Lo hemos hablado en más de una ocasión en este programa: México es uno de los países que más se han visto afectados en los últimos tiempos por los intensos períodos de sequía relacionados con el calentamiento global. Según datos aportados por la Organización de las Naciones Unidas, se estima que aproximadamente el 68% del territorio mexicano padece algún grado de sequía. El caso particular del estado de Baja California es incluso más dramático: el porcentaje es de casi el 100%.
La situación es tan desesperada que las autoridades militares han estado "bombardeando" nubes para intentar generar lluvias, pero los resultados han sido desalentadores. Y para agravar aún más esta crisis hídrica, la fiebre global del aguacate, una fruta cuyo cultivo exige muchísimo consumo de agua, ha ocasionado que la sequía se intensifique en aquellos estados que prácticamente monopolizan la producción mundial de este codiciado producto, especialmente en Michoacán y Jalisco.
Y por si todo esto no pareciera ser suficiente, hay un elemento que empeora todavía más esta situación ya de por sí trágica: la violencia ligada al crimen organizado. Desde hace muchos años, los poderosos carteles de la droga han estado
Uno de los temas apasionantes que hemos abordado en varias oportunidades a lo largo de los últimos doce meses es el temor que genera la Inteligencia Artificial. Sin duda, estas dos palabras se han convertido en una de las expresiones lingüísticas más de moda durante el año que acaba de finalizar. Todo el mundo parece tener una opinión firme, a favor o en contra, sobre la Inteligencia Artificial. Y las polémicas no giran únicamente en torno a los supuestos peligros que podría traer un mundo gobernado por las máquinas. Los resquemores también tienen mucho que ver con el campo de la creación intelectual. De hecho, una de las reivindicaciones que motivaron la larga huelga de guionistas y actores estadounidenses durante varios meses del 2023 fue la de ejercer cierto control sobre la Inteligencia Artificial. Y es que son muchos los artistas y creadores que temen no sólo perder su trabajo debido al poder omnímodo de unos algoritmos cada vez más sofisticados, sino también ser víctimas del plagio perpetrado por las computadoras. Numerosos novelistas, poetas, periodistas, filósofos, músicos, cineastas, pintores y fotógrafos sospechan que sus creaciones pueden haber sido copiadas por la Intel
Numerosos ciudadanos en todas partes del mundo se han cansado de aguardar a que los líderes mundiales se pongan de acuerdo y tomen medidas conjuntas que ayuden a ralentizar los efectos del cambio climático. Tras veintiocho decepcionantes Cumbres Internacionales del Clima —la última de ellas celebrada el mes pasado en Dubái—, son muchos los que han decidido aportar individualmente su granito de arena. Y, por lo general, se trata de ciudadanos que viven en lo que comúnmente se conoce como "países en vías de desarrollo", es decir, aquellos países que menos contribuyen al calentamiento global y que, paradójicamente, son los que más suelen verse afectados por los efectos devastadores de ese fenómeno propiciado por la mano del hombre.
En las costas colombianas, por ejemplo, más de 200 pescadores han tomado conciencia y han cambiado sus anteriores labores de pesca por nuevas e ilusionantes tareas de conservación. La loable iniciativa, que cuenta con la ayuda económica del gobierno, lleva el fascinante nombre de "Un millón de corales". Dicho proyecto busca restaurar unas 200 hectáreas de arrecife coralino, tanto en la costa pacífica como en la caribeña. El objetivo es aumentar la extensión
Recuerdo que hubo muchas personas, sobre todo en el área de los negocios y la economía, que pensaron, allá por el 2019, que la década siguiente quizá se convertiría en los "nuevos felices años veinte". Tras varias crisis económicas globales, numerosos analistas y empresarios supusieron, ingenuamente, que unos tiempos dichosos y similares a los de un siglo atrás estaban muy próximos. Nadie se podía imaginar que una pandemia estaba a la vuelta de la esquina y que iba a trastocar tantos sueños de prosperidad.
En el mundo de los restaurantes y del ocio nocturno muchos empresarios rebosantes de optimismo se dieron de bruces con la realidad. Maritza Rodríguez y Ernesto Lago son un claro ejemplo de ello. En febrero del 2020, esta pareja de osados emprendedores abrió en Nueva York un bar-restaurante de comida cubana, justo cuando la gran ciudad iba a convertirse en el epicentro de la pandemia del coronavirus en Estados Unidos. Ambos decidieron arriesgarse, invertir en la compra del local e iniciar el negocio en ese momento, aprovechando los bajos precios que en aquel período se ofrecían por los establecimientos comerciales. Pensaron, al igual que muchos otros empresarios, que aquel bache de