La modernidad que vino del frío
8 November 2017
En términos de modernidad, en España con frecuencia confundimos el tocino con la velocidad. Si es la primera vez que oyen esta graciosa expresión, quizá estén preguntándose qué tiene que ver una cosa con la otra. Nada. Precisamente por eso, la expresión resulta tan apta para ilustrar que alguien está mezclando dos cosas totalmente dispares.Un ejemplo. En pocos países, por no decir ninguno, he visto oficinas bancarias tan modernas como en España. En algunas, si uno bajara las luces creería encontrarse en algún lounge de moda. ¿Va eso de la mano de unos servicios innovadores, excelentes, nunca vistos en banca? Para nada. Los servicios bancarios en nuestro país siguen siendo… ¿cómo diría? La même merde. Disculpen mi francés.
Nos pierden las apariencias. Una cuestión que yo veo como sine qua non para considerar moderna a una sociedad —o para decir si avanza o, al contrario, retrocede— es la igualdad de género. En España, —ya comentamos en alguna ocasión— aunque está muy bien que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad incorpore la palabra “igualdad” a su nombre, la situación respecto a este problema sigue siendo… en fin, ya me sale otra vez el francés.
No sé cómo serán la