Lo que está sucediendo en Nicaragua recuerda a aquel célebre poema del clérigo alemán Martin Niemöller acerca del nazismo. En el pequeño país centroamericano, primero fueron a por los precandidatos y los dirigentes opositores; después, a por los exguerrilleros y los disidentes del sandinismo; ahora les toca el turno a los periodistas…
"Mi redacción está ocupada por la policía, fue confiscada y ahora la asaltaron por segunda vez el 20 de mayo", declaraba a elDiario.es a principios de mes el periodista Carlos Fernando Chamorro, director del periódico ‘Confidencial’ e hijo de Violeta Chamorro, presidenta del país entre 1990 y 1997. Exactamente 18 días después de esas declaraciones, Carlos Fernando decidió exiliarse en Costa Rica, tras recrudecerse el hostigamiento contra él y sus familiares por parte de la policía.
Opositores políticos, varios organismos internacionales y países con estrechas relaciones hacia Nicaragua, como Estados Unidos y España, vienen denunciando la violación sistemática de los derechos humanos y exigiendo la vuelta a la normalidad democrática. Afirman que han dejado de imperar el Estado de derecho y la separación de poderes.
El jueves pasado, la Corte Interamerican
Cuando, el pasado 15 de junio, la Hungría del ultranacionalista Viktor Orbán prohibió por ley hablar de homosexualidad en los programas escolares, nadie sospechaba que esa medida –la enésima de carácter reaccionario en la antigua república del bloque soviético–, sería la gota que colmaría el vaso de la paciencia de los estados miembros de la Unión Europea. Tampoco que la Eurocopa de fútbol, que se disputa estos días en el continente, serviría de escenario para un enfrentamiento sobre los valores fundacionales de la Unión.
La UEFA, la entidad que organiza el campeonato, había prohibido que el estadio Allianz Arena de Múnich se iluminase con los colores de la bandera LGBT+ durante el partido entre Alemania y Hungría, celebrado el pasado 23 de junio. Si bien decía respetar y defender los derechos LGBT+, la organización argumentaba que la iluminación suponía un acto “político”, prohibido por el reglamento.
El veto de la UEFA, que se vio obligada a lanzar una campaña acelerada de lavado de imagen, tuvo justamente el efecto contrario al pretendido: logró que una auténtica marea de banderas arcoíris inundara las gradas y los aledaños del estadio. Las adhesiones de estrellas y clubes de fútb
Fue una frase breve, de apenas unos segundos, pero originó un enorme revuelo que recorrió Latinoamérica de norte a sur. La pronunció en Buenos Aires el pasado 9 de junio el presidente de Argentina, Alberto Fernández, en una rueda de prensa junto a su homólogo español, Pedro Sánchez: “Los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva pero nosotros, los argentinos, llegamos de los barcos. Y eran barcos que venían de Europa”.
El cliché dice que los argentinos tienen una relación especial con el psicoanálisis, así que un freudiano diría que el presidente Fernández tuvo un lapsus que dejó ver sus ideas subconscientes, las más profundas, a saber: que los argentinos ‘de verdad’ son europeos… Como en todo lapsus, Fernández trastocó las palabras porque él, en realidad, quería haber citado una frase humorística del premio Nobel mexicano Octavio Paz: “Los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos”.
La cuestión del origen de los pueblos y de la formación de las naciones siempre es espinosa y lo es todavía más en los países jóvenes, como los que conforman el continente americano, desde Punta Barrow, en Alaska, hasta el Ca
La primera vez que mi padre me llevó a un estadio de fútbol me sorprendieron dos cosas: el apestoso olor a humo de puros y cerveza que se respiraba y los terribles insultos que profería la gente a nuestro alrededor. Recuerdo a un señor gritarle al árbitro que le iba a arrancar el bigote de un puñetazo. Yo tendría unos doce años y hasta entonces solo conocía el fútbol a través de la televisión. En el televisor todo parece más bonito de lo que es.
Desde entonces, siempre he pensado en lo mucho que podrían cambiar las mentalidades de millones de personas violentas, racistas y homófobas si las estrellas del fútbol, tan adoradas, decidieran dar el ejemplo.
Es lo que está empezando a suceder. El pasado 15 de junio, el jugador de fútbol Cristiano Ronaldo, un ídolo planetario con 300 millones de seguidores en la red social Instagram, hizo ante las cámaras un gesto solo aparentemente simple. Disponiéndose a dar una rueda de prensa durante la celebración de la Eurocopa de fútbol, apartó unas botellas de Coca-Cola y levantó una botella de agua, con un gesto reivindicativo.
Es de sobra conocido que los futbolistas, y especialmente Cristiano Ronaldo, dedican muchas horas al día a mantenerse en for
Siempre me ha parecido enigmática la infancia de los genios, porque siempre he tenido la duda de si un genio nace o, como suele decirse, ‘se hace’ a lo largo de la vida. En el caso de la pianista argentina Martha Argerich, que cumplió 80 años a principios de este mes, el genio brotó muy pronto. “¿A que no eres capaz de tocar el piano?”, le dijo cuando tenía menos de tres años un retador compañero del jardín de infancia. Fue el principio de una carrera siempre ascendente, que la ha llevado al olimpo de los intérpretes mundiales.
Y no fue fácil, porque Martha siempre tuvo competencia. “Entre 1941 y 1942 un meteorito como un piano debió de tocar Buenos Aires: allí nacieron Bruno Leonardo Gelber, Martha Argerich y Daniel Baremboim. Tres niños prodigio, tres virtuosos”, relata Óscar Caballero, el veterano corresponsal cultural del diario La Vanguardia.
Martha nació en una familia burguesa, de clase media, culta, melómana, pero nada que no fuera común en ese entorno social. Cuando los padres, informados por una maestra del jardín de infancia, supieron del don de su hija, no se extrañaron, y le compraron un piano. Martha tuvo el apoyo incondicional de su familia y, también, a los 12 años, u