Las compañías productoras de Hollywood son trituradoras insaciables de historias. A los despachos de los grandes estudios llegan diariamente montañas de folios con películas escritas por guionistas de todo el mundo, que sueñan con filmar el gran taquillazo de sus vidas. La gran mayoría de esas propuestas son desechadas al instante. Otras muchas se descartarán después, tras un análisis más detallado. Casi todas terminarán más adelante en el cubo de la basura, y solo unas pocas elegidas llegarán a proyectarse, algún día, en las salas de cine. Estoy convencida, sin embargo, de que entre esa feroz competencia cualquier magnate del séptimo arte habría apostado fuerte por el siguiente argumento:
“El opositor de una dictadura del este de Europa embarca junto a su pareja en un vuelo interno de la Unión Europea; en ese avión viajan también unos agentes secretos; la aeronave sobrevuela el país en el que el protagonista es perseguido, cuando un cazabombardero la intercepta en el aire y fuerza su aterrizaje en ese territorio para que el héroe sea arrestado”. Incluso para la ficción más palomitera de la industria estadounidense, un planteamiento tan rocambolesco podría resultar descabellado. Es
En la jerga política, cuando una victoria electoral es tan aplastante que llega a ser inverosímil, suele denominarse a ese proceso como ‘elecciones a la búlgara’. Es un viejo dicho acuñado en los países occidentales durante los años de la Guerra Fría, cuando las votaciones internas del Partido Comunista de Bulgaria se resolvían por mayorías que rozaban el cien por cien de apoyo para el vencedor. Solía bromearse, en aquella época, con que la cantidad de votos obtenida por el candidato elegido era superior incluso al número total de votantes. En la actualidad, con la democracia búlgara integrada y consolidada en la Unión Europea, existe otro régimen que ha llevado ese fraude sistemático a los extremos más aberrantes que uno pueda imaginar. Bashar al-Ásad se ha proclamado ganador de las presidenciales sirias del pasado 25 de mayo con más del 95 por ciento de los sufragios, en una obscena farsa que ni siquiera merece recibir el nombre de ‘elecciones’.
Bashar es el segundo dictador de la dinastía Ásad. Su padre, Háfez, lideró el país con puño de hierro desde 1971 hasta su muerte, casi treinta años después. Para aferrarse al poder, no le tembló el pulso a la hora de dirigir sus fuerzas ar
El Partido Comunista de Chile, que el próximo año cumplirá un siglo desde su fundación, aspira este año a conseguir un triunfo electoral sin precedentes. Podría ganar por primera vez los comicios presidenciales que van a celebrarse el próximo mes de noviembre —con segunda vuelta en diciembre, en caso de que ningún candidato obtenga un apoyo suficiente en la primera votación—. Los últimos sondeos de intención de voto publicados en el país proyectan una amplia ventaja al PCCh en la carrera hacia el Palacio de la Moneda, bajo el liderazgo del actual alcalde de la comuna santiaguina de Recoleta, Daniel Jadue.
Uno de cada cinco chilenos encuestados afirma, a día de hoy, que votará por Jadue. Con un 16 por ciento de las preferencias, sigue, en segunda posición, el candidato derechista Joaquín Lavín, de la Unión Demócrata Independiente, que ejerció de ministro durante el primer mandato de Sebastián Piñera, y que actualmente asume la alcaldía de la comuna de Las Condes —también en la región metropolitana de la capital, Santiago—. La presidenta del Senado y exministra del Gobierno de Michelle Bachelet, Yasna Provoste, ocupa el tercer lugar, representando al Partido Demócrata Cristiano.
Jadue
A pesar de haber aplicado restricciones severas a lo largo de la pandemia de coronavirus, Argentina está sufriendo ahora su mayor oleada de contagios y ha decretado un nuevo confinamiento estricto. El pasado 22 de mayo, el Gobierno impuso un cierre total de nueve días en las zonas de mayor riesgo epidemiológico, que incluyen el área metropolitana de Buenos Aires y un centenar de distritos en todo el país. La vida de la gran mayoría de los argentinos, por lo tanto, ha vuelto a encerrarse bajo este último cerrojazo.
Argentina se ha convertido en las últimas semanas en el peor foco mundial del Covid-19. Es decir, ha sido el país con mayor número de nuevos casos diarios diagnosticados en relación a su población: se han detectado más positivos por habitante que en Estados Unidos, Brasil o India. Esta segunda gran curva epidémica alcanzó su pico el pasado 19 de mayo, cuando las autoridades sanitarias notificaron casi 40.000 contagios y 500 fallecimientos en 24 horas.
Dos días después de que se publicaran esas dramáticas cifras, el presidente Alberto Fernández se pronunciaba en tono solemne y rotundo. “Debemos asumir seriamente lo crítico de este tiempo y no naturalizar tanta tragedia”, aña
Las últimas imágenes que he visto de Luis Manuel Otero Alcántara son aterradoras. El artista cubano aparece demacrado, esquelético, y visiblemente debilitado sobre la camilla del hospital de La Habana en el que mantiene una huelga de hambre para expresar su oposición al control que el Gobierno de la isla ejerce sobre la cultura. Este 2 de junio se cumple un mes desde que fue forzosamente ingresado en este centro médico por las autoridades de Cuba. Otero Alcántara comenzó su protesta el 25 de abril, tras la última de las numerosas detenciones que ha sufrido como destacado activista del Movimiento San Isidro.
Este colectivo cultural disidente —también conocido por sus siglas MSI— surgió como señal de rechazo a un decreto, dictado en verano de 2018, por el cual se reforzaba la capacidad del Estado cubano para censurar todo tipo de expresiones artísticas. Para entonces, Otero Alcántara ya había conocido los barrotes de la comisaría de policía, por haber sido cofundador de un evento alternativo al festival oficial de arte contemporáneo de la Bienal de La Habana. Los agentes no consiguieron intimidarlo: continuó rebelándose contra el autoritarismo reinante en Cuba mediante sus obras perf