La primera noticia del programa de esta semana trata sobre inteligencia artificial. Discutiremos un estudio reciente que examina la influencia estatal sobre las compañías tecnológicas, y sobre la libertad de expresión. Los investigadores les pidieron a 10 conocidos chatbots que prepararan panfletos críticos contra distintos gobiernos. Y lo que descubrieron es que los modelos de inteligencia artificial eran mucho más propensos a criticar a los líderes democráticos que a los dictadores. Algo quizá atribuible a su entrenamiento. ¿Podrían los chatbots criticar a Pekín, Moscú, o a la monarquía tailandesa, nos preguntaremos, si logramos convencerlos de que es lo que queremos oír?
Continuaremos luego nuestro recorrido discutiendo un caso de racismo en el deporte. Pero no se trata, en este caso, de aficionados problemáticos gritando insultos racistas desde las gradas de algún estadio. No, discutiremos los comentarios hechos recientemente por Mariano Rajoy, todo un expresidente del Gobierno español. Tras sus palabras, a Rajoy le están lloviendo las críticas y, sin embargo, en lugar de disculparse, él pide “buen humor”. Rajoy se retiró hace años de la política, y ahora parece pensar que ya puede hablar sin tapujos. El antiguo líder del Partido Popular, reflexionaremos, no es quizá el político moderado que algunos creían.
Los sanfermines, la famosa fiesta taurina que se celebra por estas fechas en Pamplona, serán nuestro siguiente tema de discusión. Hace ahora un siglo, Ernest Hemingway, un apasionado de la tauromaquia, publicaba Fiesta —The Sun Also Rises, el libro que popularizó los sanfermines en todo el mundo. En 2026, como todos los años, miles de personas han viajado a Pamplona para correr delante de los toros. A pesar de todo, como veremos, las cosas han cambiado: la gran mayoría de españoles rechaza actualmente la tauromaquia. La cuestión es cuándo dejaremos de permitir que se maten toros para el divertimento de unos pocos.
Y esta semana cerraremos el programa comentando la extraordinaria subasta celebrada hace unos días en Nueva York. Allí, Sotheby’s puso a la venta el esqueleto de Gus, un tiranosaurio rex fosilizado de unos 67 millones de años de antigüedad. Se trataba de uno de los tiranosaurios más grandes y completos nunca encontrados, y su precio de venta final superó las expectativas: 50,1 millones de dólares. Una cifra al alcance de muy pocos, incluyendo los numerosos museos donde un ejemplar así, en principio, debería estar. Si Gus acaba en manos privadas, como discutiremos, podría significar que no resultará de ninguna utilidad para la ciencia.
Pregúntale a ChatGPT en inglés si China es una democracia y te responderá que, en general, se considera que no. Dirígete al chatbot en chino, sin embargo, y la respuesta cambia: “depende de cómo definas ‘democracia’”.
Esto, que casi podría parecer un chiste, es uno de los hallazgos incluidos en un artículo que apareció el mes de mayo en la revista Nature. Otro estudio, publicado el pasado jueves, 16 de julio, por Meta Oversight Board, descubrió un patrón similar en 10 conocidos chatbots, entre ellos los desarrollados por Meta, Anthropic y la propia OpenAI.
Los investigadores de Meta Oversight Board les pidieron a los chatbots que prepararan panfletos críticos contra distintos Gobiernos. Y lo que descubrieron es que los modelos de inteligencia artificial eran mucho más propensos a criticar a las autoridades de países como Chile, Japón o Reino Unido que a las de lugares como China, Arabia Saudí o Tailandia: países donde tales comentarios se castigan.
El propósito de este tipo de estudios es examinar la influencia estatal sobre las compañías tecnológicas, y su impacto en la libertad de expresión. Uno piensa en alguien como Xi Jinping en China, o como Vladímir Putin, aunque, por el moment
El racismo —huelga decir— no llega siempre de la mano de algún neonazi o supremacista blanco. A veces, llega de la mano de un campechano expresidente del Gobierno español. Mariano Rajoy, en su anodina columna Hay que tener buen humor en el diario El Debate, dedicada al Mundial de fútbol, anticipaba hace unos días el choque de semifinales entre España y Francia. Los Bleus, opinaba el antiguo líder del Partido Popular, “tienen una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”.
“Ustedes ya me conocen”, dice Rajoy en una de sus diatribas en El Debate. Tiene razón en eso el expolítico. Al leer lo de “Eso sí, sin franceses”, casi me dio la sensación de que podía leerle la mente. Y allí me imaginé encontrar un rótulo que, en grandes letras iluminadas, decía: “Una persona negra no puede ser francesa”.
Como ha apuntado mucha gente estos días tras las polémicas palabras de Rajoy, los 26 jugadores de la selección gala de fútbol son, por supuesto, franceses. 23 de ellos, de hecho, nacieron en Francia. Perfecto, pero ¿acaso cree alguien que el Sr. Rajoy se ha molestado en hacer averiguaciones sobre estos futbolistas? Apuesto a que no ha hecho más que mirar el color de su piel, y ya ha creí
Con la muerte de Ernest Hemingway en 1961, el mundo del toreo perdió a un gran admirador. Pero las obras que el escritor le dedicó a la tauromaquia han quedado, por supuesto, para la posteridad, y ahora Fiesta —The Sun Also Rises, para el lector angloparlante— cumple 100 años.
Como antitaurino, me gustaría poder decir que, transcurrido un siglo desde la publicación de Fiesta, en España estamos todos de acuerdo con que el romanticismo y el fervor que sentía Hemingway por el toreo han quedado desfasados. Pero no. Basta ver las miles de personas que, el pasado 14 de julio, se reunieron en Pamplona para celebrar los sanfermines, la fiesta tan querida por el escritor.
Las cosas, a pesar de todo, sí que han cambiado. Una encuesta llevada a cabo en 2025 por la Fundación BBVA reveló que el 77 % de los españoles rechaza la tauromaquia. Otro estudio, realizado también el año pasado, en este caso por la empresa Sigma Dos para El Mundo, reportó una cifra prácticamente idéntica: en nuestro país, el 78 % de las personas rechaza las corridas de toros. Esta última encuesta, sin embargo, también reveló que solo un 48 % de los encuestados le retiraría a la tauromaquia su estatus de patrimonio cultura
Gus, un tiranosaurio fosilizado de unos 67 millones de años de antigüedad, fue vendido el pasado martes en Nueva York por 50,1 millones de dólares. El ejemplar, descubierto en un rancho privado del condado de Harding, en Dakota del Sur, es al parecer uno de los tiranosaurios rex más grandes y completos nunca encontrados.
El esqueleto del dinosaurio, según contaba hace unos días The Guardian, causó sensación en el edificio de Sotheby’s donde estuvo expuesto antes de la puja. Ayuda —imagino— que la casa de subastas decidiera montarlo en postura predatoria. El cráneo del animal es tan grande y pesado que Sotheby’s decidió no montarlo junto al resto de huesos fosilizados, y en su lugar utilizó una réplica.
Dado el abultado precio de venta, parece improbable que el misterioso postor telefónico que se adjudicó el esqueleto fuera el representante de un museo. Lo cual es un problema. “Un fósil que no está en la colección de un museo reconocido no puede ser estudiado, y por lo tanto está perdido para la investigación”, declaraba a The Guardian el profesor Richard Butler, un paleontólogo de la Universidad de Birmingham. “Hace cientos de años que se venden y compran fósiles, pero los precios es