Pero vamos a empezar, si les parece, por la Convención Nacional Demócrata …
Hace algunos años, cuando estudiaba en la universidad, tuve la oportunidad de leer La democracia en América, un ensayo que Alexis de Tocqueville escribió en 1835 para desentrañar el sistema político de Estados Unidos. En uno de lospasajes de la obra, el sociólogo y pensador francés aseguró que “nada es más maravilloso que el arte de ser libre”, pero que “nada es más duro que aprender a usar esa libertad”. Las sociedades democráticas tienen el derecho, y el privilegio, de poder elegir a sus representantes. Pero eso no garantiza que sus decisiones sean siempre las más acertadas. Afortunadamente, cada cierto tiempo, los ciudadanos tienen la oportunidad de enmendar sus errores. O, como diría Tocqueville, de “aprender” a utilizar su voto.
La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, en 2016, fue, en mi opinión, un desatino histórico. Trump es, indudablemente, un personaje tóxico, que, desde su llegada a la Casa Blanca, ha desvirtuado la institución que representa. En los últimos cuatro años, el presidente ha mentido sistemáticamente, ha insultado a sus oponentes políticos y ha polarizado a la sociedad. Ha demonizado a los inmigrantes y no ha hecho nada por defende
El pasado 16 de agosto, Luis Abinader fue investido como nuevo presidente de la República Dominicana. Su llegada al poder pone fin a 16 años de gobiernos del Partido de Liberación Dominicana y supone un cambio político de calado en este pequeño país caribeño. Abinader, líder del opositor Partido Revolucionario Moderno, de tendencia liberal, ganó las elecciones con el 52% de los votos. A lo largo de los próximos cuatro años, deberá asumir la hercúlea tarea de sacar al país de la crisis económica provocada por la pandemia del Covid-19.
Las elecciones no estuvieron exentas de polémica. Las urnas tenían que haberse abierto el 17 de mayo, pero los comicios fueron aplazados hasta el 5 de julio, por culpa del coronavirus. El aplazamiento, sin embargo, no sirvió para mucho, porque al final la gente se vio obligada a votar igualmente en medio de una pandemia. Eso se tradujo en una reducción significativa de la participación, que fue del 55%, un 14% menos que hace cuatro años. Otros países que optaron por aplazar las elecciones, como Bolivia, han preferido esperar más tiempo para celebrar los comicios, confiando en una mejora de la situación epidemiológica. ¿Cómo se puede pedir a los ciudada
A muchos quizá les sorprenda la cifra, pero en América Latina viven hoy 18 millones de personas de origen árabe. La mayoría son descendientes de inmigrantes que llegaron a la región a finales del siglo XIX o a principios del siglo XX, en la época del desmembramiento del Imperio Otomano. Su integración ha sido siempre magnífica, a pesar de las diferencias culturales, idiomáticas y religiosas.
Muchos de los árabes que llegaron a América Latina eran cristianos que decidieron dejar sus países de origen para escapar de la persecución religiosa. Pero también hubo muchos árabes musulmanes que, presos de la pobreza, optaron por viajar a América en busca de oportunidades económicas. Miles de sirios, libaneses y palestinos, por ejemplo, se instalaron en países como Venezuela, Brasil, Argentina, México y Chile.
América Latina ha sido históricamente una tierra de mestizaje y de acogida. Los inmigrantes europeos que llegaron a la región tras la independencia de las colonias americanas se asimilaron rápidamente. Los españoles y los portugueses lo tenían muy fácil, porque hablaban el mismo idioma de los países receptores. En el caso de los italianos, la cercanía lingüística, la cultura latina y l
El mundo unipolar de la post-Guerra Fría, con Estados Unidos como única superpotencia, se ha diluido en las primeras dos décadas del siglo XXI. Cada vez son más los actores estatales que intentan consolidarse como hegemones en unas relaciones internacionales crecientemente complejas. China y Rusia contestan con fuerza el dominio militar y económico de Estados Unidos, mientras que la Unión Europea trata de avanzar en su integración política, con la aspiración de poder ser un verdadero actor global.
Uno de los lugares donde las grandes potencias del mundo compiten por tener más poder e influencia es América Latina. Atrás han quedado los tiempos en que la región era considerada el patio trasero de los Estados Unidos. China lleva años explotando los recursos naturales de la zona. Entre 2000 y 2016, el comercio bilateral entre China y América Latina se incrementó en más de un 200%. La Unión Europea usa a España como puente para sus relaciones políticas, económicas y culturales con América Latina. Y ahora Rusia, que tradicionalmente ha estado menos presente en la región, intenta también incrementar su esfera de influencia.
Desde su llegada al Kremlin, hace 20 años, Vladimir Putin ha prop
Bielorrusia es formalmente una democracia, pero carece de muchos de los rasgos que suelen definir estos sistemas políticos. Por ejemplo, el de la alternancia en el poder. Desde que el país se constituyó como república independiente, en 1994, los bielorrusos han tenido un único presidente: Alexander Lukashenko. Un personaje corrupto y siniestro, que lleva más de cinco lustros gobernando con mano de hierro, y al que las organizaciones internacionales acusan de violar los derechos humanos de su pueblo. El pasado 9 de agosto, por sexta vez consecutiva, Lukashenko volvió a ganar las elecciones, con más del 80% de los votos.
La oposición denunció, al instante, un fraude electoral y se echó en masa a la calle para exigir la repetición de los comicios presidenciales. Miles de manifestantes fueron reprimidos por la policía y muchos acabaron en la cárcel. La líder opositora Svetlana Tijanóvskaya tuvo que huir del país y trata ahora de encabezar, desde su exilio en Lituania, el movimiento de contestación a Lukashenko. Estados Unidos y las principales potencias europeas se han negado a reconocer la victoria del presidente bielorruso y aumentan progresivamente su presión diplomática sobre el rég