La guerra se muda al ciberespacio
Ante el incierto e inestable panorama geopolítico que desde hace mucho tiempo se nos presenta por delante, al menos hay una sola cosa cierta: todo el mundo teme a Rusia. El gobierno de Vladimir Putin precisamente juega a las cartas de la desestabilización mundial. Sabe a la perfección que la unidad internacional opera en contra de sus intereses nacionales. Allí donde meten sus narices las agencias de espionaje y seguridad rusas, se genera el caos. Ya sea interfiriendo en las elecciones estadounidenses, holandesas o francesas, inmiscuyéndose en el Brexit o en el proceso independentista catalán, o debilitando los avances democráticos en Ucrania y los países bálticos, siempre allí se encuentran agazapados infinidad de “trolls” y “hackers” bajo el amparo del Kremlin. Es por ello que la comunidad internacional finalmente ha puesto ojo avizor y está tomando las medidas necesarias para contrarrestar la amenaza. Ya no se trata únicamente de realizar las tradicionales maniobras conjuntas de entrenamiento militar, tales como las que Estados Unidos y los países bálticos han desarrollado en los últimos meses ante la hipotética amenaza de una invasión rusa. Ahora el escenario bélico se ha ampliado también al ciberespacio, un modo de hacer la guerra en el que los rusos llevan bastante ventaja a sus contrincantes. Es por ello que la OTAN ha decidido recobrar el tiempo perdido y plantar cara al enemigo.
El cerco se estrecha en torno a Trump
La alegría del presidente de Estados Unidos apenas duró algunas horas. El pasado 2 de diciembre Donald Trump lograba, al fin, su primera gran victoria desde que asumió su mandato. Tras una muy ajustada votación en el Senado, el mandatario conseguía aprobar la controvertida reforma fiscal gracias al voto unitario de la bancada republicana. Se trata de un proyecto de ley que, según innumerables analistas, sólo beneficiará a las más importantes corporaciones y a las grandes fortunas, y que además ampliará hasta niveles insospechados el ya de por sí inmenso déficit fiscal del país. Entiendo a la perfección la alegría exultante de Donald Trump, pues es una ley hecha a la medida de sus propios intereses y los de su familia. Sin embargo, como les decía al principio, aquel júbilo ha durado muy poco. Aquella pírrica victoria se vio empañada horas más tarde por la noticia que ocupó todas las cabec
Un exmilitar radical seduce a la juventud brasileña
No quisiera sonar demasiado apocalíptico, pero a veces miro a mi alrededor y tengo la impresión de que el mundo, poco a poco, de forma casi imperceptible, se va desmoronando. Y no se trata únicamente de las nefastas consecuencias, ya claramente perceptibles, del cambio climático. Me refiero también al caos, la barbarie y el autoritarismo en los que nuestras sociedades, incluso las más desarrolladas, parecieran irse adentrando sigilosamente. Lo más curioso es que todo esto parece ser algo relativamente reciente. Tengo la edad suficiente como para recordar el ambiente de optimismo que reinó, al menos en los países occidentales más desarrollados, durante la década de los 90. Todo aquello parece quedar ya lejano en la memoria. Y son precisamente los más jóvenes, aquellos que no vivieron esos tiempos que, ahora que lo pienso, no fueron más que un oasis ilusorio, quienes han perdido la fe en l
Evo se aferra con uñas y dientes al poder
Algo tiene el poder que engatusa e hipnotiza a quien lo ostenta. Del mismo modo en que ninguno de los personajes del Señor de los Anillos podía desprenderse de aquella joya tan ansiada por todos, algo bastante similar parecen experimentar muchos mandatarios alrededor del planeta. Acabamos de ser testigos de la férrea testarudez del expresidente de Zimbabue, quien después de casi cuatro décadas ocupando la presidencia, finalmente tuvo que ser desalojado por la fuerza. Abundan los ejemplos por doquier: Stalin, Franco, Castro, Pinochet, Chávez, Maduro, Putin… ninguno ha querido desprenderse por voluntad propia del anillo, perdón, del sillón presidencial. Y es que tal como reza una famosa frase, “el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Quizá tenga también algo que ver el atractivo, el encanto, incluso el sex appeal que recae sobre quien ejerce el poder, aun
Finalmente se hace justicia en Argentina
Argentina ha recibido la semana pasada con alegría una noticia que, de alguna manera, permitirá a muchos ciudadanos compensar tantos sinsabores, tanto del presente como del pasado.
El 29 de noviembre la justicia argentina condenó, por primera vez en su historia, a 29 exmilitares a cadena perpetua. Se trata de los responsables, aún con vida, de los tristemente famosos “vuelos de la muerte”, aquel despiadado e infame método de exterminio empleado durante la dictadura, el cual consistía en arrojar al mar desde un avión a los supuestos opositores al régimen. Tras ser debidamente drogadas, las pobres víctimas, más de 4.000, fueron lanzadas aún con vida desde las alturas en pleno vuelo. Sus cuerpos, obviamente, jamás fueron recuperados, algo que siempre ha representado uno de los grandes traumas nunca superados por la sociedad argentina. Tal escabroso episodio también motivaría la fundación, un