En libros y películas, los brujos, los hechiceros y los científicos locos hacen experimentos arriesgados en sus laboratorios. El peligro deja de ser meramente literario cuando el laboratorio es un todo un país real. Argentina se acaba de convertir en el banco de pruebas de un aprendiz de brujo llamado Javier Milei.
Apenas diez días después de su investidura como presidente, el político populista ha conseguido poner todo patas arriba y polarizar todavía más a la sociedad. Tras convertirla en su icono de campaña, finalmente Milei puso su metafórica motosierra en marcha, sabiendo que sus medidas iban a indignar a miles de ciudadanos. Por eso su Gobierno –en un elocuente gesto de previsión– anunció con antelación un nuevo protocolo de mantenimiento del orden público.
El protocolo restringe de facto el derecho de manifestación y, entre otras medidas, obliga a las organizaciones convocantes a costear los gastos del despliegue policial. Además, el Gobierno ha amenazado con retirar las ayudas sociales a quienes corten las calles en las manifestaciones. “El que corta no cobra", advirtió la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello.
Como era previsible, este nuevo protocolo y las 300 medida
Nunca me gustó la teoría del ‘choque de civilizaciones’, porque considera a los países como si fueran rocas: monolitos que chocan unos con otros. Creo que las naciones, como las personas, se parecen más a los guisos o a los cócteles: son mezcla y combinación, y ahí radica su encanto. Para que la mezcla funcione, hacen falta leyes que respeten a las minorías y, también, un sistema educativo que enseñe y fomente la integración en la diversidad.
Hace años en Berlín conocí a una joven de Ucrania, un país del que apenas sabía nada. Katia hablaba ruso y ucraniano; pero su empeño era afincarse en Alemania. Me sorprendió descubrir la complicada relación histórica de Ucrania con Rusia: una relación de amor y odio. En Europa existen países con dos caras: una que mira a Occidente y otra que mira a Oriente. Lo mismo ocurre, salvando todas las distancias, con países como Turquía, Albania, Chipre o Bosnia. Esta diversidad es sin duda una muestra de riqueza cultural, pero a menudo hay quien la convierte en una fuente de problemas.
La guerra de Putin en Ucrania ha hecho saltar las costuras de ese país, polarizando a sus ciudadanos. Kiev había visto en Europa una salida de futuro. El pasado 14 de dic
Durante un par de años alquilé un departamento en el que solo funcionaba la mitad de la heladera. En la zona fresca colocaba la leche, el fiambre y la mantequilla. No era lo ideal, pero vivía con ello. Un día, decidí que un hogar digno de tal nombre merecía una heladera completa. Volteé aquel armatoste y empecé a hurgar su espalda. Al tocar un cable, un silbido tenue, parecido a un último aliento, salió del vetusto aparato, que dejó de funcionar. Avisé al casero, pero él se negó a sustituirlo: yo había alterado un equilibrio, por meterme donde no me llamaban. En Chile casi sucede lo mismo estos días, pero no con una heladera.
Desde hace cuatro años, los políticos del país se afanan por cambiar la Constitución que dejó la dictadura de Pinochet. Desde la recuperación de la democracia, en el año 1990, esa Carta Magna ha sido sometida a 70 reformas (como los parches y soldaduras que uno le practica a una heladera vieja). Con todos sus defectos y carencias, ese remendado texto constitucional sirvió para que Chile se convirtiera en una de las democracias más robustas de Latinoamérica.
En 2019, la democracia chilena presentó síntomas de fatiga. Una oleada de disturbios, consecuencia de un g
A veces me pregunto cómo respondería un automóvil de marca Tesla con piloto automático al dilema del tranvía. Este reto ético nos obliga a elegir: o dejamos que el tranvía siga su curso y atropelle a cinco personas atadas a las vías; o bien accionamos una palanca y desviamos el tranvía por otra vía en la que solo hay atada una persona. Si es difícil saber qué haríamos nosotros, más lo es averiguar la reacción de una máquina.
Un filósofo nos diría que no hay una respuesta correcta. El problema con los llamados autos autónomos es que esa situación teórica a menudo se convierte en real: hay que elegir entre dos males. La cosa se complica si, además, el piloto automático no funciona correctamente.
Tras años de inspecciones federales, el pasado 13 de diciembre, Tesla acató las órdenes de las autoridades de Estados Unidos y accedió a revisar más de dos millones de vehículos. La razón es que desde 2021 se han contabilizado más de 700 accidentes, 17 muertes y decenas de heridos relacionados con el sistema de conducción con piloto automático.
Los autos fabricados por la empresa del magnate Elon Musk no son plenamente autónomos. Para que funcionen, se supone que el conductor, aunque no maneje,
Un estigma se cierne sobre el reguetón, ese estilo musical nacido a finales del siglo XX en las barriadas de Puerto Rico. Los puristas dicen que su calidad musical es pobre; que sus letras carecen de talento y que, en muchos casos, están plagadas de sexismo y violencia. Todo eso es cierto, pero esas críticas se parecen demasiado a las que hacía mi abuela hacia la música de los Beatles.
El rock y otros estilos de música popular fueron perseguidos y censurados en el pasado con los mismos argumentos que ahora se ceban con el reguetón. Los fans de bandas legendarias como The Beatles, The Police o Guns N’ Roses a menudo critican el reguetón por cuestiones estéticas y morales.
Esos supuestos melómanos tan íntegros deberían recordar, por ejemplo, que el cuarteto de Liverpool canta lo siguiente en Run for Your Life: “Pequeña, prefiero verte muerta que con otro hombre”. En el caso de Guns N’ Roses, basta citar la canción It’s So Easy: una apología de la violencia misógina, el abuso sexual y la conducción bajo los efectos del alcohol. En cuanto a la famosísima Every Breath You Take, de The Police, su letra es el perfecto retrato del romanticismo tóxico propio de un maltratador psicológico. Son