Pero vamos a empezar, si les parece, por el lanzamiento del proceso de destitución de Donald Trump en el Congreso de los Estados Unidos.
El Congreso de los Estados Unidos inicia los trámites para destituir a Trump
El pasado 24 de septiembre, la presidenta de la Cámara de Representantes y tercera autoridad de Estados Unidos, Nancy Pelosi, abrió oficialmente la investigación previa para iniciar el proceso de destitución —o impeachment— del presidente Trump. La decisión de la veterana congresista demócrata ha desatado una enorme tormenta política en Washington, justo cuando el país se prepara para vivir una de las campañas presidenciales más tensas y polarizadas de la historia.
Después de varios años amagando con intentar destituir a Trump, los demócratas se han atrevido al fin a dar el paso. El detonante ha sido un presunto intento del presidente de Estados Unidos de perjudicar la campaña presidencial del exvicepresidente Joe Biden, uno de los aspirantes a la nominación demócrata. Según un informante de los servicios de inteligencia, Trump le pidió al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que investigara a Biden y a su hijo Hunter por corrupción. Lo hizo el pasado 25 de julio, en una llamada telefónica cuya transcripción ha sido desclasificada y difundida a través de los medios de comunicación.
La Constitución de los Estados Unidos prevé la posible destitución del presidente si el Congre
La Asamblea General de la ONU sigue sin resolver los problemas del mundo
Desde hace 74 años, los líderes del mundo se reúnen cada mes de septiembre en Nueva York para participar en la Asamblea General de la ONU. Una cita que ha dejado momentos memorables e imágenes indelebles en nuestras retinas. ¿Quién no recuerda al presidente soviético, Nikita Khrushchev, protestando, zapato en mano, por las críticas a la URSS? ¿O al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, llamando “diablo” a George W. Bush desde la tribuna? Todos los años, la Asamblea General de la ONU nos deja frases y discursos que pasan a los anales de la historia.
Entre las alocuciones más destacadas de este año está, sin duda, la de Donald Trump. El presidente de Estados Unidos proclamó ante el plenario que el futuro no les pertenece a los globalistas sino a los patriotas. Una versión evolucionada de su famoso lema America first. Es lamentable que, en pleno siglo XXI, el presidente de la principal potencia del mundo promueva el aislacionismo en vez del multilateralismo, sobre todo si tenemos en cuenta que los grandes problemas del planeta como el cambio climático, los conflictos internacionales o los flujos migratorios no se pueden resolver sin la cooperación entre estados.
Un ideario parecido al
Trump firma un acuerdo con El Salvador para limitar la inmigración irregular
Durante la campaña electoral de 2016, antes de llegar a la Casa Blanca, Donald Trump prometió que si algún día se convertía en presidente de Estados Unidos haría todo lo posible para frenar los flujos de la inmigración irregular. Se comprometió a deportar a los inmigrantes indocumentados e incluso a construir, con carácter inmediato, un muro en la frontera con México que, afortunadamente, aún no ha sido levantado.
Parte de la estrategia anti-migratoria de Trump, avalada por un fallo reciente de la Corte Suprema, consiste en convencer a México y a varios países centroamericanos para que acepten dar asilo a los migrantes deportados por Estados Unidos. En julio, la Administración republicana llegó a un acuerdo con Guatemala para que las autoridades de este país se comprometieran a dar refugio a solicitantes de asilo expulsados del territorio estadounidense. El pasado 20 de septiembre, firmó un acuerdo similar con El Salvador, y su intención es hacer lo mismo con Honduras el próximo mes de octubre.
Es indignante que el gobierno de Estados Unidos se empeñe en hacer creer a la comunidad internacional que los países del llamado Triángulo Norte centroamericano pueden ser considerados paíse
Los barrios más “cool” de América Latina, según Time Out
Time Out es una de mis publicaciones favoritas. La conocí cuando visité Londres por primera vez. Es la guía perfecta para disfrutar del ocio en cualquiera de las grandes capitales del mundo. Esta revista británica, que tiene más de medio siglo de vida, se publica en más de 300 ciudades y es idónea para elegir una película en el cine, una obra de teatro o un restaurante, por poner algunos ejemplos.
El pasado 19 de septiembre Time Out publicó su lista con los 50 barrios más “cool” del mundo. Les confieso que me sorprendió ver que en los primeros puestos no había ningún barrio latinoamericano. Según la revista, Arroios, en Lisboa; Shimokitazawa, en Tokio y Onikan, en Lagos, son los tres barrios más “cool” del mundo. Les siguen en esta relación barrios de otras ciudades como Berlín, Los Ángeles, Hobart, París, Nueva York, Madrid, Chicago y Londres.
Para encontrar el primer barrio latinoamericano en la lista, tenemos que descender hasta el puesto 17: Jalatlaco, en la ciudad mexicana de Oaxaca. Los que han tenido la suerte de visitarlo dicen que pasear por sus calles empedradas es como viajar al pasado. Las fachadas de las casas están llenas de color, llenas de murales y mosaicos que le c
¿Dónde están enterrados los dictadores de América Latina?
El pasado 24 de septiembre, el Tribunal Supremo de España ordenó la exhumación del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos, el mausoleo ubicado en las afueras de Madrid en el que descansa desde su muerte en 1975. Creo que la decisión de la justicia española es una muy buena noticia para la democracia y los derechos humanos. Es intolerable que un autócrata sanguinario como Franco, aliado de Hitler y Mussolini en los años 30, siga enterrado con todos los honores de un jefe de estado respetable.
Por orden de la justicia, los restos mortales de Franco serán trasladados al Palacio del Pardo, donde, casualidades de la vida, está enterrado también su amigo y dictador dominicano, Leónidas Trujillo. Esta circunstancia me hizo pensar en dónde están sepultados, y con qué honores, los distintos dictadores que hubo en América Latina en el siglo XX. Países que, al igual que España, han tenido que enfrentarse a la cuestión de qué hacer con el cadáver de un dictador difunto.
La primera conclusión a la que podemos llegar es que los dictadores latinoamericanos corrieron, por lo general, peor suerte que el General Franco. Empezando por Trujillo, que había construido su propio mausoleo en Sant