Sin dejar América Latina, nos centraremos luego en el nuevo ciclo político que la victoria del centrista Rodrigo Paz abre en Bolivia. Tras dos décadas de gobiernos de izquierdas, los bolivianos han pedido un cambio de rumbo que permita a la economía del país salir de su estancamiento.
A continuación, pondremos el foco sobre un fenómeno que no acapara grandes titulares, pero que encierra una realidad preocupante en Montevideo y Buenos Aires: la imparable sustitución de valiosos edificios antiguos por nuevas construcciones que borran la memoria de las ciudades.
El siguiente asunto que trataremos, ya en el plano internacional, nos trasladará a Islandia, donde por primera vez en la historia han sido hallados mosquitos vivos, una novedad preocupante que se explica por el cambio climático.
Y nuestro recorrido concluirá en París, donde los detalles que han ido trascendiendo tras el robo en el Museo del Louvre muestran hasta qué punto están obsoletos los sistemas de seguridad de ese icono de la cultura.
En 1970, Henry Kissinger, quien por entonces era Consejero de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, pronunció una frase que, más de medio siglo después, vuelve a describir la actual política de Washington hacia América Latina. Kissinger dijo: “No veo por qué tenemos que quedarnos de brazos cruzados y ver cómo un país se vuelve comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo”. Hoy, en el discurso de Washington, el vocablo ‘comunismo’ ha sido sustituido por ‘narcotráfico’. Sin embargo, la dinámica estadounidense hacia la región parece ser la misma: influir al máximo en la vida política de cada país.
Dependiendo de la afinidad ideológica de cada gobierno latinoamericano, esa influencia estadounidense se ejerce con la consabida técnica del castigo y la recompensa: el ‘palo’ y la ‘zanahoria’. El ‘palo’ es para Venezuela: sanciones económicas y ataques a supuestas ‘narcolanchas’ en el Caribe. La ‘zanahoria’ es para Argentina: 20.000 millones de dólares en ayudas y un respaldo diplomático sin precedentes a Javier Milei. Ahora, un nuevo país está en la diana de Donald Trump: Colombia.
El pasado 19 de octubre, Trump acusó al presidente colombiano, el izquierdista Gustavo Pet
En 2006, la palabra chompa resonó en todos los rincones del planeta con la llegada del líder sindicalista Evo Morales a la presidencia de Bolivia. Vestido con esa popular prenda andina, Evo logró fijar en la retina de medio mundo la idea de que, como el primer presidente indígena del país, iba a conseguir librarlo de su crónica desigualdad y de la inestabilidad política. Es verdad que su partido, el Movimiento Al Socialismo, logró concatenar victorias durante 20 años, pero los bolivianos necesitaban ya un cambio de rumbo. Por eso acaban de elegir a Rodrigo Paz.
El que será nuevo presidente de Bolivia es hijo de un expresidente, Jaime Paz Zamora, y sobrino nieto de otro, Víctor Paz Estenssoro. Nacido hace 58 años en la ciudad española de Santiago de Compostela durante uno de los exilios de su familia, se formó en Relaciones Internacionales y en Gestión Pública. Desembarcó en la política como diputado en 2002, fue luego alcalde y senador. Para unos, es un personaje pragmático; para otros, un tipo tibio, en deuda con su apellido. La campaña que lo ha encumbrado al poder estuvo marcada por un lema elocuente: “Capitalismo para todos”.
Es cierto que Evo y sus sucesores recuperaron el contr
No creo en los fantasmas, pero sí creo que quienes ya no están entre nosotros forman una mayoría silenciosa que merece ser escuchada. Nuestros antepasados hablan a través de las huellas que nos dejaron y, entre esas huellas, las ciudades –sus calles y sus edificios– son especialmente elocuentes. Siempre que veo un viejo inmueble –una fábrica clausurada por obsoleta, una casa tapiada, un negocio sin vida– pienso en quién estrenaría, lleno de ilusión y nervios, aquel lugar: en los recién casados que inauguraron el entresuelo, en el tendero que, gracias a un préstamo, abrió la frutería.
En un solar del corazón de Montevideo que ocupó durante décadas un coqueto palacete neoclásico –de una sola planta y jalonado por columnas corintias– se construye ahora una mole de diez pisos. La futura ‘Kiu Tower Santiago’ está asfixiando a otro venerable edificio contiguo: el Palacio Santa Lucía, construido en 1926 por Julio Vilamajó, uno de los arquitectos más reconocidos de Uruguay.
Con sus molduras, su puerta de forja y sus balaustres de época, el Santa Lucía –protegido como Bien de Interés Departamental– es casi el último testigo del esplendoroso pasado de la céntrica calle Santiago de Chile, don
Incluso quienes no somos capaces de matar una mosca, hacemos a menudo una excepción con los mosquitos. Sucede que una avispa o una araña pueden picarte si las molestas. Un mosquito te va a picar inevitablemente, aunque no le hagas nada. Su gratuita agresión está descontada. La justificación moral para matar a un mosquito crece cuando tomamos consciencia de que los animales que más humanos matan en el mundo no son el tiburón, ni el león, y ni siquiera la más venenosa de las serpientes. Son los mosquitos que, con su insidiosa picadura, contagian enfermedades.
Un lugar pacífico como Islandia, donde los agentes de Policía no necesitan portar un arma, va a tener que cambiar de mentalidad ante un nuevo enemigo exterior. Por primera vez en la historia, se ha registrado en ese bello y volcánico país la presencia de mosquitos. El hallazgo, confirmado por el Instituto de Ciencias Naturales, se considera una consecuencia directa del calentamiento global, que está alterando las condiciones climáticas de la isla.
El descubrimiento se produjo cuando un aficionado a la entomología encontró en trampas que había preparado con vino azucarado tres ejemplares de lo que él creía que era “una extraña mosc
No sé si también les pasará a ustedes, pero desde hace unos años tengo la sensación de que los noticiarios se están convirtiendo en tráileres de películas. Cada vez se parecen más a lo que vemos en el cine: puentes que colapsan, catedrales ardiendo, ciudades aisladas por virus y, desde hace unos días, también ese robo de joyas en el Museo del Louvre con el que tantos guionistas han soñado.
Desde que desapareció la Mona Lisa en 1911, el Louvre no vivía un robo tan trascendental. La banda que asaltó el pasado 19 de octubre la llamada Galería Apolo del museo, situada a pocos metros del famoso cuadro, era claramente profesional. Sabían lo que querían y cómo conseguirlo. Solo necesitaron siete minutos para poner su plan en marcha, y escapar en moto.
Los ladrones no usaron una identidad enmascarada, simulando ser diplomáticos o jeques árabes. Tampoco emplearon tecnología punta. Prefirieron aparcar un camión bajo una ventana. Cuando el museo acababa de abrir sus puertas, usaron un montacargas para elevarse hasta el primer piso. Luego cortaron el cristal de una ventana con una sierra radial.
“A pesar de nuestros esfuerzos, a pesar de nuestro arduo trabajo diario, hemos fracasado”, admitió e