El pasado 24 de febrero marcó el primer aniversario del inicio de la invasión rusa a Ucrania. Y con motivo de la proximidad de esta importante fecha, Joe Biden y Vladimir Putin, los dos líderes que están protagonizando el comienzo de una nueva Guerra Fría entre las dos principales potencias nucleares del planeta, pronunciaron unos discursos que han captado la atención mundial. Las alocuciones no pudieron ser más contrapuestas, lo cual refleja lo que muchos analistas han estado señalando: no se avizora una solución pactada de este cruento conflicto a corto o mediano plazo.
Un día después de visitar Ucrania por primera vez desde que comenzó la guerra, el presidente estadounidense se desplazó, el pasado 21 de febrero, a Polonia, en cuya capital afirmó lo siguiente: "Ucrania nunca será una victoria para Rusia". Biden también recalcó la unidad de la OTAN, calificó a Putin como "dictador" y pro
Uno de los tantos retos a los que hoy en día se enfrentan las sociedades es el de intentar refrenar o neutralizar el ingente aluvión de noticias falsas que circulan a nuestro alrededor. La eclosión de las redes sociales y el omnipresente uso de los smartphones han sido el caldo de cultivo que ha propiciado el desmedido incremento de la desinformación. Y, en tiempos mucho más recientes, se ha venido a sumar un nuevo elemento que ha contribuido en enorme medida a la proliferación de las fake news: la inteligencia artificial, uno de cuyos logros más sorprendentes es el deepfake. Se trata de una innovadora técnica computacional que permite crear, por medio de una serie de algoritmos extremadamente sofisticados, videos protagonizados por personas ficticias que parecen reales. Los resultados son sencillamente impresionantes, tal como se puede apreciar en varios videos que llevan tiempo circula
Los libros de historia nos han enseñado que, gracias a la Revolución Francesa, se conformaron claramente los bandos políticos que hasta el día de hoy conocemos como "derecha" e "izquierda". Tales conceptos provienen de algo tan prosaico como la disposición de las sillas en la Asamblea Constituyente, constituida en París a finales de agosto de 1789. En los asientos ubicados a la derecha del hemiciclo se situaban los miembros conservadores, los cuales eran partidarios de una Monarquía Constitucional. A la izquierda, en cambio, se sentaban los revolucionarios, quienes deseaban poner fin a cualquier régimen encabezado por reyes y monarcas.
Desde entonces han pervivido tales etiquetas, las cuales han facilitado la comprensión del panorama ideológico. Por desgracia, ha habido épocas (la Revolución Francesa fue, por supuesto, una de ellas) en que dichos bandos se han vuelto irreconciliables, imp
El vertiginoso aumento del costo de los alquileres en muchas ciudades del mundo se está convirtiendo en un terrible dolor de cabeza no sólo para miles de ciudadanos, sino también para alcaldes y administradores públicos. Este notable incremento en los precios ocasiona innumerables dramas particulares, tales como los siempre temidos desahucios, así como el progresivo proceso de gentrificación que hoy en día afecta a incontables urbes del planeta.
Uno de los principales responsables de esta situación ha sido el boom global de la empresa Airbnb. Muchos propietarios prefieren ofrecer sus apartamentos, a través de la plataforma de dicha empresa, a inquilinos por muy cortos períodos de tiempo, ya que aquello ofrece una mayor rentabilidad. La consecuencia ha sido tanto el incremento en los precios como la disminución en la oferta de alquileres de larga duración. Algunos países y ciudades han dec
Lo que algunos han calificado como "guerra cultural" en numerosos países del mundo, es decir, el combate ideológico entre los miembros más extremistas de los bandos progresistas y conservadores, ha alcanzado cotas nunca antes vistas. Muchos son los que, sobre todo desde los sectores conservadores anglosajones (aunque también llueven las valoraciones negativas por parte de incontables izquierdistas), han criticado lo que llaman "cultura de la cancelación". Ya habíamos oído hablar, por ejemplo, de universidades estadounidenses y británicas que, debido a la extrema sensibilidad de algunos de sus estudiantes, han decidido excluir de sus bibliotecas y carreras de estudio ciertos libros por considerarlos "ofensivos". Pero lo ocurrido la semana pasada, me parece, ha rebasado todos los límites.
La última víctima de este movimiento ha sido el célebre novelista y cuentista británico Roald Dahl, fal