Hoy comenzaremos nuestro recorrido con una noticia que llegó hace unos días desde Damasco y que dio la vuelta al mundo: la condena a muerte de Bashar al-Asad. El exdictador fue condenado in absentia por crímenes cometidos durante los 14 años que duró la guerra civil siria. La sentencia, aseguran algunos medios, ha ofrecido una cierta sensación de justicia en Siria. Y, sin embargo, quizá a los sirios les resulte difícil contentarse con este desenlace, sabiendo que el exdictador disfruta de una vida acomodada en Moscú.
A continuación, comentaremos una reciente riña diplomática entre España e Italia. El pasado 30 de julio, decenas de miles de migrantes entraron ilegalmente en Ceuta, un enclave español situado en la costa norte de Marruecos. Los halcones antiinmigración de la política europea no tardaron en criticar a España. La reacción más contundente, quizá, fue la de Giorgia Meloni, la primera ministra italiana, que decidió restablecer los controles fronterizos a los viajeros procedentes de España. Una medida que, argumentaremos, puede verse más como postureo político que otra cosa. En respuesta, Madrid reinstauró los controles de frontera a quienes llegan a nuestro país desde Italia. ¿Qué otra cosa podía hacer el Gobierno español?
Nuestro tercer tema de discusión de hoy trata sobre una tecnología polémica. Las gafas inteligentes de última generación no son, en principio, fácilmente distinguibles de unas gafas de sol normales, o de unas gafas graduadas de montura gruesa. ¿Qué impide a quienes las llevan, nos preguntaremos, grabar sin su consentimiento a cualquiera? Meta, el principal fabricante de este tipo de productos, ha contratado a celebridades e influencers para promocionar sus gafas inteligentes. Algunos de ellos, sin embargo, han tenido que disculparse, tras ser muy criticados por publicar vídeos grabados con las gafas. La polémica que rodea estos productos, todo parece indicar, dista mucho de estar zanjada.
El último segmento del programa estará protagonizado por una curiosa figura de la política británica: el Conde Carabasura. El personaje, bajo cuyo disfraz está el humorista Jon Harvey, hizo su debut político en 2017. Las recientes elecciones especiales de Clacton, en Inglaterra, en las que Carabasura ha desafiado al ultraderechista Nigel Farage, han sido ya los séptimos comicios a los que se presentaba. Como era quizá previsible, el Conde Carabasura fue derrotado en las urnas por Farage. Hay quienes aseguran, a pesar de todo, que el personaje tiene “más integridad que muchos políticos de carrera”, y confían en que su singular andadura política continúe.
El pasado 11 de agosto, la Sala Cuarta de la Corte Penal de Damasco condenó a muerte a Bashar al-Asad. El exdictador sirio fue condenado in absentia por los crímenes de “asesinato premeditado e intencional de más de una persona y de niños, tortura, arresto arbitrario y crímenes contra la humanidad”. La lectura de la sentencia fue retransmitida en vivo en la televisión estatal siria.
El veredicto incluyó a otras ocho personas. Además del expresidente, también fue condenado a muerte in absentia su hermano Maher al-Asad. Atef Najib, primo del exdictador, y quien también recibió la pena capital, fue el único encausado presente durante el juicio. Expertos legales de todo el mundo han seguido de cerca el proceso judicial y están analizándolo con lupa para dilucidar, entre otras cosas, hasta qué punto los acusados contaron con las garantías legales necesarias.
Tengo mis dudas de si alguien como Tal al-Mallohi sería excesivamente puntillosa con estas cuestiones. Durante los 15 años que pasó en una de las cárceles de Al-Asad —según declaraba recientemente al diario ABC— la popular bloguera siria escuchaba los gritos de otros presos al ser torturados “día y noche”. Para la mayoría de nosotros,
Los halcones antiinmigración de la política europea hace tiempo que tienen a Pedro Sánchez, el presidente de España, en el punto de mira. La iniciativa en curso del Gobierno español de regularizar a 500.000 inmigrantes indocumentados ya los tenía irritados. Y cuando, el pasado 30 de julio, decenas de miles de marroquíes entraron ilegalmente en Ceuta —un enclave español situado en la costa norte de Marruecos—, la respuesta no se hizo esperar.
“Las imágenes devastadoras son la consecuencia directa del efecto llamada de una regularización masiva”, escribió en las redes sociales Manfred Weber, líder alemán del Partido Popular Europeo. La ultraderecha francesa pidió celebrar un “debate urgente sobre el fracaso de las políticas migratorias de la Unión Europea”. Pero la palma se la llevó seguramente Giorgia Meloni, la primera ministra italiana, que decidió restablecer los controles fronterizos para las llegadas de viajeros desde España.
Algunos medios informaron de que Italia había “suspendido” el Acuerdo de Schengen —bajo el cual se suprimen los controles fronterizos entre los países firmantes— con respecto a España. Una interpretación probablemente errónea, ya que el Acuerdo de Schengen c
Unos las llaman “gafas espía”. Otros —en especial, si quien las lleva es un hombre— prefieren utilizar un término menos sugerente: “gafas de pervertido”. Estamos hablando, como habréis adivinado, de las gafas inteligentes de Meta.
El año pasado, según ciertos informes, Meta vendió más de 7 millones de pares de estas gafas. Y, sin embargo, el producto sigue provocando polémica. Las gafas inteligentes de última generación —las de Meta, e, imagino, las de otros fabricantes— no son, en principio, fácilmente distinguibles de unas gafas de sol normales, o de unas gafas graduadas de montura gruesa. ¿Qué impide a quienes las llevan grabar sin su consentimiento a cualquiera?
No nos engañemos. El diminuto indicador luminoso rojo que, supuestamente, parpadea en la montura al grabar, no garantiza nada. Por las redes sociales circulan ya multitud de vídeos filmados con gafas inteligentes, y quienes aparecen en ellos —pondría la mano en el fuego— no dieron su consentimiento para ser grabados.
Abundan, por supuesto, las ocurrencias de adolescentes o veinteañeros, que se graban tomándole el pelo al dependiente de una tienda, a un compañero de clase, o a un desconocido en la calle. En la era de las re
El pasado 7 de julio, Nigel Farage renunció a su escaño en el Parlamento británico. A finales de abril, The Guardian había revelado que Christopher Harborne —un empresario británico afincado en Tailandia que ha hecho fortuna, entre otras cosas, invirtiendo en criptomonedas— había donado 5 millones de libras a Farage. La donación está siendo investigada por el Parlamento, pero, entretanto, el político de ultraderecha decidió renunciar a su escaño, declarándose víctima de una persecución política.
La renuncia de Farage resultó en la convocatoria de unas elecciones especiales en Clacton-on-Sea, una población costera del sudeste de Inglaterra, para elegir al nuevo representante del condado de Clacton en el Parlamento. Los partidos rivales se negaron a participar, calificando las elecciones como un “circo” pensado para distraer al público de las acusaciones contra Farage. Ello convirtió en el principal adversario de Farage a un inusual candidato independiente: el Conde Carabasura.
El Conde Carabasura se presenta como un “guerrero espacial intergaláctico”. Lleva un traje con capa —qué sé yo— de película espacial de serie B, con un enorme cubo de basura por casco. Y su “manifiesto” electora