“Esta no es nuestra guerra; nosotros no la comenzamos”
La campaña militar en curso del presidente Trump contra Irán ha puesto a los líderes europeos en la difícil postura de resistirse a la petición de ayuda del mandatario estadounidense para reabrir el estrecho de Ormuz. Trump ha criticado públicamente a Europa por no mostrarse lo suficientemente agradecida por la protección estadounidense, y advirtió que la negativa a ayudar podría perjudicar el futuro de la OTAN.
Aunque los líderes europeos intentan mantener una buena relación con Washington, han dejado claro que no quieren escalar el conflicto. Reino Unido declaró que no quería verse “arrastrado a una guerra a mayor escala”, mientras que Francia, Alemania, Italia y Polonia declinaron también participar de forma directa, haciendo hincapié en las soluciones diplomáticas y en las posturas defensivas.
La resistencia Europea a participar tiene que ver con el recuerdo de la costosa guerra de Irak en 2003, y con el escepticismo a involucrarse en lo que muchos ven como una “guerra por elección”. Muchos líderes reiteran que la OTAN es una alianza defensiva, y que, a diferencia del 11 de septiembre, no ha habido ningún ataque sobre un miembro de la OTAN. También mencionan procedimientos especí