Pero vamos a empezar, si les parece bien, por cómo el regreso de Trump a la Casa Blanca afectará a América Latina…
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca marca el inicio de una nueva relación entre Estados Unidos y América Latina. En su discurso de investidura, Trump volvió a enfatizar su tan cacareado “America, first” y dio a entender que el interés nacional de Estados Unidos será prioridad absoluta en la política exterior de la Casa Blanca. La nueva política de Trump hacia el resto del continente bebe de dos doctrinas históricas. La del presidente James Monroe, que, a principios del siglo XIX, proclamó el célebre lema “América para los americanos”. Y la del presidente Theodore Roosevelt, que apostó siempre por la fuerza para defender los intereses de Estados Unidos en el extranjero.
América Latina ya ha asumido que las cosas van a cambiar con Trump en la Casa Blanca. El presidente tardó apenas unas horas en decretar la emergencia nacional para despojar a los migrantes de cualquier vía legal para poder entrar en los Estados Unidos. Miles de personas, que tenían concertada una cita con la administración, se han quedado varadas en México, sin saber qué va a ser de ellas. En los últimos años, más de un millón de personas consiguieron entrar legalmente en Estados Unidos utilizando el sistema
El exsenador por Florida, Marco Rubio, ha sido el primer miembro de la Administración Trump en ser confirmado por el Senado. Las audiencias transcurrieron con tranquilidad, hasta el punto de que el nombramiento del nuevo secretario de Estado fue aprobado por unanimidad: 99 votos a favor y 0 en contra, un resultado que llama la atención en el contexto de fuerte polarización política que vive Estados Unidos. Marco Rubio se convierte así en el primer latino en dirigir la política exterior de la primera potencia política, económica y militar del mundo.
Como secretario de Estado, Rubio será también la cuarta autoridad del estado, por detrás del presidente, el vicepresidente y el presidente de la Cámara de Representantes. Nunca una persona de ascendencia latina había lucido un cargo tan alto en Estados Unidos, y esto es motivo de celebración. No hay que olvidar que los latinos son la mayor minoría del país, representando casi el 20% de la población. Lo extraño es que hayan tenido que pasar casi 250 años de historia democrática en Estados Unidos para que un latino haya llegado a un lugar tan destacado.
Marco Rubio asume la secretaría de Estado en un momento de fuertes convulsiones en las
La agenda de Marco Rubio como secretario de Estado será casi inabarcable, con prioridades como China, la guerra de Ucrania y Oriente Próximo. Nadie duda, sin embargo, de que el flamante jefe de la diplomacia de Estados Unidos enfocará también buena parte de sus esfuerzos hacia Cuba, la isla de la que huyeron sus padres y que desde hace más de 65 años vive bajo una dictadura comunista. Rubio quiere reforzar el embargo y galvanizar a la disidencia con dinero y apoyo político. Todo el mundo da por hecho que, bajo el liderazgo de Rubio, Estados Unidos aprobará nuevas sanciones económicas contra Cuba para forzar un cambio de régimen. No será fácil. El castrismo está bunkerizado y ha demostrado una enorme resiliencia a lo largo de las últimas décadas.
La política de deshielo con La Habana que emprendió hace una década el presidente Obama se ha revelado infructuosa. El régimen ha encontrado siempre la manera de mantenerse en el poder y de seguir violando los derechos civiles más elementales. La población está asfixiada por la represión, harta de la propaganda revolucionaria y de la sempiterna crisis económica. La situación es tan crítica que las autoridades cubanas han vuelto a permitir q
Aunque Estados Unidos es, en términos históricos, un país joven, sorprende el número de magnicidios que ha registrado hasta la fecha. Cuatro presidentes han sido asesinados en el ejercicio de su cargo. Abraham Lincoln fue el primero, en 1865. Le siguieron James Garfield, en 1881, William McKinley, en 1901, y John Fitzgerald Kennedy, en 1963. Ronald Reagan fue herido de un disparo en 1981 y dos expresidentes, como Theodore Roosevelt, en 1912, y Donald Trump, el año pasado, resultaron también heridos en sendos atentados contra su vida. Otros magnicidios, como los de Robert F. Kennedy -hermano de JFK y exfiscal general de Estados Unidos- y el de Martin Luther King -icónico activista por los derechos civiles- conmocionaron al país en 1968.
Las circunstancias que rodearon todos estos magnicidios siguen siendo objeto de estudio por parte de académicos e historiadores. Algunos, como el de JFK, han dado lugar a múltiples teorías de la conspiración. Según Gallup, uno de los institutos demoscópicos más reconocidos del mundo, el 65% de los estadounidenses sigue creyendo a día de hoy que el asesinato de Kennedy fue producto de una conspiración y que Lee Harvey Oswald, autor de los disparos que
Las grandes capitales del mundo albergan museos fascinantes. La lista es interminable: el Metropolitan de Nueva York, la National Gallery de Londres, el Museo del Prado de Madrid, el Neues Museum de Berlín, el Hermitage de San Petersburgo, la Galleria degli Uffizi en Florencia… Todos son magníficos. Pero, de entre todos los museos del mundo, hay uno que despierta en mí una debilidad particular: el Museo del Louvre de París. No sólo por su emplazamiento -el antiguo palacio real de Francia-, sino por la riqueza y variedad de sus colecciones. Creo que no hay ningún museo que acumule tantas obras maestras y de tantas épocas diferentes. El Louvre es la casa, por ejemplo, de la Venus de Milo; de La Gioconda y de la Libertad guiando al pueblo, de Delacroix, piezas de arte universales que son solo una pequeña muestra de la miríada de cuadros y esculturas de incalculable valor que acoge el museo. El Louvre es para muchos el mayor centro artístico del mundo.
Por todo ello, sorprende sobremanera la situación en la que se encuentra el museo. La semana pasada, la directora de las instalaciones, Laurence des Cars, denunció que el Louvre sufre fugas de agua y fluctuaciones de temperatura que ponen