Un difícil camino por recorrer
Si hay algo que distingue a Andrés Manuel López Obrador es su tenacidad. El nuevo presidente mexicano ha comprendido muy bien que en el competitivo mundo de la política quien no posee paciencia, ni perseverancia, está condenado a desaparecer. El incombustible dirigente, también conocido como AMLO por sus iniciales, aguardó su momento, no desesperó, y obtuvo sus frutos. Dos veces fracasó en el intento de acceder al sillón presidencial, y a la tercera oportunidad finalmente lo consiguió. Tanta espera, por supuesto, ha puesto nerviosa a mucha gente. Y no sólo a los millones de seguidores de López Obrador, quienes aguardaban con ansias la llegada al poder de este hombre que ha prometido un vuelco total en la manera de hacer las cosas. También a muchos de sus detractores, quienes temen que precisamente esta nueva manera de hacer política, en la que se detectan ciertos coqueteos con el populismo de izquierdas, termine arrastrando al país a una crisis como la que se está viviendo en Venezuela. Sólo el tiempo dirá si los temores y las esperanzas estaban justificados o no.
Una pesadilla de nunca acabar
A finales del 2017 numerosos economistas, así como diversos organismos internacionales, advirtieron lo mismo: a lo largo de todo el 2018, Venezuela sufriría una crisis humanitaria de proporciones nunca antes vistas en la región latinoamericana. Los pronósticos, por desgracia, fueron completamente acertados, e incluso es posible que se hayan quedado algo cortos. La hiperinflación desbocada, que algunos expertos sitúan por encima del millón por ciento, la terrible carestía de alimentos y de medicinas, así como los alarmantes niveles de violencia e inseguridad que atenazan a los ciudadanos, han obligado a más de dos millones de venezolanos a abandonar el país en tan sólo el último año. Aquello ha desestabilizado a toda Suramérica, principalmente a países como Colombia, Perú, Ecuador y Brasil, los cuales no sólo han tenido que destinar ingentes recursos para atender a los desplazados, sino que también se han visto obligados a sofocar varios brotes de xenofobia. Resulta triste comprobar que por más que los analistas hayan divulgado ampliamente y con tiempo suficiente sus previsiones, aquello no ha impedido en lo más mínimo que las profecías más apocalípticas se cumplieran.
Y es que, por
Cambios de alianzas en el tablero sirio
Es un hecho ya ampliamente confirmado que la principal estrategia de Donald Trump —si es que realmente tiene alguna y no va simplemente improvisando día a día— es impulsar el progresivo aislamiento de Estados Unidos dentro de la comunidad internacional. En la mente empresarial del presidente, todo se reduce a una cuenta monetaria en la que, en teoría, la gran mayoría de los socios estratégicos se aprovechan económicamente de Estados Unidos. Nada importan las influencias y las alianzas regionales, la historia y los intereses compartidos, las previsiones a futuro... No, para el inquilino de la Casa Blanca lo único que tiene especial relevancia es el billete verde. A ello se limita su diplomacia internacional. El lema "America First" en realidad podría entenderse como "America Alone". Ya lo hemos visto en las cumbres sobre el cambio climático, durante las arduas negociaciones en torno a los tratados de intercambios comerciales... y ahora lo estamos presenciando —una vez más— en el ámbito de la estrategia bélica: a Donald Trump le gusta la soledad y el aislamiento del más fuerte.
El presidente visitó el pasado 26 de diciembre a las tropas estadounidenses afincadas en Bagdad. Allí repit
La era de la volatilidad
"Todo lo sólido se desvanece en el aire". Ésta es una de las tantas frases célebres contenidas en el Manifiesto Comunista, escrito por Marx y Engels en el año 1848. Y, a pesar de haber sido escrita hace ya más de 170 años, pareciera ser una oración destinada a describir con gran acierto el malestar de nuestro mundo contemporáneo. Otros filósofos, más actuales, han aportado una visión similar de la realidad global. Zygmunt Bauman ha definido nuestra época como la de "los tiempos líquidos". Por su parte, Daniel Innerarity ha escogido otro estado de la materia para describir la actualidad: el gaseoso. En cualquier caso, lo cierto es que la realidad que se presenta ante nuestros ojos es cualquier cosa menos sólida; metafóricamente hablando, por supuesto. Esto quiere decir que el ciudadano común, habitante de esta gran aldea global, tiene serias dificultades para encontrar a su alrededor certezas y asideros que le permitan sentir confianza en el futuro. En un mundo eternamente volátil, gaseoso y líquido a la vez, el ser humano ha aprendido, por la fuerza, a convivir con la ansiedad.
Este malestar colectivo ha llevado a millones de ciudadanos a apoyar con su voto a unos políticos populis