Pero vamos a empezar, si les parece, por la crisis sanitaria en China…
Uno de los mayores temores de la humanidad es la aparición de un virus pandémico que pueda matar a buena parte de la población del planeta. La historia está ahí para recordarnos que algo así puede ocurrir. A finales de la edad media, la peste negra acabó, por ejemplo, con el 20% de la población de Europa, Asia y África. En 1918, la gripe española mató a cerca de 40 millones de personas en todo el mundo. Y desde su descubrimiento en 1981, el VIH ha sido la causa del fallecimiento de 35 millones de seres humanos. El cine ha explotado de forma recurrente el miedo a las pandemias letales. Películas como Outbreak (1995) y Contagion (2011) intentaron mostrar lo difícil que es contener la propagación de un agente vírico en las sociedades globalizadas e intercomunicadas de hoy en día.
La semana pasada, como viene ocurriendo desde hace 50 años, las élites políticas, empresariales y académicas del mundo se dieron cita en el Forum Económico de Davos para discutir sobre los grandes asuntos globales. Las reuniones se celebraron entre el 21 y el 24 de enero, y a ellas asistieron algunos de los líderes más importantes de la escena internacional. A la cabeza de ellos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El tema central de esta edición fue el cambio climático. Los cerca de 3.000 participantes en el Foro Económico Mundial debatieron sobre cómo puede el sistema capitalista combatir el calentamiento global y contribuir a lograr un planeta más sostenible. En Davos, como ya ocurriera en la Asamblea General de la ONU y en la Cumbre del Cambio Climático de Madrid, la estrella fue Greta Thunberg. La activista sueca volvió a subirse a la tribuna para reprochar a la dirigencia mundial su inacción para frenar el deterioro del medio ambiente. “Nuestra casa está ardiendo y su pasividad aviva las llamas cada hora que pasa”, dijo Thunberg con tono admonitorio. En su denuncia, la joven ecologista hacía alusión a los devastadores incendios que están arrasando Australia y a los
La Riviera Maya, en el estado de Quintana Roo, es uno de los principales reclamos turísticos de México. Comprende más de cien kilómetros de costa caribeña que se extienden a lo largo de la península del Yucatán. Sus playas, de arena blanca y fina, y sus aguas, de color turquesa, reciben diariamente a miles de visitantes foráneos, deseosos de disfrutar los placeres de este paraíso terrenal. La Riviera Maya no solo ofrece sol y playa, sino que la región alberga, además, imponentes monumentos de la época maya y una preciada reserva de la biosfera. El potencial turístico de la zona queda demostrado con su enorme capacidad hotelera: 405 hoteles de clase internacional. Cerca de 45 millones de personas visitan cada año las playas cristalinas del Yucatán.
La Riviera Maya empezó a explotarse turísticamente hace 25 años. Desde entonces, se ha convertido en uno de los motores de la economía mexicana. El turismo representa nada menos que el 8,7% del PIB del país. Las autoridades mexicanas temen, sin embargo, que la industria turística pueda desplomarse en un futuro no muy lejano. La causa no es otra que la llamada crisis del sargazo. Desde 2015, la costa oriental de la península del Yucatán suf
La inmigración es uno de los temas calientes en la agenda política de muchos países. En Estados Unidos y en Europa, por ejemplo, los gobiernos están preocupados por proteger sus fronteras frente a la inmigración irregular, temerosos de que la llegada de extranjeros diluya la identidad nacional y deteriore el nivel de vida de la población autóctona. La mayor parte de estos argumentos se basan, en mi opinión, en premisas falsas. Son muchos los académicos que han demostrado lo beneficiosa que es la inmigración para la economía. Y muchos, también, los investigadores sociales que han acreditado cómo los inmigrantes contribuyen a configurar sociedades más plurales, diversas y tolerantes. Además, a mi entender, los gobiernos de Estados Unidos y Europa actúan con cierto cinismo, pues son perfectamente conscientes de que necesitan inmigrantes para corregir sus dinámicas demográficas negativas.
En este sentido, me alegro de que al fin haya un gobierno en el mundo que se muestre abierto a recibir inmigrantes. Es el de Uruguay, cuyo flamante presidente, el conservador Luis Lacalle Pou, está resuelto a incrementar la población del país, estancada en los 3,5 millones de habitantes desde 1990. Con
El 18 de julio de 1994, Argentina sufrió el peor atentado terrorista de su historia. Un camión bomba explotó en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), el principal centro comunitario de la comunidad judía en Buenos Aires, causando 85 muertos y más de 300 heridos. La tragedia, de la que ya se han cumplido 25 años, está grabada a sangre y fuego en la memoria colectiva de los argentinos.
En 2005, el difunto presidente de Argentina, Néstor Kirchner, encargó al fiscal especial Alberto Nisman la investigación del atentado. Las pesquisas no tardaron en fructificar y, a los pocos meses, la justicia argentina tenía ya suficientes pruebas para acusar a Irán y a la milicia chií libanesa de Hezbollah de ser los autores materiales de la acción terrorista. En 2007, Nisman requirió a Interpol la detención de cinco exfuncionarios iraníes de alto rango.
El gran giro en el guión de esta historia se produjo en 2015, cuando el fiscal especial sorprendió al país entero al acusar a la entonces presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, de encubrir y proteger a los autores del atentado. Nisman reveló que la Casa Rosada había firmado en 2013 un “memorando de entendimiento c