En teoría, un gobierno democrático debería respetar la separación de poderes. Y hago especial hincapié en la expresión "en teoría", ya que en realidad es muy difícil encontrar un país en el que los máximos responsables del gobierno de turno no intenten ejercer influencia, de alguna manera, sobre el poder judicial. Lo estamos viendo, por ejemplo, en Estados Unidos. Este país, modelo de espíritu democrático durante décadas para el resto del planeta, está inmerso ahora mismo en una enconada lucha, liderada por Donald Trump, en torno a la designación de una jueza conservadora que decantaría claramente al Tribunal Supremo hacia el lado republicano. Y es que, aunque los gobernantes mundiales se jacten en público de no ejercer influencia directa sobre unos jueces supuestamente independientes, existe una gran diferencia entre contar con unos magistrados que simpaticen con el partido en el gobierno, o que simpaticen con la oposición. Esto lo cambia todo en relación a temas cruciales como el aborto, la eutanasia, las políticas migratorias o el modelo territorial del Estado. De modo que, estrictamente hablando, la completa separación de poderes en realidad es una utopía que nunca se ha alcanz
Admito que no vi el primer debate entre Donald Trump y Joe Biden. Pero luego, al ver el resumen de los momentos estelares y la manera en que ambos contendientes se enfangaban en un duelo verbal de pésimo gusto, me dije, con cierto morbo, que no podía perderme el segundo (y último) debate. Así que el pasado 22 de octubre activé mi despertador y, a las 3 de la mañana hora de España, me desperté.
Y lo cierto es que aquel tan esperado debate no decepcionó. Aunque la verdad es que Donald Trump ha puesto el listón tan alto en todo lo que tenga relación con insultos, descalificaciones y malos modales, que tal vez a más de un espectador aquel encuentro le habrá parecido algo insulso y aburrido. Pero en realidad hay que conceder que fue un buen debate. Es decir, un debate correcto, como debe ser. Y es que Trump no tuvo más remedio que saber comportarse. Al tener el micrófono desactivado durante los turnos de palabra del contrincante, no pudo interrumpir constantemente a su rival, tal como hizo la vez anterior. Era un tanto gracioso observar a Donald Trump moviendo en silencio sus labios con impaciencia ante su atril, a la espera de poder replicar a las hirientes palabras que le dedicaba su o
Yo no profeso la religión católica, en realidad no profeso ninguna religión, pero debo reconocer que Jorge Mario Bergoglio, mejor conocido como el Papa Francisco, es una persona por la que siento gran simpatía. Quizá se deba a que lo noto, desde que tomó posesión del cargo en el 2013, bastante incómodo en su papel como máximo representante de la Iglesia católica. Sospecho que él no quería asumir tal responsabilidad, pero quizá se vio obligado a aceptar aquel rol como una especie de misión a la que no podía dar la espalda. Muchos tenemos la convicción de que el Vaticano decidió, por primera vez en su larga historia, escoger a un Papa latinoamericano como un modo de frenar el rápido e indetenible avance de las iglesias evangélicas por todo ese territorio. Latinoamérica es la zona del planeta que más fieles católicos pierde cada año, de modo que la elección de un pontífice proveniente de esa región, específicamente de Argentina, no parece casual. Pero a pesar de quizá saberse un tanto utilizado y de la incomodidad que se percibe en él, el Papa Francisco ha intentado ejercer su oficio de la mejor manera posible. Y ello le ha llevado a tener ya varios choques con el sector más ortodoxo
Una de las frases más conocidas de los últimos tiempos reza lo siguiente: "La Historia la escriben los vencedores". No se sabe a ciencia cierta quién la dijo originalmente. Hay quienes piensan que fue Churchill, otros apuestan por George Orwell, Pero independientemente de la autoría, lo cierto es que el aforismo encierra bastante verdad. Y es que no sólo es válido para tiempos de guerra, sino también para cualquier escenario en el que haya dos bandos. Por ejemplo, entre el género masculino y el femenino. Y también es aplicable, por supuesto, al mundo de la cultura y de la creación artística.
Qué duda cabe de que han sido los hombres quienes han escrito la Historia a lo largo de los siglos. Si hacemos un repaso histórico en relación a cualquier actividad humana, ya sea la investigación científica, la política, la filosofía, las artes o incluso el deporte, veremos que los hombres abarrotan cualquier lista de celebridades. Pero esto se debe lógicamente a que han sido los hombres, gracias a las tradicionales estructuras patriarcales de poder, quienes se han encargado de que las mujeres no tuvieran demasiadas oportunidades de sobresalir en los distintos ámbitos. Y a esto también hay que
Siempre se ha dicho que los estilos futbolísticos del Barcelona y del Real Madrid son muy distintos. En realidad, el Barça tiene un estilo muy definido desde hace décadas, mientras que el Madrid prácticamente carece de él. El sistema del Barça, desarrollado por Johan Cruyff (el legendario entrenador que dirigió el equipo entre 1988 y 1996), consiste en tener el control de la pelota durante la mayor parte del partido, hasta llegar a desquiciar al equipo adversario. Es una estrategia, basada en pases y más pases entre los jugadores, que luego sería retomada por Josep Guardiola como entrenador hace ya algunos años. Y así hasta nuestros días.
El Real Madrid, en cambio, al carecer de un estilo definido, se deja llevar por el talento individual de sus jugadores. Son ellos, y no la estrategia, los que marcan la diferencia. El equipo blanco, a diferencia del Barça, no intenta tener la posesión del balón durante el mayor tiempo posible. El Madrid depende por entero de los fogonazos intermitentes de sus grandes estrellas, las cuales suelen decidir los partidos en los momentos más inesperados, gracias a su enorme talento. Es por ello que el Madrid de hace una década es muy distinto al Madrid a