quedado Brasil y México, los dos países más extensos de América Latina, con más de la mitad de la población de la región.
En el Escudo de las Américas tampoco está Venezuela, a pesar de los esfuerzos de Donald Trump por rehabilitar políticamente a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. Sin embargo, el apoyo de Trump al chavismo amenaza con distanciar al voto latino de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato, que se celebrarán el próximo 3 de noviembre. Si los republicanos pierden el apoyo de los hispanos es probable que pierdan también el control del Congreso.
Finalmente, terminaremos nuestro recorrido en el Reino Unido, para contarles que el primer ministro Andy Burnham no descarta que el país vuelva a adherirse a la Unión Europea. Burnham admite que el Brexit ha tenido consecuencias económicas y sociales funestas y cree que los británicos deberían replantearse su relación política, comercial y de seguridad con el continente europeo.
Pero vamos a empezar, si les parece, por la primera vuelta de las elecciones de Brasil...
Brasil tendrá que esperar tres semanas más para conocer a su próximo presidente. Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro han pasado el corte y se disputarán la presidencia del gigante sudamericano en la segunda vuelta, el próximo 25 de octubre. Ninguno ha llegado al 50% necesario para evitar el balotaje.
La primera vuelta nos deja, sin embargo, bastantes sorpresas. El candidato opositor, el ultraderechista Flávio Bolsonaro, ha obtenido el 47% de los votos, dos puntos más que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que se queda en el 45%. Más de dos millones de votos de diferencia entre uno y otro. El resultado del primogénito del expresidente Jair Bolsonaro ha superado con creces las previsiones de todos los sondeos de intención de voto, que vaticinaban una ligera victoria del mandatario progresista.
El duelo electoral del pasado domingo ha sido el más polarizado desde el regreso de la democracia a Brasil en 1985, con dos candidatos que han concentrado el 92% del voto. Las encuestas prevén una segunda vuelta muy ajustada —un empate técnico—, aunque con Flávio Bolsonaro como favorito. De cara al 25 de octubre, la clave estará en la articulación de alianzas con los partidos que
Donald Trump aprovechó la reciente Asamblea General de las Naciones Unidas para poner en marcha el “Escudo de las Américas”: una alianza política y de seguridad destinada, según las declaraciones oficiales, a combatir el narcotráfico. El acuerdo pone en el punto de mira a una veintena de organizaciones criminales, entre las que se incluyen la Mara Salvatrucha, el Tren de Aragua o los grandes cárteles mexicanos.
Trump comparó a los cárteles de la droga con el Estado Islámico, prometió emplear contra ellos el “poder militar incomparable” de Estados Unidos y defendió que sus miembros sean abatidos o detenidos como combatientes enemigos. Luchar contra el crimen organizado es un objetivo loable, pero ese combate no debería llevarse a cabo sin la observancia escrupulosa de los derechos humanos y de la legalidad internacional.
El Escudo de las Américas tiene también una dimensión política y económica. Trump quiere que sean los países americanos los que se beneficien de la explotación de los vastos recursos naturales de la región, un mensaje que tiene como destinatario principal a China y, en menor medida, a Rusia.
En los últimos tiempos, América Latina ha recuperado un papel central en la
Desde los tiempos de Kennedy, el voto de la comunidad hispana ha sido fundamental para el Partido Demócrata, que cimentó muchas de sus victorias en el voto latino. Hace una década, sin embargo, esta realidad empezó a mutar. En 2016, Donald Trump ganó las elecciones presidenciales gracias, entre otras cosas, a recibir el 28% del voto hispano. Cuatro años después, a pesar de su derrota frente a Biden, Trump consiguió aglutinar el 36% del voto latino y, en las elecciones de 2024, logró incrementar ese porcentaje hasta el 48%. ¿Cómo lo consiguió? Con la promesa de acabar con la inflación y el compromiso de mano dura contra los regímenes socialistas de Cuba y Venezuela. La promoción de políticas activas contra el aborto y el matrimonio homosexual le granjearon además el apoyo de muchos latinos católicos y evangelistas.
No obstante, a menos de un mes para las elecciones legislativas de mitad de mandato, el idilio de Trump con la comunidad latina parece haber llegado a su fin. La media de las encuestas nacionales del último mes sitúa la intención de voto hispano hacia Trump por debajo del 30%.
Las razones que explican el desplome de la popularidad de Trump entre los votantes latinos son mú
Cruzando una de las líneas rojas del laborismo tras el Brexit, Andy Burnham ha abierto la puerta a que el Reino Unido vuelva a unirse a la Unión Europea. El primer ministro británico ha planteado cuatro opciones: mantener al Reino Unido en su situación actual, incorporarlo a una unión aduanera, volver al mercado único o “llegar hasta el final”, lo que implicaría que el Reino Unido vuelva a ser miembro de pleno derecho de la UE. Las declaraciones de Burnham rompen con la posición con la que el Partido Laborista se presentó a las elecciones de 2024 y que excluía explícitamente el regreso del Reino Unido al mercado único o a la unión aduanera de la UE, así como la restauración de la libertad de movimiento.
Burnham —que en julio relevó a Keir Starmer como primer ministro— considera que el Brexit ha causado "más daño que bien" y cree que el Reino Unido debería replantearse su relación con el continente. Su diagnóstico refleja una realidad evidente: el Brexit continúa proyectando una larga sombra sobre la economía y la sociedad británicas. La salida de la Unión Europea le ha podido costar al Reino Unido hasta un 8% del PIB. Las promesas de prosperidad y de recuperación de soberanía que re