Dinamarca planta cara al multiculturalismo
10 January 2018
El tormentoso y agitado siglo XX pasó a la historia, entre otras cosas de dudoso honor, como una de las eras que propiciaron los mayores movimientos migratorios a nivel global. Y todo parece indicar que el siglo XXI superará con creces a la centuria anterior en relación a los grandes movimientos de masas. ¿Cuáles son las estrategias a seguir por parte de las sociedades receptoras? ¿Cómo integrar a estos inmensos grupos de extranjeros, muchos de los cuales han crecido en culturas muy distintas y profesan religiones diferentes? ¿Cómo evitar los roces, miedos y temores, así como la presumible reacción opositora por parte de la población anfitriona?
Dos fueron las alternativas propuestas a ambos lados del Atlántico. Estados Unidos propuso el llamado melting pot, conocido en castellano como “crisol de razas”. El melting pot aconseja que los recién llegados hagan el mayor esfuerzo por alcanzar el “sueño americano”, y ello se traduce en el intento de asumir como propios los valores y las aspiraciones del estadounidense promedio. Los países europeos, en cambio, quizá traumatizados por los complejos de culpa tras dos sangrientas guerras mundiales, propusieron algo muy distinto: el multicult