Uno de los pensamientos más célebres y recordados del filósofo español José Ortega y Gasset es aquel que dice: "Yo soy yo y mi circunstancia". Es una frase que desea transmitir la noción de que muchas cosas dependen del contexto en el que una persona (o un colectivo, o incluso todo un país) se encuentra. Son las circunstancias, o el contexto, lo que en última instancia permite ver el vaso "medio lleno" o "medio vacío". Aquello es aplicable, por ejemplo, a la dramática crisis económica que sufren los dos países de América que más se han visto afectados en los últimos tiempos por la inflación: Venezuela y Argentina. Pero las percepciones de la ciudadanía, debido a una trayectoria histórica diferente, son diametralmente opuestas.
Primero prestemos atención al contexto venezolano. El país caribeño cerró el 2023 con una inflación interanual del 193%. Y lo que en cualquier otro lugar del mundo habría representado un dato demoledor y desesperanzador, en Venezuela, en cambio, ha sido recibido como una noticia positiva. En realidad es algo que no debería sorprendernos demasiado: lejos parecen haber quedado aquellos años en los que la inflación alcanzaba los cinco o incluso los seis dígitos.
Poco a poco, de manera pausada pero al mismo tiempo inexorable, la gran mayoría de la ciudadanía europea se va escorando hacia las ideologías más conservadoras. Apenas persisten algunos pocos reductos de progresismo, entre ellos España y Alemania, y aun así son muchos los que vaticinan que esos gobiernos tienen los días contados. Y es comprensible que esto suceda: en tiempos de incertidumbre, y sobre todo cuando los dedos acusadores señalan a la población inmigrante como la raíz de todos los males sociales y económicos, gran parte de la población, atemorizada y manipulada, suele buscar refugio en fuertes líderes conservadores. Pero hay algo en todo esto que es extremadamente preocupante: también la extrema derecha se abre espacio y gana terreno aprovechando este tipo de circunstancias. Líderes ultraderechistas gobiernan en estos momentos en Polonia, Hungría e Italia. Y muchos temen que otros países caigan prontamente como fichas de dominó.
Este temor está muy presente en Francia. Es verdad que aún falta bastante para que se desarrollen, en el 2027, las próximas elecciones presidenciales. Pero aun así Emmanuel Macron, el líder centrista liberal que dirige las riendas del país, parece
Numerosos analistas coinciden en que este 2024 será crucial para el devenir de los próximos años. Y no se trata únicamente de que el desarrollo de los conflictos bélicos en diversas regiones (sobre todo en Oriente Próximo y Ucrania) será determinante a corto y mediano plazo. También entran en juego, y en enorme medida, los resultados que deparen las elecciones que se irán efectuando, a lo largo de estos 12 meses, en muchas partes del globo. Casi la mitad de la población mundial –es decir, aproximadamente 3.700 millones de personas repartidas en más de 70 países– está llamada este año a votar. Algunas de estas convocatorias son sumamente decisivas y tendrán un notable impacto a gran escala, como por ejemplo las de la India (el país más poblado del planeta), Estados Unidos y la Unión Europea.
Y una de estas elecciones cruciales, marcadas en rojo en el calendario de numerosos analistas, eran las de Taiwán. A pesar de que esta pequeña isla, desgajada del control gubernamental de la República Popular China desde el año 1949, no tiene excesiva importancia desde el punto de vista demográfico, sí la tiene, y bastante, en el aspecto eminentemente geoestratégico. Pekín jamás ha ocultado sus a
Ponerle un nombre a un hijo es, sin lugar a dudas, una gran decisión. Según algunas opiniones, un nombre es un vocablo con cierto poder que es capaz de influenciar la personalidad de quien lo posee. Es lo que deben haber pensado, por ejemplo, los padres de un simpático muchacho venezolano que conocí hace unos años. Me dijo, con cierta vergüenza, que se llamaba Carlomagno Augusto. Tuve que pedirle el carnet de identidad para comprobar que me estaba diciendo la verdad. No sé qué habrá sido de él, si habrá conseguido acceder a las alturas del poder, pero de lo que estoy segura es de que sus padres depositaron en él grandes esperanzas "imperiales".
A veces la escogencia de nombres un tanto extraños o llamativos es capaz de generar polémicas. Una exitosa obra de teatro francesa, estrenada en el 2010 y titulada precisamente Le prénom ("El nombre"), aborda este espinoso asunto. La trama de esta divertida comedia, la cual también ha sido llevada al cine, es la siguiente: una pareja que está esperando un bebé informa en una reunión con amigos que el nombre del niño será "Adolf". Aquella noticia, lógicamente, causa enorme estupor entre los invitados. Sin duda hay que ser muy irresponsable par
No hay duda de que, con cada año que transcurre, el nombre de Frida Kahlo se hace más y más popular. Hay una creciente fiebre mundial por esta pintora mexicana que no resulta tan fácil de explicar. La "fridamanía" no se puede entender únicamente a través del análisis objetivo de sus cuadros sumamente hipnóticos y un tanto surrealistas. También entran en juego la misteriosa y hechizante personalidad de la artista y su agitada vida sentimental, las cuales han sido abordadas en numerosos libros y películas. Todo ello ha llevado a que cada vez más personas se interesen por esta inclasificable artista. Y, por supuesto, también son incontables los creadores relacionados con el mundo del arte y del entretenimiento que desean sacar provecho de este efervescente boom global.
Y es que la célebre "Casa Azul", la residencia en Ciudad de México donde Frida vivió la mayor parte de su vida y que luego fue transformada en museo, no parece ser suficiente para millones de admiradores que desean saber más y más sobre ella. La curiosidad es insaciable. Para todos aquellos que necesitan empaparse aún más con las obras y las vicisitudes de la Kahlo, este 2024 —año en que se cumplen siete décadas de su m