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Lo que más me gusta de México es su cultura popular. La comida, la música, la ropa, los colores, los bailes, el arte y las artesanías. Y –¿por qué no?– sus fiestas y sus excelentes licores, como el mezcal y el pulque. Pero esto que llamo “popular”, en realidad, podría llamarse de otra forma: productos originalmente indígenas.

Y es que México, queridos oyentes, a diferencia de casi toda Latinoamérica, está construido sobre una extensa base cultural indígena. Sin embargo, México es un país extremadamente racista. El país bebe y se alimenta, literalmente, con recetas que pueden tener milenios, pero el desprecio general hacia los indios es palpable.

Pues bien, pese a este panorama tan contradictorio, a veces aparecen pequeños signos de optimismo: para las próximas elecciones del 2018 una mujer indígena busca ser presidente. Se llama María de Jesús Patricio y la llaman Marichuy. Pertenece al gr

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