El pasado 5 de marzo se cumplieron diez años de la muerte de Hugo Chávez, el líder venezolano que alcanzó la presidencia en 1999 y sentó las bases para que el chavismo conservase el poder hasta nuestros días. Y, más allá de los tributos que el gobierno bolivariano rindió aquel día en recuerdo de su líder, lo que llama bastante la atención es la enorme popularidad que aún mantiene en Venezuela la figura del finado comandante. Según Datanálisis, una reconocida empresa encuestadora venezolana, el 56% de la población venezolana tiene en estos momentos una valoración positiva de Chávez. Ningún líder político, ya sea militante del chavismo o de la oposición, se aproxima hoy en día a ese porcentaje. Por ejemplo, el actual presidente, el chavista Nicolás Maduro, cuenta en estos momentos con un raquítico 22% de aprobación.
Muchas personas, fuera de Venezuela, podrían preguntarse cómo es posible que, tras más de dos décadas de chavismo —un régimen que ha conducido al país a la ruina económica y ha obligado a unos seis millones de venezolanos a emigrar al extranjero—, todavía la figura del máximo líder bolivariano goce de tanta popularidad. La respuesta la brinda el propio director de la empre
La deforestación de la Amazonia, la extensa selva tropical que comparten nueve países suramericanos y que es considerada el principal pulmón de nuestro planeta, continúa a pasos agigantados. Cada año se baten nuevos récords de hectáreas arrasadas a manos de los agricultores y los ganaderos. El objetivo principal es destinar estos inmensos terrenos al pastoreo del ganado y al cultivo de productos, fundamentalmente soya y maíz, con los que son alimentadas cientos de miles de reses.
En varias ocasiones hemos abordado la terrible destrucción medioambiental que el expresidente brasileño Jair Bolsonaro toleró, o más bien auspició, en la selva amazónica de su país. Pero, por desgracia, Brasil no es el único país de la región en el que en estos momentos se está observando una devastación sustancial de este imprescindible hábitat. En Colombia el ritmo de deforestación también ha encendido todas las alarmas. Desde 1990, cada año se han destruido cerca de 110.000 hectáreas de bosque tropical. Y, al igual que sucede en los países vecinos, este ritmo va in crescendo. Un grupo de investigadores del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas creó recientemente un modelo predictivo, el cual
Los medios de comunicación internacionales suelen centrar su atención, año tras año, en las sequías, los incendios y las altísimas temperaturas que cada verano se registran en el hemisferio norte. Esto es un tanto comprensible, ya que no sólo la gran mayoría de las corporaciones informativas están localizadas en Estados Unidos, Europa o Asia, sino también, y sobre todo, porque alrededor del 90% de la población mundial se ubica en dicho hemisferio.
Sin embargo, resulta obvio que el calentamiento global nos afecta a todos por igual, así que es igualmente necesario prestar atención a lo que ocurre al sur de nuestro planeta. Y tampoco es nada alentador lo que está sucediendo ahora mismo en los territorios más australes, sobre todo en los países al sur del continente americano. Hace poco analizamos la preocupante crisis que está afectando al sector agrícola y ganadero en Argentina, a raíz de la peor sequía que ha sufrido el país en los últimos sesenta años. La escasez de lluvias, que lleva ya tres años de duración, ha provocado la muerte de miles de reses y ha perjudicado en gran medida las cosechas de maíz y soya, las cuales se destinan mayoritariamente a la alimentación del ganado.
Y de
Israel es, en estos precisos momentos, un país que parece estar en plena ebullición. Desde que el veterano dirigente Benjamín Netanyahu tomó posesión, el pasado 29 de diciembre, del cargo de Primer Ministro por sexta vez en su carrera política, la situación no ha hecho más que caldearse día tras día. Y no se trata únicamente de que la tensión y la violencia se hayan intensificado en gran medida, a lo largo de las últimas semanas, en los territorios palestinos ocupados por el ejército y los colonos israelíes; también esa creciente tensión se está escenificando con claridad en el interior de la propia sociedad israelí. Prueba de ello han sido las marchas multitudinarias —especialmente las de los días 9 y 11 de marzo— que recorrieron las calles de Tel Aviv y otras ciudades y pueblos del país. Cientos de miles de personas, aglutinadas bajo el lema "Resistencia contra la dictadura", han coreado consignas en contra de un polémico proyecto de ley que la coalición política liderada por Netanyahu, el gobierno más derechista desde la fundación del país en el año 1948, quiere sacar adelante. El objetivo del controvertido proyecto es restar independencia al poder judicial y debilitar al Tribun
El pasado domingo se celebró en los Ángeles la ceremonia anual de los premios Oscar. Para fortuna de los organizadores del evento, no hubo grandes sorpresas ni hechos extraordinarios. En la mente de todos rondaba el vergonzoso incidente protagonizado por Will Smith hace un año, así que el comité organizador puede alegrarse de, en esta ocasión, todo marchó según el guión preestablecido.
De modo que a nadie le sorprendió que la gran favorita de la noche, Todo a la vez en todas partes, se llevara siete estatuillas. La alocada película, dirigida por Dan Kwan y Daniel Scheinert, consiguió los premios a mejor película, dirección, actriz principal, actores secundarios, montaje y guión original. Además de la ristra de premios, la exitosa cinta se convirtió en el primer film de ciencia ficción en conquistar, en toda la larga historia de los Oscar, el galardón de mejor película
Tampoco hubo sorpresas con la cinta alemana Sin novedad en el frente, la cual se convirtió en la otra gran triunfadora de la noche. El film, cuyas duras imágenes relatan algunos episodios de la Primera Guerra Mundial, obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera, así como las estatuillas de banda sonora, diseño de pro