Es inevitable: el espectro de Hugo Chávez siempre está presente. Parafraseando un poco al célebre inicio del Manifiesto Comunista de Karl Marx, podríamos decir que "un fantasma recorre Latinoamérica: el fantasma de Chávez". Y es que cada vez que en la región llega al poder un representante de la extrema izquierda se encienden al instante todas las alarmas, pues muchos ven en el gobernante recién electo a una nueva personificación del líder bolivariano, fallecido en el 2013.
A partir del momento en que Pedro Castillo, líder del partido de izquierda radical Perú Libre, ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales peruanas, realizadas el pasado 6 de junio, se inició el gran debate. ¿Está Perú dirigiéndose hacia un régimen comunista? La verdad es que varias declaraciones hechas por el candidato izquierdista durante la campaña electoral no ayudan demasiado a apaciguar los ánimos. Además de expresar su pleno apoyo a Nicolás Maduro, el sucesor de Chávez en Venezuela, Castillo ha sugerido la idea de renegociar los contratos con las empresas extranjeras activas en Perú, al igual que ha puesto en duda la continuidad del sistema privado de pensiones. Por otra parte, también ha manif
Hace ya algunos años, un célebre político español llamado Alfredo Pérez Rubalcaba puso de moda en España la brillante expresión de "gobierno Frankenstein". Este ingenioso apelativo define a aquel tipo de gobierno conformado por extrañas alianzas entre socios que poco o nada tienen que ver entre sí (Rubalcaba se refería en específico al singular pacto de gobierno, suscrito en su país hace ya varios años, entre los socialistas españoles y los independentistas vascos y catalanes). Recordemos que, en la famosa novela de Mary Shelley, el doctor Frankenstein daba vida a un monstruo a partir de retazos de cadáveres muy disímiles entre sí.
Y aunque Rubalcaba estaba pensando concretamente en España, creo que el calificativo de "gobierno Frankenstein" es perfectamente aplicable al nuevo ejecutivo que se ha formado en Israel. Un total de ocho partidos políticos, los cuales cubren una amplísima gama de ideologías contrapuestas, han conseguido llegar a un pacto que ha permitido desalojar del poder al histórico primer ministro Benjamín Netanyahu. La Kneset (así se conoce al Parlamento israelí, conformado por 120 escaños ) brindó su voto de confianza, el pasado 13 de junio, para la formación del n
Una vez superado el traumático proceso de traspaso de poder, efectuado a inicios de este año, entre Donald Trump y Joe Biden, muchos ojos se posaron a continuación sobre Rusia. ¿Cómo serían de ahora en adelante las relaciones entre las dos superpotencias nucleares tras la marcha de Trump de la Casa Blanca? Es cierto que, después de muchas investigaciones, nunca se encontraron pruebas suficientes que acreditaran una colusión entre el Kremlin y la Casa Blanca durante la era trumpista. Sin embargo, creo que es innegable que existía, entre Putin y Trump, una sintonía que levantaba demasiadas suspicacias, sobre todo entre los miembros del partido demócrata.
Estaba claro que todo eso iba a cambiar apenas Biden pusiera un pie en el Despacho Oval como nuevo presidente. Ya desde el inicio de la campaña electoral, el candidato demócrata había anunciado que las relaciones con Moscú, al igual que el tono de las comunicaciones, cambiarían sustancialmente. Y así ha sucedido. Durante estos últimos meses la frialdad entre ambos gobernantes, o más bien la inexistencia de cualquier tipo de canal de comunicación oficial entre ellos, había hecho temer un retorno a los tiempos inciertos de la Guerra Fr
Tengo suficiente edad para recordar bastante bien el clima de optimismo generalizado que embargaba a gran parte del planeta a lo largo de la década de los noventa. A inicios de esa década, en 1991, el bloque soviético había colapsado, lo cual dejaba toda la vía libre al capitalismo y a la democracia liberal para expandir su influencia por todo el globo. De hecho, la palabra de moda era "globalización", un fenómeno económico, cultural, político y social que, según incontables y entusiastas profetas, iba a brindar prosperidad a todos los ciudadanos de aquellos países que abrieran sus brazos y se incorporaran a ese irrefrenable proceso mundial. Tres décadas más tarde, ya hemos visto que las cosas no han ido tan bien como nos las pintaban. Desde entonces, las desigualdades sociales no han hecho más que incrementarse, los sistemas democráticos se tambalean por doquier y, por si fuera poco, la globalización ha ocasionado una especie de homogeneización cultural que atenta gravemente en contra de la diversidad en muchísimas sociedades del planeta.
Este fenómeno de "nivelación" cultural es particularmente visible, y sobre todo muy preocupante, en relación a numerosas comunidades indígenas l
Hay casas que están íntimamente ligadas a las personalidades de los individuos que han vivido en ellas. Y si fuéramos creyentes, incluso podríamos afirmar que estas residencias están de algún modo fusionadas con las "almas" de sus habitantes. Es el caso, por ejemplo, de la célebre "Casa Azul", ahora convertida en museo en Ciudad de México, en la que Frida Kahlo pasó la mayor parte de su vida. Y también es el caso de la residencia de otra artista que igualmente vivió durante largas décadas en la capital mexicana. Estamos hablando de Leonora Carrington, una pintora y escultora surrealista cuya agitada vida ofrece suficiente material dramático para ser llevada un día al cine.
Carrington, nacida en 1917 en el seno de una familia aristocrática inglesa, siempre se negó a acatar las reglas y las convenciones sociales que el mundo a su alrededor le exigía cumplir. En lugar de prepararse para algún día convertirse en una dócil y obediente esposa en su Inglaterra natal, la joven Leonora pasaba días y noches enteras sumida en la lectura de infinidad de cuentos plagados de duendes, gnomos y fantasmas. Su cabeza se llenó de seres fantásticos, muy ligados a la mitología celta, los cuales, años má