El gran misterio de la culpa
15 November 2017
Recuerdo la noticia como si fuera ayer. Y creo que la mitad del país también la recuerda. Doce años atrás, tres chavales de la clase alta catalana irrumpían de madrugada en una oficina bancaria, rociaban con gasolina a una mujer indigente, y acto seguido le prendían fuego. La mujer moría dos días después a causa de las quemaduras. Las imágenes grabadas eran sencillamente espeluznantes. Durante el juicio que se celebró poco después, observando el rostro de Ricard Pinilla, aquel joven de 18 años recién cumplidos y líder de la pandilla, recuerdo haber pensado: si ese chico fuera hijo mío, cortaría todo lazo con él e intentaría olvidarlo a partir de ese momento.Ricard Pinilla ha pasado los últimos once años de su vida en la cárcel. Y ha tenido muchísimo tiempo entre rejas para reflexionar acerca de sus actos. Ahora se encuentra en régimen carcelario abierto, lo que le permite disfrutar de la libertad con ciertas restricciones. Aunque lo de “disfrutar” quizá no sea el verbo adecuado, porque Ricard ha intentado, durante las últimas semanas, abrirse ante los medios de comunicación a través de varias entrevistas. Lejos de buscar refugiarse en el anonimato, tal como haría la inmensa mayoría