La muerte de Diego Armando Maradona llegó como todas las noticias trascendentales: sin que nadie la esperara. Será uno de esos fallecimientos que dejan huella. Dentro de unos años recordaremos qué estábamos haciendo y dónde nos encontrábamos cuando nos enteramos de la muerte del astro argentino; el que, para muchos, fue el mejor futbolista de todos los tiempos. Recuerdo que, con incredulidad, me puse a navegar por las ediciones digitales de los periódicos: Clarín, El País, Times, La Repubblica, The Guardian… Allá donde hiciera clic, veía el rostro de Maradona. “Murió el fútbol”, decía entre lágrimas el periodista argentino que dio esa noticia de alcance planetario. Sin embargo, mi joven compañero de trabajo Matías, de 24 años, me envió un mensaje al móvil: “no entiendo tanto revuelo, ni que hubiera muerto el Papa”.
Para sus fanáticos Maradona no era el Papa. Era más:era el propio dios. No en vano, en su honor se fundó la Iglesia Maradoniana. Cuando en 1986 marcó un gol ilegal con la mano a la selección de Inglaterra en el Campeonato del Mundo (una competición que a la postre ganaría Argentina), la prensa santificó la jugada al día siguiente diciendo que había sido obra de “la mano d
Dice el refrán que ‘nunca llueve a gusto de todos’. Si para la mayoría de la gente la pandemia está siendo una auténtica pesadilla en lo personal y en lo laboral, para unos cuantos elegidos el coronavirus ha sido una excelente noticia económica: una lluvia de millones que solo moja a unos pocos. Bien lo sabe Albert Boula, el presidente de la empresa farmacéutica Pfizer. Tras el anuncio de la efectividad de su vacuna el pasado 9 de noviembre, vendió el 60% de sus acciones y ganó 5,6 millones de dólares. Ese anuncio disparó las bolsas de todo el mundo.
Que el coronavirus supone un gigantesco negocio no es ningún secreto. Ya en los albores de la pandemia, allá por el mes de febrero, las acciones de la compañía japonesa Kawamoto Corporation, especializada en la fabricación de mascarillas, se dispararon más de un 750% en la Bolsa de Tokio. En Estados Unidos, la compañía Alpha Pro Tech ingresó 12,3 millones de dólares en 18 días vendiendo mascarillas. Una cifra que multiplica por 24 lo que vende normalmente en un año.
Los fabricantes de test son otros de los grandes beneficiados. El pasado 27 de octubre, la agencia Reuters revelaba la intención de la Unión Europea de comprar “millones” de
Por fin los niños latinoamericanos van a tener derecho a soñar con ser astronautas. Por fin se acaba con el cliché que muestra a Latinoamérica como tierra conquistada, no como tierra de conquistadores, y mucho menos de conquistadores espaciales. Porque poca gente sabe que en 1985 voló al espacio Rodolfo Neri Vela, el primer astronauta mexicano. Lo hizo a bordo del transbordador espacial estadounidense ‘Atlantis’. Cinco años antes, en 1980, el cubano Arnaldo Tamayo se había convertido en el primer latinoamericano en tocar las estrellas en una misión de la nave soviética Soyuz. Ahora, los países de la región quieren acabar con esa dependencia tecnológica de las grandes potencias. Por eso, el pasado 16 de noviembre más de 30 países latinoamericanos sellaron la creación de la futura Agencia Latinoamericana y Caribeña del Espacio, ALCE. Por fin, se puede empezar a soñar.
“Nuestra región ya no estará marginada de grandes proyectos como el regreso del hombre a la Luna en 2024 y la exploración en el planeta Marte con vuelos no tripulados y tripulados”, declaró ese mismo día Jorge Arganis Díaz-Leal, secretario de Comunicaciones y Transportes de México. Las aspiraciones reales de la ALCE, sin
Francia, el país de la ‘libertad, igualdad y fraternidad’, vive un debate intenso sobre la relación entre la policía y los ciudadanos a causa de la ley “para la seguridad global”, que impulsa el gobierno de Emmanuel Macron. La cuestión de fondo es si el ciudadano tiene derecho a vigilar a quien le vigila, es decir: a grabar a las fuerzas de seguridad mientras trabajan. La nueva norma amenaza con un año de cárcel y hasta 45.000 euros de multa a quien grabe a policías, para evitar un hipotético “daño físico o psicológico”. ¿Qué pasará con los vídeos que documentan la violencia policial?
El debate no es nuevo en Europa. En España, el Tribunal Constitucional acaba de revocar parte de una ley de 2015, la llamada ‘ley mordaza’, que hacía obligatoria la autorización previa de la policía para difundir imágenes de los miembros de las Fuerzas de Seguridad. Los jueces consideran ahora que ese veto suponía una censura previa, prohibida por la Constitución. En Francia, las protestas contra esa nueva ‘ley mordaza’ no se han hecho esperar. El día 17, en una concentración en París contra la nueva norma, un periodista fue detenido durante 12 horas precisamente por grabar con su teléfono móvil. Fue l
En los filmes románticos nos venden la idea de que el amor puede con todo, de que si hay amor, ya no se necesita nada más… Pero el amor es como una maquinaria y necesita tareas de mantenimiento, e incluso,pasar por el taller. Todavía no sabemos cómo será la vida cuando consigamos dejar atrás la pandemia del Covid, porque muchos de sus efectos se sentirán a largo plazo. Lo que sí sabemos es que ya no será como antes para miles de familias que se han visto rotas por el coronavirus. ‘Rotas’, en más de un sentido. No solo porque pueda haber fallecido alguno de sus miembros, también por algo en apariencia menos grave: el confinamiento está poniendo a prueba la solidez de muchas parejas.
Las tareas para mantener viva la llama son todavía más difíciles de sobrellevar si nos toca teletrabajar desde casa y si, además, tenemos a los hijos también confinados. Verse las caras todos los días, convivir las 24 horas y, además, en una situación de estrés, puede ser demasiado para un matrimonio que no estuviera bien engrasado de antes. En Argentina, un estudio de la Universidad de Buenos Aires asegura que una de cada tres parejas se ha visto afectada.
"Nos mató la convivencia. Jamás habíamos pasado t