A día de hoy, lo que conocemos como ciencia política está, en realidad, muy lejos de ser una ciencia. Pero, tras los primeros tres años de Jacinda Ardern como primera ministra de su país, virtualmente el mundo entero contaba con su victoria en las elecciones generales de Nueva Zelanda del pasado sábado, 17 de octubre.
Cuando accedió al cargo, con 37 años, Ardern se convirtió en la primera ministra más joven de la historia. Pero, a pesar de su inexperiencia de gobierno, quiso el destino que durante su primer mandato tuviera que enfrentarse a dos crisis de extrema gravedad: los atentados terroristas a las mezquitas de Christchurch de marzo de 2019 y la pandemia de coronavirus. Como a estas alturas todo el mundo sabe, la primera ministra manejó ambas situaciones extraordinariamente bien, demostrando a la vez que tal nivel de responsabilidad no es incompatible con la maternidad.
Llegadas las elecciones del pasado fin de semana, la líder laborista no solo no decepcionó, sino que llevó a su partido a obtener los mejores resultados de los últimos 50 años. Los 64 escaños obtenidos por los laboristas, de un total de 120 en el Parlamento, ponen a Ardern en situación de formar el primer Gobiern
Desde que tengo recuerdo, en España la clase política nunca ha tenido una gran reputación entre los ciudadanos. Pero quizá nunca antes había visto el nivel de descontento que se vive en la actualidad. Los mensajes dirigidos a los políticos en las redes sociales, por ejemplo, van más allá del enfado; largas diatribas donde abundan las mayúsculas, exclamaciones y con frecuencia también los insultos, y donde se pide a políticos de toda ideología que se marchen para siempre. La gente está furiosa.
No es para menos. En todo el mundo, la pandemia ha puesto al descubierto la verdadera capacidad de liderazgo de los dirigentes. En muchos países, incluyendo al nuestro, la respuesta inicial al virus fue deficiente. Si ahora la situación estuviera controlada, imagino que hablaríamos de los meses iniciales de la pandemia como de “un proceso de aprendizaje que costó vidas”, o mediante algún eufemismo similar. Pero el problema, ahora que ha llegado la segunda ola, es que no está nada claro qué aprendimos en la primera.
No me cabe duda que la comunidad científico-médica sí que ha aprendido muchísimas cosas del virus. Pero, por increíble que parezca, ahora que España vuelve a sufrir miles de nuevos c
Como sabrán, España ha sido república no una, sino dos veces. Tras el fin de la dictadura de Primo de Rivera, a principios de 1930, el rey Alfonso XIII intentó instaurar un nuevo gobierno constitucional, y, por supuesto, monárquico. Tras su fracaso, al año siguiente se convocaron unas elecciones municipales en las que quedó claro el escaso apoyo con el que contaba la monarquía. El 14 de abril de 1931 se proclamaba la Segunda República Española.
Ya en 1932 se producía un primer intento de golpe de Estado contra la República, que fracasó. Pero, tras el triunfo de la izquierda en la primera vuelta de las elecciones generales de 1936, un nuevo intento de golpe de Estado, liderado por parte del Ejército, sumió al país en la guerra civil. La victoria del bando sublevado desembocó en la dictadura del general Franco, que duró hasta su muerte, en 1975. Antes de morir, Franco ordenó su sustitución por Juan Carlos de Borbón, nieto de Alfonso XIII. El 22 de noviembre de 1975, dos días después de la muerte del dictador, Juan Carlos era proclamado rey de España.
Si hubiera prevalecido el bando republicano en la guerra civil, con toda probabilidad nuestro país sería, hoy en día, una república. Pero
Como saben, la pandemia de coronavirus ha llevado a la quiebra a muchísimas empresas. Millones de personas de todo el mundo han perdido el trabajo, y otros muchos han visto reducida su jornada laboral y su sueldo. Pero, mientras tanto, la fortuna de muchos ricos no ha hecho más que aumentar. Hace un mes, The Guardian informaba de que, en promedio, la fortuna de los 643 milmillonarios estadounidenses había aumentado un 29% desde el inicio de la pandemia.
Entre ellos está, por supuesto, el hombre más rico del mundo, Jeff Bezos. Según The Guardian, desde el comienzo de la crisis la fortuna personal del fundador de Amazon ha aumentado en más de 73.000 millones de dólares. Y, sin embargo, en estos meses de pandemia su reputación como empresario no ha mejorado en absoluto; más bien al contrario. ¿Han escuchado ustedes en algún sitio que Bezos haya compartido ni una pequeña parte de sus astronómicas ganancias con los trabajadores de su empresa? Yo tampoco.
Entretanto, en España miles de repartidores de Amazon tienen un problema mucho más grave que no ser partícipes de la buena fortuna de Bezos. Su problema es que… ni siquiera son trabajadores de la empresa. Amazon, una compañía que lleva añ
No lloraré. No tendré miedo. Para el joven griego Pavlos Fyssas, cantante de hip hop antifascista, también conocido por el nombre artístico Killah P., estas palabras eran más que la letra de sus canciones. Eran su filosofía de vida.
La madrugada del 18 de septiembre de 2013, tras ver un partido de fútbol en un bar de barrio de Atenas, con su pareja y unos amigos, Fyssas fue emboscado por un grupo de 15 o 20 neonazis. Uno de ellos le asestó dos puñaladas en el corazón y una en el abdomen. Antes de morir, Fyssas señaló ante la policía a su asesino, Giorgos Roupakias, que todavía se encontraba allí.
Tras apuñalar a Pavlos Fyssas, al parecer Roupakias no tuvo mucha prisa en abandonar el lugar. Tales eran la arrogancia y la impunidad con las que actuaban en aquel momento los miembros de la organización neonazi y partido político Amanecer Dorado. Finalmente, ahora podemos decir que Roupakias no quedará libre de castigo. El pasado miércoles 14 de octubre, más de siete años después del asesinato de Fyssas, un tribunal de Atenas condenaba a Roupakias a cadena perpetua.
El líder de Amanecer Dorado, Nikos Michaloliakos, y otros seis dirigentes del partido eran condenados a 13 años de prisión. En