Andrés Manuel López Obrador, el presidente de México, lleva ya dos años exigiendo al Rey de España que se disculpe ante los pueblos indígenas mexicanos por las atrocidades cometidas por los conquistadores españoles. En marzo de 2019 envió a Felipe VI una carta cuyo contenido trascendió a los medios de comunicación. Sin embargo, las autoridades españolas rechazaron tal requerimiento, argumentando que aquellos eran otros tiempos y que los crímenes en cuestión fueron cometidos por personajes del pasado que nada tienen que ver con los ciudadanos españoles de la actualidad. Entonces, las críticas a López Obrador llovieron desde todas partes. Incluso dentro del propio México fueron muchos quienes acusaron al presidente de oportunista y demagogo. Además, hubo una crítica en particular que debe de haberle dolido especialmente, y es la siguiente: en lugar de hacer exigencias a España, el mismo Estado mexicano debería pedir disculpas, para así dar el ejemplo. Y es que tras el fin de la guerra de independencia, hace ya dos siglos, los distintos gobernantes de México, la gran mayoría de ellos blancos o mestizos, han continuado con las políticas de opresión, segregación y empobrecimiento en co
Aún tengo muy fresco en la memoria el modo en que, a mediados de la década de los noventa, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, también conocido como EZLN por sus siglas, fue ganando cada vez más notoriedad en los medios de comunicación. Un sinfín de reporteros y periodistas de todo el planeta centraron su atención sobre esta organización militar nacida en 1994. Poco a poco, y con el transcurrir de los años, el EZLN se iría convirtiendo en un movimiento político enfocado, principalmente, en defender los derechos de los indígenas mexicanos. Este movimiento, que conjuga elementos del marxismo-leninismo, de la lucha guerrillera y del zapatismo revolucionario, ganó enorme notoriedad gracias a los poéticos discursos de su líder: el Subcomandante Marcos, un personaje enigmático cuyo rostro siempre se encontraba cubierto por un pasamontañas.
Sus grandes dotes verbales, así como el enorme arrojo que demostró al liderar una rebelión militar en defensa de los indígenas, han convertido a Marcos en un ícono a nivel global de la resistencia y de la lucha armada por la libertad. Desde entonces, Marcos, ahora rebautizado como Subcomandante Insurgente Galeano, ha ido desapareciendo poco a
Recuerdo que, a inicios de la pandemia del coronavirus, muchos pensaban que esta crisis global podría representar una ventana de oportunidades para repensar nuestro mundo y hacer las cosas un poco mejor que antes. A día de hoy, aún hay optimistas tenaces que siguen pensando lo mismo. Quién sabe, quizá son un poco alérgicos a los periódicos, porque las noticias que allí leemos no suelen ser nada halagüeñas . Y no es necesario adentrarnos en temas tan poco alentadores como el desempleo, la pobreza y las migraciones humanas, fenómenos que han arreciado a lo largo de los últimos meses en todo el mundo. Hablemos más bien de la salud democrática de nuestro planeta. Según un estudio publicado el pasado mes de febrero por la prestigiosa revista británica The Economist, las libertades democráticas retrocedieron en el 70% de los países del mundo debido a las restricciones provocadas por la pandemia. Y esto no ha de extrañarnos si pensamos en la facilidad con que hoy en día se puede ejercer mayor control sobre los ciudadanos. Y si pensamos, además, en el hecho de que todos los países están tan ensimismados en sus propios problemas que no hay voluntad, ni excesivo interés, por preocuparse dema
Boris Johnson, el primer ministro del Reino Unido, está pasando por un buen momento. Esta afirmación, a primera vista, podría sonar un tanto desconcertante. ¿Cómo es posible que algún líder político pueda estar atravesando un momento dulce ahora mismo, cuando su país está sumido en una grave crisis económica y aún está luchando por superar la pandemia del coronavirus? Bueno, la respuesta abreviada es que Johnson pertenece a esa estirpe de políticos sumamente narcisistas, cada vez más común (por desgracia), que parecen estar más preocupados por sus índices de popularidad que por el bienestar colectivo. Y ahora mismo la popularidad de Johnson, en líneas generales, se encuentra en muy buen estado. Lo acabamos de comprobar, el pasado fin de semana, en las elecciones municipales del Reino Unido, en las que el partido liderado por Johnson arrolló en la mayoría de las circunscripciones a los laboristas, principal partido de la oposición. Al parecer, gran parte de los votantes británicos achacan la crisis económica que atraviesa el Reino Unido enteramente a la pandemia, obviando el hecho de que parte de la debacle económica podría atribuirse a las consecuencias del Brexit. Un Brexit cuyo p
Muchos analistas políticos, así como historiadores, suelen afirmar que en tiempos de crisis globales el mundo suele escorarse más hacia la derecha. Creo que esto tiene bastante de cierto. E incluso me parece comprensible: en momentos de incertidumbre, la mayoría de las personas buscan refugiarse bajo la sombra protectora de líderes fuertes y mesiánicos que reivindiquen los valores tradicionales del patriotismo, del conservadurismo y de la identidad nacional. Es cierto que en Estados Unidos ha salido elegido recientemente como presidente un líder progresista, pero eso fue después de que todo el planeta contuviera el aliento ante la posibilidad, bastante factible, de que Donald Trump pudiera revalidar su mandato.
Pero en el resto del planeta las cosas no pintan demasiado bien. Y no se trata, por supuesto, de que la derecha sea mala per se (porque no lo es). El problema radica en que los líderes conservadores, en tiempos de crisis, suelen escorarse aún más a la derecha, incluso coqueteando con la ultraderecha, para así intentar apaciguar los nervios de los ciudadanos y captar más votos en las elecciones.
Veamos el caso de Francia. El próximo año habrá elecciones presidenciales en aque