Pero vamos a empezar, si les parece, por el espionaje masivo de Estados Unidos a decenas de países, tanto enemigos como aliados…
Los grandes espías del siglo XX – como Mata-Hari, Joan Pujol o Kim Philby – se jugaron la vida para desvelar los secretos más inconfesables de sus enemigos. Pero en realidad, desde la Gran Guerra, los mejores espías no han sido las personas, sino las máquinas. Alan Turing, por ejemplo, logró desarrollar durante la Segunda Guerra Mundial la tecnología necesaria para desencriptar los mensajes de las Enigma alemanas. Y eso, en última instancia, permitió a los aliados derrotar a los nazis.
Nayib Bukele, un joven empresario de 37 años, se convirtió en junio pasado en el presidente de El Salvador, después de ganar las elecciones contra todo pronóstico. Su ascenso al poder tuvo mucho que ver con su principal promesa electoral: la de combatir a las maras y a las mafias del narcotráfico que han convertido a este pequeño país centroamericano en uno de los más peligrosos del mundo. Desde su llegada a la presidencia, Bukele ha puesto en marcha el llamado Plan Territorial, para que las fuerzas de seguridad combatan a las pandillas y recuperen el control de la totalidad del territorio. El problema con el que se ha topado Bukele es que no dispone del respaldo necesario en la Asamblea Legislativa para sacar adelante sus planes. En la actualidad, el presidente tiene solo el apoyo de diez de los 84 diputados de la cámara.
Bukele lleva semanas solicitando al parlamento que apruebe un préstamo de 109 millones de dólares para dotar a las fuerzas de seguridad de más armas y mejores equipos. Pero ante la negativa de los diputados a desbloquear el préstamo, el pasado 9 de febrero a Bukele no se le ocurrió otra cosa que irrumpir en la Asamblea Legislativa escoltado por decenas de militar
Nunca ha sido fácil definir qué es arte y qué no lo es. Hay creaciones que son tan abstractas y conceptuales que no concitan un consenso unánime de la crítica sobre su calidad artística. Imagino que muchos de ustedes habrán visto la película francesa Intocable, en la que un marchante de arte consigue vender por 12.000 dólares un cuadro que le había pintado, en tan solo dos minutos y a modo de broma, su enfermero.
La anécdota de la película refleja una pregunta que todos nos hemos hecho en alguna ocasión al contemplar una obra controvertida: “¿Cómo puede ser esto considerado arte?” Los límites entre la genialidad artística y la impostura son a veces muy estrechos. Pongamos el ejemplo de Damien Hirst y de su Becerro de Oro. Para unos, una creación por la que han estado dispuestos a pagar más de diez millones de dólares. Para otros, un simple becerro conservado en un tanque de formol que ni por asomo querrían ver en el salón de su casa. ¿Y qué decir de la Caja de Zapatos Vacía, de Gabriel Orozco, que es solo eso… una caja de zapatos vacía? O de la Merda d’artista, una lata llena de los excrementos del artista italiano Piero Manzoni.
Nosotros, cada uno de nosotros, desde nuestra subjet
Entre los siglos XVI y XVIII, el imperio español orquestó un complejo mecanismo comercial, conocido como la Carrera de Indias, para llevar a la península ibérica todo tipo de bienes y metales preciosos desde sus colonias. La llamada Flota de Indias transportaba las riquezas de los virreinatos españoles en América a la Corona de Castilla. Los productos más codiciados eran la plata, el oro y las gemas. Y también otros, como las especias y el cacao. Los galeones zarpaban desde los puertos de Veracruz, en el golfo de México, y de Cartagena de Indias, en la actual Colombia, y llegaban a las costas españolas después de hacer una escala en Cuba.
En 1520, debido al incremento de la piratería inglesa y francesa, la Corona de Castilla decidió organizar un sistema de convoyes para aumentar la seguridad de las rutas marítimas. Desde ese momento, todos los barcos mercantes españoles fueron escoltados por al menos dos galeones fuertemente armados, conocidos como la capitana y la almiranta. Pero las embarcaciones de la Corona de Castilla no solo se exponían al peligro de los corsarios, sino que tenían que afrontar también las inclemencias meteorológicas y la mala mar. Es imposible saber exactamen
El Sol ha generado, desde tiempos remotos, una gran fascinación entre los seres humanos. A lo largo de los siglos, ha sido venerado por numerosas civilizaciones, entre ellas la egipcia, la griega y la incaica. En la mitología de estas religiones, el Sol era incluso un dios y adoptó, según los casos, los nombres de Ra, Helios e Inti. Los mayas, que observaron con detalle la astronomía, elaboraron un calendario agrícola de 365 días, reflejo del ciclo solar anual, y fueron capaces de predecir los eclipses solares y lunares. Los seres humanos siempre hemos querido saberlo todo sobre el Sol. Y sin embargo, aún estamos muy lejos de conseguirlo. El astro que permite que haya vida en la Tierra es un millón de veces más grande que nuestro pequeño planeta azul.
En los años 70 del siglo pasado, Estados Unidos y la entonces República Federal de Alemania lanzaron dos sondas, la Helios I y la Helios II, con destino al Sol, para investigar la influencia del astro en el ambiente interplanetario. Se acercaron a 43 millones de kilómetros de la estrella. Ese récord fue superado hace tres semanas por la sonda Parker de la NASA, que llegó a situarse a 18 millones de kilómetros del Sol. El objetivo funda