| María: | Estuve mirando una miniserie sobre la increíble historia del boxeador argentino Carlos Monzón. Pero no es de esas series de “ponte en sus zapatos”. Aquí la posición queda clara: Monzón era una leyenda del deporte... hasta que asesinó violentamente a su esposa. |
| Noé: | Y su muerte también fue trágica, María. En el marco de su condena, se le permitía salir ocasionalmente de prisión. En una de esas salidas, tuvo un accidente automovilístico y falleció. ¿Cómo es esa frase? Si quieres un cadáver bonito, vive rápido y muere joven. Aunque Monzón ya no era tan joven en 1995... |
| María: | ¿Y cómo es que tú conoces tanto sobre la vida de un boxeador argentino que vivió sus días de gloria en los años setenta? |
| Noé: | ¡Porque me encanta el boxeo! Mi tío siempre veía las peleas. Lo recuerdo gritándole al televisor, como si el boxeador pudiese escucharlo: “¡Cierra los puños! ¡Sal del rincón, te van a destrozar!”. Así me empezó a gustar este deporte. |