El pasado 3 de marzo, Sarah Everard cenó en la casa de una amiga, en el barrio londinense de Clapham, al sur de la capital británica. En el camino de vuelta a su apartamento, sobre las nueve de la noche, hizo una llamada desde su teléfono móvil. Habló durante quince minutos con su novio, Josh Lowth, y colgó exactamente a las 21 horas y 27 minutos. Una cámara de videovigilancia captó su imagen solo tres minutos más tarde: es el último rastro que dejó con vida esta ejecutiva de marketing de 33 años de edad. Al día siguiente, llamó la atención su ausencia en una reunión de trabajo y fue entonces cuando Lowth alertó a las autoridades. Al cabo de cinco jornadas de búsqueda, fue detenido el oficial de la policía metropolitana Wayne Couzens, sospechoso de haber secuestrado a Sarah. Una semana después de su desaparición, el 10 de marzo, el cadáver de Sarah fue hallado en una zona boscosa de las afueras de la ciudad.
Aquella misma noche comenzó una serie de protestas en las calles de Londres para expresar rechazo a los delitos machistas. Miles de mujeres —entre ellas, Kate Middleton, la esposa del príncipe Guillermo— participaron en una ofrenda floral el sábado 13 de marzo, en señal de repu
La política es, indudablemente, el arte del relato. Tal vez siempre fue así, desde hace más de 2.500 años, cuando una civilización memorable llamó ‘democracia’ al nuevo sistema de gobierno que se había ideado en las orillas del mar Egeo. No hay nada más beneficioso para dirigentes y partidos que articular una buena historia, por muy alejadas de la realidad que puedan estar esas palabras. La prioridad, en todo caso, debe ser la retórica. Un hilo bien articulado de razonamientos y emociones es la herramienta que mejor funciona para ganarse el favor de la ciudadanía. Pero la seducción del relato, el magnetismo irresistible del discurso, en ocasiones, puede hacerse pedazos estrellándose contra los hechos. El caso de Andrew Cuomo, acusado de acoso sexual, es el ejemplo más reciente.
El año pasado, durante los primeros meses de la pandemia de coronavirus, el gobernador de Nueva York estaba elevándose como una de las figuras más poderosas del Partido Demócrata, y como uno de los representantes políticos más relevantes en Estados Unidos. Pero su ascenso había empezado antes: una gran parte de su enorme popularidad como líder de la mayoría progresista neoyorquina la había construido gracias
La literatura sabe poner palabras a lo que podría ser, de otra forma, inexpresable. Se trata de una paradoja que, en mayor o menor medida, es posible que todos hayamos sentido alguna vez. En ocasiones, nuestras palabras, dispuestas en su orden natural, parecen incapaces de llegar a describir fielmente determinadas emociones. Pensemos en la angustia, el miedo, o la desesperación. La profundidad de todos estos territorios puede hacerse inalcanzable para el hablar más cotidiano. Afortunadamente, los textos literarios sí pueden guiarnos e iluminarnos en esa exploración interior. Pueden ayudarnos a comprender. La escritora ecuatoriana María Fernanda Ampuero acaba de publicar este mes de marzo ‘Sacrificios humanos’: una colección de cuentos de terror que esclarecen las distintas dimensiones de la violencia ejercida contra la mujer.
La causa feminista es, sin duda, uno de los movimientos sociales más poderosos en la actualidad a lo largo del inmenso espacio latinoamericano. Y es, además, una lucha con multitud de frentes abiertos: políticos, judiciales, económicos, psicológicos. En ese vital combate contra las agresiones machistas, contra toda discriminación sexista, la cultura puede y deb
Apenas cinco kilómetros separan la cárcel femenina de Obrajes, en el sur de la capital boliviana, La Paz, del antiguo Palacio de Gobierno, en el norte de la misma ciudad. Es un paseo de poco más de una hora a pie, pero ese trayecto es también parte de la historia política contemporánea del país. Simbólicamente, es el camino que ha recorrido Jeanine Áñez durante el último año y medio, desde la presidencia interina de Bolivia hasta la prisión preventiva dictada contra ella este mes de marzo.
Áñez tomó el liderazgo provisional del Gobierno en la noche del 12 de noviembre de 2019, izando una Biblia de dimensiones gigantescas ante la fachada del Palacio Quemado. El alzamiento militar de la cúpula del ejército había forzado, solamente unas horas antes, la salida del presidente Evo Morales. Fue una huida agónica. Un avión de las fuerzas aéreas de México había sido enviado para recoger al mandatario depuesto, pero le fue denegado el acceso al territorio boliviano. La aeronave se vio obligada a dar media vuelta hacia Lima, capital del vecino Perú. Tras una tensa negociación entre la diplomacia mexicana y las autoridades de Bolivia, finalmente ese vuelo pudo tomar tierra en el departamento de
Qué triste ironía que las milongas y casas de tango de Buenos Aires hayan cumplido ahora un año de cierre por la pandemia del Covid, precisamente en las fechas del centenario del nacimiento de Ástor Piazzolla. Esta curiosa coincidencia supone una amargura que afina de manera perfecta con la melancolía de este género musical que vivió una profunda revolución en las manos del genio de Mar del Plata, nacido el 11 de marzo de 1921.
Pocos años después, siendo aún adolescente, en la Nueva York de los años 30, Ástor trepó por una escalera de incendios y se coló por una ventana del edificio Beaux Arts de Manhattan, en el que se hospedaba Carlos Gardel. Fue así como conoció a quien ya entonces era un mito indiscutible de la canción. Ambos congeniaron al momento. Gardel empleó al pequeño Piazzolla como guía y traductor, y le consiguió un papel como actor secundario en una de sus películas. También entabló amistad con la familia de aquel pibe y llegó a ofrecerle que se uniera a su gira como bandoneonista. Afortunadamente, el padre de Piazzolla se negó, debido a la joven edad de su hijo: el avión de Carlos Gardel se estrellaría poco después, el 24 de junio de 1935, en Colombia. “No estaría toc