Un exmilitar radical seduce a la juventud brasileña
6 December 2017
No quisiera sonar demasiado apocalíptico, pero a veces miro a mi alrededor y tengo la impresión de que el mundo, poco a poco, de forma casi imperceptible, se va desmoronando. Y no se trata únicamente de las nefastas consecuencias, ya claramente perceptibles, del cambio climático. Me refiero también al caos, la barbarie y el autoritarismo en los que nuestras sociedades, incluso las más desarrolladas, parecieran irse adentrando sigilosamente. Lo más curioso es que todo esto parece ser algo relativamente reciente. Tengo la edad suficiente como para recordar el ambiente de optimismo que reinó, al menos en los países occidentales más desarrollados, durante la década de los 90. Todo aquello parece quedar ya lejano en la memoria. Y son precisamente los más jóvenes, aquellos que no vivieron esos tiempos que, ahora que lo pienso, no fueron más que un oasis ilusorio, quienes han perdido la fe en las bondades de la democracia. Aquello no puede ser una buena señal. Innumerables encuestas y estudios elaborados alrededor del mundo dan cuenta del escepticismo que ha cundido entre las nuevas generaciones. Por poner un simple ejemplo: aproximadamente el 25% de los jóvenes norteamericanos hoy en día