Nicolás Maduro se encuentra muy bien atornillado al poder. El presidente venezolano, tras haber sabido capear mil tormentas, ahora no ve grandes nubarrones en el horizonte. No hay amenazas importantes, ni internas ni externas, que parezcan inquietar al represivo y longevo régimen chavista. Sin embargo, hay algo que le falta a Maduro y que todo autócrata desea con ansias: una mínima dosis de popularidad.
Es por ello que Maduro ha puesto el ojo en un importante segmento de la población al que se propone adular con el objetivo de intentar ganarse su simpatía. Estamos hablando de los miles de creyentes pertenecientes a las diversas iglesias evangélicas radicadas en Venezuela. No debemos olvidar que el Evangelicalismo es un movimiento religioso dentro del cristianismo protestante que crece a un ritmo acelerado en toda Latinoamérica. Es un secreto a voces, por ejemplo, que el motivo principal p
Tal como ya hemos comentado en varias oportunidades, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha situado la lucha en contra de las pandillas como su gran prioridad desde que asumió la presidencia, en junio del 2019. A finales del pasado mes de noviembre, durante un acto público en el que anunció el despliegue de cientos de policías y militares para cercar las ciudades y así arrinconar a las maras (tal es el nombre que reciben las pandillas en El Salvador), se jactó de ya haber enviado a las cárceles a más de 58.000 pandilleros. Dos meses después, se habla de más de 60.000 reclusos.
Las cárceles salvadoreñas, como es lógico, se encuentran atiborradas. El Salvador posee el dudoso honor de ser el país con la mayor tasa de población carcelaria del mundo (según los últimos datos oficiales proporcionados hace dos años, la tasa es de 564 encarcelados por cada 100.000 habitantes). Ya no hay es
Resulta asombroso cómo a veces, prácticamente de un momento a otro, te puede cambiar la vida por completo. En un instante sientes que todo a tu alrededor te sonríe, y al siguiente estás hundido en la desdicha. Y es que la existencia en ocasiones se asemeja a una montaña rusa. Y no me estoy refiriendo a los terribles desastres naturales que, semana tras semana, por desgracia trastocan la vida de miles de personas en todo el planeta. No, estoy hablando de las malas jugadas que a veces algunos individuos hacen, lamentablemente sin pensárselo demasiado, para luego terminar pagándolo muy caro por el resto de sus vidas.
Todo esto debe de estar pensándolo Dani Alves cada día en su celda de Barcelona. El exfutbolista brasileño del Barça tenía, hasta hace muy poco, una vida envidiable. Alves es el jugador que ostenta el récord de mayor número de títulos en toda la historia del fútbol, nada menos q
Tengo muy gratos recuerdos de la vez, hace ya varios años, que visité Río de Janeiro, una de las ciudades más alegres y vibrantes que he conocido. De hecho, ahora que lo pienso, quizá sea la más alegre en la que he estado. Caminando por sus coloridas calles, uno tiene la sensación de que la inmensa mayoría de sus habitantes, desde el más humilde al más adinerado, se lo están pasando muy bien. Las permanentes sonrisas cinceladas en los rostros, el melodioso idioma portugués que sale de sus labios, el contoneo y el desparpajo en el simple caminar, la contagiosa música sincopada que suena en cada esquina, la hermosa naturaleza que enmarca a la ciudad, el agradable clima... en fin, todo parece estar diseñado y en perfecta armonía para transmitir al visitante una sensación de puro gozo y de buen ánimo. Y todo aquello se multiplica a la enésima potencia y alcanza su apogeo cuando llegan las fe
Quienes llevamos décadas admirando, casi idolatrando, a la legendaria banda inglesa Pink Floyd, sabemos que el encanto de esta banda no se limita al aspecto eminentemente musical, sino que también abarca el anecdótico. Y es que se podrían escribir muchas historias en torno a las continuas rencillas protagonizadas por sus dos miembros más importantes: el bajista Roger Waters, uno de los fundadores de la banda en 1965, y el guitarrista David Gilmour, quien entró en la agrupación en 1968.
El cisma entre ambos músicos se abrió en 1985, cuando Waters abandonó la banda para iniciar una carrera como solista. Gilmour decidió continuar con la agrupación de rock progresivo. Aquello molestó sobremanera a Roger Waters, quien llevó a Gilmour a los tribunales, alegando que tras su marcha la banda no podía seguir funcionando bajo el nombre de Pink Floyd. Waters perdió aquel célebre juicio, de modo que G