Una pesadilla de nunca acabar
2 January 2019
A finales del 2017 numerosos economistas, así como diversos organismos internacionales, advirtieron lo mismo: a lo largo de todo el 2018, Venezuela sufriría una crisis humanitaria de proporciones nunca antes vistas en la región latinoamericana. Los pronósticos, por desgracia, fueron completamente acertados, e incluso es posible que se hayan quedado algo cortos. La hiperinflación desbocada, que algunos expertos sitúan por encima del millón por ciento, la terrible carestía de alimentos y de medicinas, así como los alarmantes niveles de violencia e inseguridad que atenazan a los ciudadanos, han obligado a más de dos millones de venezolanos a abandonar el país en tan sólo el último año. Aquello ha desestabilizado a toda Suramérica, principalmente a países como Colombia, Perú, Ecuador y Brasil, los cuales no sólo han tenido que destinar ingentes recursos para atender a los desplazados, sino que también se han visto obligados a sofocar varios brotes de xenofobia. Resulta triste comprobar que por más que los analistas hayan divulgado ampliamente y con tiempo suficiente sus previsiones, aquello no ha impedido en lo más mínimo que las profecías más apocalípticas se cumplieran.Y es que, por